/ lunes 11 de enero de 2021

Panorama 2021: nosotras y las elecciones

Valeria Ávila

Esta semana la Sala Regional Guadalajara del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación desestimó la impugnación que las paritaristas habíamos presentado contra de los lineamientos de paridad avalados por el IEPC, sin duda una noticia que recibimos amargura tras los constantes esfuerzos que de manera colectiva emprendimos.

Tras estos acontecimientos y de cara al arranque de los procesos de selección interna de los partidos, se han esbozado con mayor nitidez las siluetas del próximo escenario electoral y sobre todo, las tendencias relativas a la participación política de las mujeres.

La estructura patriarcal encarnada en distintos actores de todas las esferas, se ha resistido a la apertura y transformación de sus formas jerárquicas y excluyentes. Pasaron siglos para que las mujeres pudieran votar y ser votadas, y la lucha porque estos derechos se ejerzan de forma efectiva y sobre un piso parejo está más viva que nunca. La respuesta a nuestras demandas de participación son objetadas bajo una falsa promesa de que en el futuro, después, las cosas serán distintas. Estas premisas son una artimaña que juega al espejismo, que nunca se materializa y nos priva del pleno ejercicio de nuestros derechos porque hay problemas más urgentes, más importantes, y porque las condiciones no lo permiten, porque el reconocimiento de nuestros derechos se consensa, se pregunta, se avala, y entre menos privilegios trastoque, mejor.

En los siguientes meses seremos testigos del clamor con el que se nos exige que justifiquemos nuestro interés en participar, se pondrá en tela de juicio nuestra capacidad, seremos señaladas de incompetentes, seremos minimizadas al decir que llegamos allí gracias a nuestra relación con algún varón y no a nuestras capacidades, tendremos que demostrar todos los días, a cada segundo y sin margen alguno de error que merecemos ser tratadas como iguales.

Para nosotras, el panorama está teñido de sobreexigencia y violencia política. Ante ello, nuestra respuesta será colosal: sororidad. Es la intención y el compromiso por la libertad y dignificación del nosotras, es desde la certeza y la apuesta por nuestras resistencias y rebeldías tanto colectivas como individuales, es desde la empatía, es desde nuestras diferencias y sobre todo, contra las injurias que nos deshumanizan.


* Vicepresidenta de Hagamos


Valeria Ávila

Esta semana la Sala Regional Guadalajara del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación desestimó la impugnación que las paritaristas habíamos presentado contra de los lineamientos de paridad avalados por el IEPC, sin duda una noticia que recibimos amargura tras los constantes esfuerzos que de manera colectiva emprendimos.

Tras estos acontecimientos y de cara al arranque de los procesos de selección interna de los partidos, se han esbozado con mayor nitidez las siluetas del próximo escenario electoral y sobre todo, las tendencias relativas a la participación política de las mujeres.

La estructura patriarcal encarnada en distintos actores de todas las esferas, se ha resistido a la apertura y transformación de sus formas jerárquicas y excluyentes. Pasaron siglos para que las mujeres pudieran votar y ser votadas, y la lucha porque estos derechos se ejerzan de forma efectiva y sobre un piso parejo está más viva que nunca. La respuesta a nuestras demandas de participación son objetadas bajo una falsa promesa de que en el futuro, después, las cosas serán distintas. Estas premisas son una artimaña que juega al espejismo, que nunca se materializa y nos priva del pleno ejercicio de nuestros derechos porque hay problemas más urgentes, más importantes, y porque las condiciones no lo permiten, porque el reconocimiento de nuestros derechos se consensa, se pregunta, se avala, y entre menos privilegios trastoque, mejor.

En los siguientes meses seremos testigos del clamor con el que se nos exige que justifiquemos nuestro interés en participar, se pondrá en tela de juicio nuestra capacidad, seremos señaladas de incompetentes, seremos minimizadas al decir que llegamos allí gracias a nuestra relación con algún varón y no a nuestras capacidades, tendremos que demostrar todos los días, a cada segundo y sin margen alguno de error que merecemos ser tratadas como iguales.

Para nosotras, el panorama está teñido de sobreexigencia y violencia política. Ante ello, nuestra respuesta será colosal: sororidad. Es la intención y el compromiso por la libertad y dignificación del nosotras, es desde la certeza y la apuesta por nuestras resistencias y rebeldías tanto colectivas como individuales, es desde la empatía, es desde nuestras diferencias y sobre todo, contra las injurias que nos deshumanizan.


* Vicepresidenta de Hagamos