/ jueves 5 de marzo de 2020

Recomposición moral

Es de llamar la atención, y no solo eso, de tomar en cuenta y analizar los comentarios expresados, aun peor, dados por ciertos y para colmo generalizando que con frecuencia se propalan, me parece de manera frívola, fútil y un mucho superficial, respecto a dar por hecho que todo joven que ni estudia ni trabaja, “ninis” se adhieren, de forma inmediata y sin reserva alguna a las filas de la delincuencia organizada.

En el mismo sentido y con una seguridad que preocupa y asombra, que sea privativo de los jóvenes, de bajos estratos sociales que se encuentran en el desempleo. Generalización despiadada que manifiesta el descalabro moral que padece nuestra sociedad. Recorrer la vida sin freno ni brida moral es lo más deleznable de la condición humana. Si ciertos sectores de la sociedad dan por válido semejante aseveración, a todas luces requerimos de una impostergable recomposición moral.

No es de dudar que algunos jóvenes, recorran este camino, estos casos están documentados y son dados a conocer, pero de ahí a generalizar hay una enorme distancia, peor aun, de ahí a creer que esto sucede de manera natural, es dar por buena una posición que no la califica la moral, es ubicarnos indiscutiblemente en la idea de que nuestra calidad social se ha podrido.

Ningún descubrimiento hacemos al afirmar que vivimos inmersos en una perniciosa y abyecta cultura de adoración al dinero, que nos movemos envueltos en una cultura hedonista que privilegia el placer por el placer, fenómeno que por si mismo nos habla de una lamentable invalidez moral y que quizás al mismo tiempo nos otorga una cierta explicación de nuestro preocupante pesimismo moral; sin embargo con todo y que esto resulte cierto no parece justificable afirmar que ante cualquier adversidad económica laboral o emocional la salida inmediata es delinquir.

Por paradójico que resulte, los avances tecnológicos y científicos implican ajustes en los campos éticos, morales y hasta filosóficos; el genoma social se torna más complejo y aparecen fenómenos pertenecientes a la psicología de masas difíciles de descifrar.

Tomemos un solo caso que puede ilustrar lo afirmado: la liberación juvenil y la no aceptación de las otrora normas disciplinarias familiares han sido prácticamente abolidas: pre copa, copa y post copa los días de antro, son un pequeño pero ilustrativo ejemplo.

No se trata de asumir posiciones moralistas ni mucho menos rasgarse las vestiduras, el ejercicio de la libertad ha sido una de las metas mas importantes que el ser humano ha conquistado; sin embargo si tal ejercicio se practica sin principios morales se da cuenta de ciudadanos que aceptan vivir en una sociedad burlesca e indiferente.

La descalificación moral que se ha hecho en forma generalizada de los “ninis” acompañada de epítetos tales como: inútiles, ineptos, rebeldes, insubordinados, insatisfechos, rencorosos y despreciables es un mal síntoma, equivale a convertirnos en Mefistófeles que abonan a la división social, la desunión y en consecuencia a mirarlos con desconfianza. Los atentados contra la dignidad humana conducen a la violencia. ¿Hay soluciones? por supuesto, algunas muy sencillas, simples de entender y aplicar; ejemplo: la practica constante de la filantropía, y si esta va dirigida al colectivo de la discapacidad mejor aun; se trata de un ejercicio de solidaridad que termina por convertirse en un muy buen negocio social.

Es de llamar la atención, y no solo eso, de tomar en cuenta y analizar los comentarios expresados, aun peor, dados por ciertos y para colmo generalizando que con frecuencia se propalan, me parece de manera frívola, fútil y un mucho superficial, respecto a dar por hecho que todo joven que ni estudia ni trabaja, “ninis” se adhieren, de forma inmediata y sin reserva alguna a las filas de la delincuencia organizada.

En el mismo sentido y con una seguridad que preocupa y asombra, que sea privativo de los jóvenes, de bajos estratos sociales que se encuentran en el desempleo. Generalización despiadada que manifiesta el descalabro moral que padece nuestra sociedad. Recorrer la vida sin freno ni brida moral es lo más deleznable de la condición humana. Si ciertos sectores de la sociedad dan por válido semejante aseveración, a todas luces requerimos de una impostergable recomposición moral.

No es de dudar que algunos jóvenes, recorran este camino, estos casos están documentados y son dados a conocer, pero de ahí a generalizar hay una enorme distancia, peor aun, de ahí a creer que esto sucede de manera natural, es dar por buena una posición que no la califica la moral, es ubicarnos indiscutiblemente en la idea de que nuestra calidad social se ha podrido.

Ningún descubrimiento hacemos al afirmar que vivimos inmersos en una perniciosa y abyecta cultura de adoración al dinero, que nos movemos envueltos en una cultura hedonista que privilegia el placer por el placer, fenómeno que por si mismo nos habla de una lamentable invalidez moral y que quizás al mismo tiempo nos otorga una cierta explicación de nuestro preocupante pesimismo moral; sin embargo con todo y que esto resulte cierto no parece justificable afirmar que ante cualquier adversidad económica laboral o emocional la salida inmediata es delinquir.

Por paradójico que resulte, los avances tecnológicos y científicos implican ajustes en los campos éticos, morales y hasta filosóficos; el genoma social se torna más complejo y aparecen fenómenos pertenecientes a la psicología de masas difíciles de descifrar.

Tomemos un solo caso que puede ilustrar lo afirmado: la liberación juvenil y la no aceptación de las otrora normas disciplinarias familiares han sido prácticamente abolidas: pre copa, copa y post copa los días de antro, son un pequeño pero ilustrativo ejemplo.

No se trata de asumir posiciones moralistas ni mucho menos rasgarse las vestiduras, el ejercicio de la libertad ha sido una de las metas mas importantes que el ser humano ha conquistado; sin embargo si tal ejercicio se practica sin principios morales se da cuenta de ciudadanos que aceptan vivir en una sociedad burlesca e indiferente.

La descalificación moral que se ha hecho en forma generalizada de los “ninis” acompañada de epítetos tales como: inútiles, ineptos, rebeldes, insubordinados, insatisfechos, rencorosos y despreciables es un mal síntoma, equivale a convertirnos en Mefistófeles que abonan a la división social, la desunión y en consecuencia a mirarlos con desconfianza. Los atentados contra la dignidad humana conducen a la violencia. ¿Hay soluciones? por supuesto, algunas muy sencillas, simples de entender y aplicar; ejemplo: la practica constante de la filantropía, y si esta va dirigida al colectivo de la discapacidad mejor aun; se trata de un ejercicio de solidaridad que termina por convertirse en un muy buen negocio social.