/ jueves 26 de marzo de 2020

Solidaridad o ruptura

En épocas de tempestades calamitosas suelen aparecer algunas de las posturas que genera nuestra condición humana, vaya, fenómenos propios de nuestra naturaleza humana. Así es como nos convertimos en testigos de actos de solidaridad, esa compasiva, sincera y perdurable o de la más cruel indiferencia que conduce a la mentira, al engaño, a la traición.

En estos momentos el país está en el vestíbulo de la entrada a un cataclismo de dimensiones inimaginables y no se trata precisamente del virus COVID 19 si no de la recesión que le continuara, misma que según opinión de los expertos será de inmensas proporciones.

Quiebra de empresas, grandes, medianas y pequeñas con ese pavoroso resultado de la infame pérdida de empleos, aguda escasez de artículos de primera necesidad, prácticas desleales en el ramo del comercio y la industria, cancelación de instituciones filantrópicas afectando a niñas, niños, personas con discapacidad, adultos mayores, en fin todo tipo de carencias encima de las carencias.

Ante tan apocalíptico escenario solo la práctica de la verdadera solidaridad aminorara daños, siempre y que esta se practique desde los tres órdenes de gobierno, de la ciudadanía y de la iniciativa privada. De no ser así se dará espacio, sin duda, al venenoso efecto de la indiferencia como tragedia recurrente. Debemos convencernos de que ayudar una sola vez es creer que una moneda de cinco pesos resuelve todas las necesidades.

Por supuesto, primero debemos enfrentar y vencer la pandemia del corona virus, mismo que más temprano que tarde cederá ante la ciencia, en tanto se gana tal batalla, los expertos en economía y finanzas dictaran medidas, dolorosas pero necesarias, diría un clásico, para salir de la tormenta recesiva lo menos mojados posible. No será fácil, en tiempos de crisis, ya lo vivimos en 2008-2009, aparece una postura de cierto desvanecimiento del espíritu solidario que solo podrá enfrentarse con la participación de todos, mujeres y hombres de todos los oficios, médicos, ingenieros, comerciantes, deportistas, sacerdotes, políticos, burócratas, en resumen todos.

No hagamos caso de los infaltables agoreros del desastre cuyas versiones paranoicas solo hacen retrasar soluciones, rechacemos el negativo magnetismo de las redes, las dañinas “fake news” insana y extendida práctica.

Los retos ya presentes, el corona virus y la recesión se enfrentaran desde ahora mismo como uno solo y no en soledad. Habrá que reconocer que vivimos en un país donde el estado de derecho y en consecuencia la justicia no sea una práctica cotidiana lo que causa que la verdad sea disfrazada y en su lugar domine la hipocresía.

Otro obstáculo es que desde la Presidencia de la Republica se ha generado un concepto de inclusión muy barata, condición que habrá que remontar evitando que el precipicio entre sociedad y gobierno se siga ampliando, otro reto, también superable si nos convertimos en ciudadanos alejados de la peligrosa indiferencia, el riesgo está ahí y consiste en la ruptura total, ejemplos: miremos al sur del continente.


En épocas de tempestades calamitosas suelen aparecer algunas de las posturas que genera nuestra condición humana, vaya, fenómenos propios de nuestra naturaleza humana. Así es como nos convertimos en testigos de actos de solidaridad, esa compasiva, sincera y perdurable o de la más cruel indiferencia que conduce a la mentira, al engaño, a la traición.

En estos momentos el país está en el vestíbulo de la entrada a un cataclismo de dimensiones inimaginables y no se trata precisamente del virus COVID 19 si no de la recesión que le continuara, misma que según opinión de los expertos será de inmensas proporciones.

Quiebra de empresas, grandes, medianas y pequeñas con ese pavoroso resultado de la infame pérdida de empleos, aguda escasez de artículos de primera necesidad, prácticas desleales en el ramo del comercio y la industria, cancelación de instituciones filantrópicas afectando a niñas, niños, personas con discapacidad, adultos mayores, en fin todo tipo de carencias encima de las carencias.

Ante tan apocalíptico escenario solo la práctica de la verdadera solidaridad aminorara daños, siempre y que esta se practique desde los tres órdenes de gobierno, de la ciudadanía y de la iniciativa privada. De no ser así se dará espacio, sin duda, al venenoso efecto de la indiferencia como tragedia recurrente. Debemos convencernos de que ayudar una sola vez es creer que una moneda de cinco pesos resuelve todas las necesidades.

Por supuesto, primero debemos enfrentar y vencer la pandemia del corona virus, mismo que más temprano que tarde cederá ante la ciencia, en tanto se gana tal batalla, los expertos en economía y finanzas dictaran medidas, dolorosas pero necesarias, diría un clásico, para salir de la tormenta recesiva lo menos mojados posible. No será fácil, en tiempos de crisis, ya lo vivimos en 2008-2009, aparece una postura de cierto desvanecimiento del espíritu solidario que solo podrá enfrentarse con la participación de todos, mujeres y hombres de todos los oficios, médicos, ingenieros, comerciantes, deportistas, sacerdotes, políticos, burócratas, en resumen todos.

No hagamos caso de los infaltables agoreros del desastre cuyas versiones paranoicas solo hacen retrasar soluciones, rechacemos el negativo magnetismo de las redes, las dañinas “fake news” insana y extendida práctica.

Los retos ya presentes, el corona virus y la recesión se enfrentaran desde ahora mismo como uno solo y no en soledad. Habrá que reconocer que vivimos en un país donde el estado de derecho y en consecuencia la justicia no sea una práctica cotidiana lo que causa que la verdad sea disfrazada y en su lugar domine la hipocresía.

Otro obstáculo es que desde la Presidencia de la Republica se ha generado un concepto de inclusión muy barata, condición que habrá que remontar evitando que el precipicio entre sociedad y gobierno se siga ampliando, otro reto, también superable si nos convertimos en ciudadanos alejados de la peligrosa indiferencia, el riesgo está ahí y consiste en la ruptura total, ejemplos: miremos al sur del continente.