José Luis Cuéllar De Dios

  / jueves 12 de septiembre de 2019

México es un país enlutado

Me permito hacer un alto en toda actividad física y mental para entristecerme, como creo que todos los mexicanos deberíamos hacerlo, por motivo de los trágicos y lamentables hechos ocurridos en el predio conocido como “la primavera” en el municipio de Zapopan lugar en el que hasta ahora se han encontrado más de cien bolsas con restos humanos.. Inicio por hacerme tres preguntas: ¿realmente que fue lo que paso? ¿Creíamos imposible que pasara lo que está pasando? ¿Cuándo terminara de pasar lo que está pasando? Quizás las preguntas se contesten por si solas al analizar los acontecimientos bajo dos ópticas: la calificación de los hechos y algunas reflexiones sobre los mismos.

Más de un pequeño espacio se requeriría para adjetivizar y analizar los sucesos y sus ejecutores. Primero que nada confirmar que no hay respeto a la dignidad humana porque no se aplica la ley: impunidad se llama el juego y esto ocurre como resultado de tantas falsificaciones de los hechos cotidianos en la vida del país, de tantas calumnias, de tantas mentiras, de tantas hipocresías de tantas impunes connivencias. Los ejecutores de estos terribles hechos que corroen las entrañas, hechos de inmisericorde barbarie obedecen a la cultura de violencia que ha invadido la vida nacional convirtiendo a ciertos hombres en bestias; maldad y sadismo inoculados hasta la medula en seres subhumanos cuya moral está totalmente denigrada. Son endriagos nacidos de un evidente apareamiento: impunidad y ausencia total de valores. Es alarmante confirmar que hay personas que causan el sufrimiento de los demás para su gozo.

Sin embargo es válido preguntarnos si los actores de estos hechos eligieron el mal después de haber conocido el bien; y no se tome la pregunta como apología de los delincuentes sino como búsqueda del origen del mal. Son muchos los indicadores---el apoyo al colectivo de la discapacidad por ejemplo---que nos dicen que nuestra sociedad vive, con más frecuencia de la deseada, ajena a la prodigalidad de la generosidad y que por lo tanto trata a grupos minoritarios como seres relegados, prescindibles, aun peor, desechables. Cada vez más y más jóvenes, no necesariamente salidos de oscuros rincones, forman grupos que animados por ambiciones desmedidas recurren a la violencia a sabiendas que el dueño del dinero es el dueño de la verdad, principio amoral que atenúa sus terribles maldades. En consecuencia, imponer el imperio de la violencia es su meta. Esta contundente realidad necesariamente creada por el fenómeno del narcotráfico, aunque para mayor preocupación ahora desprendiéndose de esa lucrativa actividad, parece muy difícil de contener en el corto plazo; peor aún, a fuerza de ser sinceros mientras la política diabólica que en ocasiones se practica en nuestro país sea creadora de tanta discordia seguirá siendo un caldo de cultivo para estos bestiales hechos.

Verdad, honestidad, solidaridad, humildad, generosidad, iluminación, ¿dónde están estos efectivos e invaluables repositorios en la búsqueda de la paz? ¿Será que se está cumpliendo la afirmación de I. Berlín cuando afirma: los lobos comiéndose a todos los corderos? Por el momento y sin posturas pesimistas, la realidad nos habla de un pavoroso futuro. Ya lo dijo Voltaire: le mal est sur la terre. En tanto sucede lo que deba suceder este país ya ni siquiera merece días de luto porque cotidianamente es un PAIS ENLUTADO desde hace ya rato.

Me permito hacer un alto en toda actividad física y mental para entristecerme, como creo que todos los mexicanos deberíamos hacerlo, por motivo de los trágicos y lamentables hechos ocurridos en el predio conocido como “la primavera” en el municipio de Zapopan lugar en el que hasta ahora se han encontrado más de cien bolsas con restos humanos.. Inicio por hacerme tres preguntas: ¿realmente que fue lo que paso? ¿Creíamos imposible que pasara lo que está pasando? ¿Cuándo terminara de pasar lo que está pasando? Quizás las preguntas se contesten por si solas al analizar los acontecimientos bajo dos ópticas: la calificación de los hechos y algunas reflexiones sobre los mismos.

Más de un pequeño espacio se requeriría para adjetivizar y analizar los sucesos y sus ejecutores. Primero que nada confirmar que no hay respeto a la dignidad humana porque no se aplica la ley: impunidad se llama el juego y esto ocurre como resultado de tantas falsificaciones de los hechos cotidianos en la vida del país, de tantas calumnias, de tantas mentiras, de tantas hipocresías de tantas impunes connivencias. Los ejecutores de estos terribles hechos que corroen las entrañas, hechos de inmisericorde barbarie obedecen a la cultura de violencia que ha invadido la vida nacional convirtiendo a ciertos hombres en bestias; maldad y sadismo inoculados hasta la medula en seres subhumanos cuya moral está totalmente denigrada. Son endriagos nacidos de un evidente apareamiento: impunidad y ausencia total de valores. Es alarmante confirmar que hay personas que causan el sufrimiento de los demás para su gozo.

Sin embargo es válido preguntarnos si los actores de estos hechos eligieron el mal después de haber conocido el bien; y no se tome la pregunta como apología de los delincuentes sino como búsqueda del origen del mal. Son muchos los indicadores---el apoyo al colectivo de la discapacidad por ejemplo---que nos dicen que nuestra sociedad vive, con más frecuencia de la deseada, ajena a la prodigalidad de la generosidad y que por lo tanto trata a grupos minoritarios como seres relegados, prescindibles, aun peor, desechables. Cada vez más y más jóvenes, no necesariamente salidos de oscuros rincones, forman grupos que animados por ambiciones desmedidas recurren a la violencia a sabiendas que el dueño del dinero es el dueño de la verdad, principio amoral que atenúa sus terribles maldades. En consecuencia, imponer el imperio de la violencia es su meta. Esta contundente realidad necesariamente creada por el fenómeno del narcotráfico, aunque para mayor preocupación ahora desprendiéndose de esa lucrativa actividad, parece muy difícil de contener en el corto plazo; peor aún, a fuerza de ser sinceros mientras la política diabólica que en ocasiones se practica en nuestro país sea creadora de tanta discordia seguirá siendo un caldo de cultivo para estos bestiales hechos.

Verdad, honestidad, solidaridad, humildad, generosidad, iluminación, ¿dónde están estos efectivos e invaluables repositorios en la búsqueda de la paz? ¿Será que se está cumpliendo la afirmación de I. Berlín cuando afirma: los lobos comiéndose a todos los corderos? Por el momento y sin posturas pesimistas, la realidad nos habla de un pavoroso futuro. Ya lo dijo Voltaire: le mal est sur la terre. En tanto sucede lo que deba suceder este país ya ni siquiera merece días de luto porque cotidianamente es un PAIS ENLUTADO desde hace ya rato.

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