José Luis Cuéllar De Dios

  / jueves 20 de junio de 2019

Semántica y discapacidad

Atender a las personas con discapacidad es una forma sutil y elevada de ratificar la parte noble del ser humano. ¿En qué consiste atenderles? Ante todo en no someterlos ya más a la condición cumbre de terror: El abandono. Para llegar a tan justa situación es preciso preocuparnos y ocuparnos en conocer su naturaleza y en consecuencia sus necesidades. Parte de este conocimiento tiene su primer origen en la semántica afortunadamente han ido desapareciendo, eso sí, poco a poco, los términos de “mongolito”, “tarado”, “retrasado mental”, “deforme”, “anormal”, “enfermito” sustituyéndoles por otros que los identifica y define de acuerdo a sus alcances: Síndrome Down, Parálisis Cerebral, Discapacidad Intelectual, Autismo, sordos -es incorrecto decir “sordomudo", no hablan porque no oyen-.

De un tiempo a la fecha la sociedad ha optado, con simplista simpatía, por llamar a los discapacitados como personas con “capacidades diferentes”. Si bien se trata de una expresión suave y condescendiente está muy alejada de lo que se busca en la terminología del mundo de la discapacidad; por lo pronto la palabra diferente tiene una connotación segregativa. Me parece que el uso del término “capacidades diferentes” viene siendo utilizado sin analizar su efecto social entendido este como el tipo de apoyos y las necesidades de servicios que requieren las personas que manifiestan diferentes tipos de discapacidad. Al respecto vale la pena plantearnos algunas preguntas alrededor de este tema:

  1. ¿Porqué se prefiere el término “capacidades diferentes” al de persona con discapacidad, considerado este último en el constructo general de las múltiples discapacidades?
  2. ¿Cómo podría afectar el uso del término “capacidades diferentes” al de la definición de persona con discapacidad?
  3. ¿Cómo podría afectar el término “capacidades diferentes” a las personas diagnosticadas con Síndrome Down, Parálisis Cerebral, Discapacidad Intelectual, Autismo, ciegos, sordos?

Para responder las anteriores preguntas debemos tomar en cuenta que la semántica sea tal que englobe colectivos de las mismas características de discapacidad a fin de que la sociedad los identifique y conozca de sus alcances, necesidades y limitaciones. En el tema de la discapacidad, como en muchos otros de carácter social, una cosa es describir, otra nombrar y otra muy diferente definir. No olvidemos que la terminología debe colaborar a identificar las limitaciones en el funcionamiento individual de cada persona en el contexto social, principio que evidentemente no cumple el término de “capacidades diferentes”. Los beneficios de una adecuada semántica son:

  1. Define la interacción entre la persona y su ambiente.
  2. Se centra en el papel que deben tener los apoyos individualizados en la mejora del funcionamiento del individuo.
  3. Tiene en cuenta la búsqueda y la comprensión de la “identidad de la discapacidad”.

Indudablemente que una semántica adecuada, mejorada con el diálogo y la claridad, habrá de ayudar a evitar que las personas con algún tipo de discapacidad sigan viviendo como suspendidas en el tiempo. Su pasado, su presente y su futuro han parecido uno solo. La perfecta solución se llama INCLUSIÓN TOTAL.


Atender a las personas con discapacidad es una forma sutil y elevada de ratificar la parte noble del ser humano. ¿En qué consiste atenderles? Ante todo en no someterlos ya más a la condición cumbre de terror: El abandono. Para llegar a tan justa situación es preciso preocuparnos y ocuparnos en conocer su naturaleza y en consecuencia sus necesidades. Parte de este conocimiento tiene su primer origen en la semántica afortunadamente han ido desapareciendo, eso sí, poco a poco, los términos de “mongolito”, “tarado”, “retrasado mental”, “deforme”, “anormal”, “enfermito” sustituyéndoles por otros que los identifica y define de acuerdo a sus alcances: Síndrome Down, Parálisis Cerebral, Discapacidad Intelectual, Autismo, sordos -es incorrecto decir “sordomudo", no hablan porque no oyen-.

De un tiempo a la fecha la sociedad ha optado, con simplista simpatía, por llamar a los discapacitados como personas con “capacidades diferentes”. Si bien se trata de una expresión suave y condescendiente está muy alejada de lo que se busca en la terminología del mundo de la discapacidad; por lo pronto la palabra diferente tiene una connotación segregativa. Me parece que el uso del término “capacidades diferentes” viene siendo utilizado sin analizar su efecto social entendido este como el tipo de apoyos y las necesidades de servicios que requieren las personas que manifiestan diferentes tipos de discapacidad. Al respecto vale la pena plantearnos algunas preguntas alrededor de este tema:

  1. ¿Porqué se prefiere el término “capacidades diferentes” al de persona con discapacidad, considerado este último en el constructo general de las múltiples discapacidades?
  2. ¿Cómo podría afectar el uso del término “capacidades diferentes” al de la definición de persona con discapacidad?
  3. ¿Cómo podría afectar el término “capacidades diferentes” a las personas diagnosticadas con Síndrome Down, Parálisis Cerebral, Discapacidad Intelectual, Autismo, ciegos, sordos?

Para responder las anteriores preguntas debemos tomar en cuenta que la semántica sea tal que englobe colectivos de las mismas características de discapacidad a fin de que la sociedad los identifique y conozca de sus alcances, necesidades y limitaciones. En el tema de la discapacidad, como en muchos otros de carácter social, una cosa es describir, otra nombrar y otra muy diferente definir. No olvidemos que la terminología debe colaborar a identificar las limitaciones en el funcionamiento individual de cada persona en el contexto social, principio que evidentemente no cumple el término de “capacidades diferentes”. Los beneficios de una adecuada semántica son:

  1. Define la interacción entre la persona y su ambiente.
  2. Se centra en el papel que deben tener los apoyos individualizados en la mejora del funcionamiento del individuo.
  3. Tiene en cuenta la búsqueda y la comprensión de la “identidad de la discapacidad”.

Indudablemente que una semántica adecuada, mejorada con el diálogo y la claridad, habrá de ayudar a evitar que las personas con algún tipo de discapacidad sigan viviendo como suspendidas en el tiempo. Su pasado, su presente y su futuro han parecido uno solo. La perfecta solución se llama INCLUSIÓN TOTAL.


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