/ martes 4 de abril de 2023

El vacío de la despedida

Han pasado dos días y la noticia del fallecimiento del licenciado Raúl Padilla López ha causado estupor, especialmente en Jalisco pero también a nivel nacional e internacional. Un torrente de mensajes lamentando su partida no se han hecho esperar, de mensajes con palabras que reconocen la gran labor cultural y educativa a la que dedicó toda una vida, y cuyos esfuerzos materializados son sin duda lo que hoy por hoy hacen de Guadalajara y Jalisco uno de los máximos referentes del cine y la literatura.

Hace poco más de treinta años se puso en marcha una apuesta por la creación y extensión de la Red Universitaria, un proyecto de muchas y muchos, no solo porque necesitaba de miles de personas que hicieran posible llevar a todas las regiones del estado centros universitarios, preparatorias y módulos, sino porque también era un proyecto pensado para llegar al mayor número posible de personas, de incrementar la matrícula, la oferta académica, la plantilla de docentes, y por supuesto, hacer menos lejano el sueño de la educación pública.

Acompañando al proceso de expansión universitaria, estuvo la creación y consolidación del Festival Internacional de Cine de Guadalajara y de la gran Feria Internacional del Libro de Guadalajara, esa que nos llena el pecho de orgullo a toda la ciudad. El FICG es a la fecha, una gran fiesta, una que empezó como una pequeña muestra de cine y terminó como el festival más importante de su tipo en toda América Latina. Ni qué decir de la Feria Internacional del Libro, esa que en su primera edición no era más que unas cuantas mesas y stands, sin invitados internacionales, posible gracias a la organización universitaria; cosa de distinta magnitud en comparación con las más de dos mil editoriales, las decenas de países, cientos de foros, premios y cientos de miles de asistentes que le dan el título de la feria del libro más importante del habla hispana y la que más personas recibe año con año en todo el mundo.

Lo que pueda escribir en estas líneas sobre los proyectos encabezados por este gran personaje, será nada en comparación con el legado educativo y cultural que hoy es parte ya de la memoria viva de Jalisco. Y digo memoria viva porque nada hubiera sido posible de no ser por toda la comunidad universitaria y por la sociedad jalisciense, porque estos esfuerzos han dado espacio a la polifonía, al diálogo, al encuentro, e incluso, a mirar lo otro, y mirarnos en el espejo a través de lo distinto y del disenso.

Es eso tal vez lo que ha causado este estruendoso silencio que es evidente y palpable en nuestro estado los últimos días, es el vacío de la pérdida. Justamente pienso en esos canales de comunicación, en esos lugares que le dan cabida a la palabra, en el que florecen las posibilidades y donde no se persigue el libre vuelo del pensamiento.

Es la despedida, quizás, la que en días grises como los últimos, hace que pese más este clima de asedio, de persecución, de intolerancia perenne que hoy cubre Jalisco, un estado cansado de la hostilidad, de la indolencia, de la arbitrariedad. Pienso en todo esto y en la urgencia por reactivar los ejercicios de interlocución, de escucha, por dejar circular las ideas, de hacer frente a la persecución de lo plural, de la diversidad; de frenar el intento de algunos por lo monolítico, por lo imperturbable, por la elección de permanecer sordos, por lo ensimismado.

Y ante ello, a mí mente regresan la cultura y la educación como posibilitantes que agitan, que interpelan, que cuestionan, que transforman. Esa fue la apuesta de quien hoy despedimos y deja un profundo vacío en la vida política, social, educativa y cultural de Jalisco. Que en paz descanse.

Han pasado dos días y la noticia del fallecimiento del licenciado Raúl Padilla López ha causado estupor, especialmente en Jalisco pero también a nivel nacional e internacional. Un torrente de mensajes lamentando su partida no se han hecho esperar, de mensajes con palabras que reconocen la gran labor cultural y educativa a la que dedicó toda una vida, y cuyos esfuerzos materializados son sin duda lo que hoy por hoy hacen de Guadalajara y Jalisco uno de los máximos referentes del cine y la literatura.

Hace poco más de treinta años se puso en marcha una apuesta por la creación y extensión de la Red Universitaria, un proyecto de muchas y muchos, no solo porque necesitaba de miles de personas que hicieran posible llevar a todas las regiones del estado centros universitarios, preparatorias y módulos, sino porque también era un proyecto pensado para llegar al mayor número posible de personas, de incrementar la matrícula, la oferta académica, la plantilla de docentes, y por supuesto, hacer menos lejano el sueño de la educación pública.

Acompañando al proceso de expansión universitaria, estuvo la creación y consolidación del Festival Internacional de Cine de Guadalajara y de la gran Feria Internacional del Libro de Guadalajara, esa que nos llena el pecho de orgullo a toda la ciudad. El FICG es a la fecha, una gran fiesta, una que empezó como una pequeña muestra de cine y terminó como el festival más importante de su tipo en toda América Latina. Ni qué decir de la Feria Internacional del Libro, esa que en su primera edición no era más que unas cuantas mesas y stands, sin invitados internacionales, posible gracias a la organización universitaria; cosa de distinta magnitud en comparación con las más de dos mil editoriales, las decenas de países, cientos de foros, premios y cientos de miles de asistentes que le dan el título de la feria del libro más importante del habla hispana y la que más personas recibe año con año en todo el mundo.

Lo que pueda escribir en estas líneas sobre los proyectos encabezados por este gran personaje, será nada en comparación con el legado educativo y cultural que hoy es parte ya de la memoria viva de Jalisco. Y digo memoria viva porque nada hubiera sido posible de no ser por toda la comunidad universitaria y por la sociedad jalisciense, porque estos esfuerzos han dado espacio a la polifonía, al diálogo, al encuentro, e incluso, a mirar lo otro, y mirarnos en el espejo a través de lo distinto y del disenso.

Es eso tal vez lo que ha causado este estruendoso silencio que es evidente y palpable en nuestro estado los últimos días, es el vacío de la pérdida. Justamente pienso en esos canales de comunicación, en esos lugares que le dan cabida a la palabra, en el que florecen las posibilidades y donde no se persigue el libre vuelo del pensamiento.

Es la despedida, quizás, la que en días grises como los últimos, hace que pese más este clima de asedio, de persecución, de intolerancia perenne que hoy cubre Jalisco, un estado cansado de la hostilidad, de la indolencia, de la arbitrariedad. Pienso en todo esto y en la urgencia por reactivar los ejercicios de interlocución, de escucha, por dejar circular las ideas, de hacer frente a la persecución de lo plural, de la diversidad; de frenar el intento de algunos por lo monolítico, por lo imperturbable, por la elección de permanecer sordos, por lo ensimismado.

Y ante ello, a mí mente regresan la cultura y la educación como posibilitantes que agitan, que interpelan, que cuestionan, que transforman. Esa fue la apuesta de quien hoy despedimos y deja un profundo vacío en la vida política, social, educativa y cultural de Jalisco. Que en paz descanse.