Enrique Velázquez González

  / miércoles 3 de julio de 2019

Inicio de la Guardia Nacional

El problema más grave que afecta a nuestro país es la inseguridad, los niveles de violencia cada mes rebasan el récord anterior y el combate a esta espiral en la que nos encontramos sin duda debe ser sin vacilaciones. Sabemos que la Guardia Nacional solo es nueva en el nombre, los militares llevan haciendo labores de seguridad pública más de 12 años; sabemos también las consecuencias de esa guerra contra el narco, pero aun así se decidió apostar por otorgar un respaldo legal a esta militarización de la seguridad.

Esta semana iniciaron los despliegues de 70 mil elementos que dan vida a la Guardia Nacional en una primera etapa conformada en su mayoría por las fuerzas armadas y en menor medida por policías federales; junto con estos despliegues sucedieron ya los primero indicios de que no será fácil ni pacífico contener la inseguridad en las regiones donde operarán, en pocas palabras continuaremos con los enfrentamientos violentos entre crimen organizado y militares. Por si fuera poco, también han surgido manifestaciones por parte de los policías federales en la defensa de sus derechos laborales ya que su incorporación representa pérdida de derechos adquiridos como la antigüedad en su trabajo.

El contexto en el que surge esta Guardia Nacional no es el mejor, existe poca claridad y muchas dudas en temas como la estabilidad laboral de los elementos de la policía federal que se manifestaron, la discusión de si será un ente de mando civil o militar porque en la ley se determinó lo primero, pero en el terreno operativo todo es militar. Se ha dicho ya en la opinión pública, el problema no es la militarización per se, aunque sabemos que no es lo adecuado, tampoco es nuevo en nuestro país y lo único que cambia es que ahora sí hay un marco legal donde se sustenta. El problema es que no se trabaje en el fortalecimiento de policías estatales y municipales y en construir un verdadero Estado de Derecho para que los militares algún día puedan regresar a los cuarteles.

Es probable que para enfrentar los niveles de violencia que padecemos, de manera eficaz y enérgica en un corto plazo, es necesario el uso de esta fuerza militar; pero estoy convencido de que deberemos seguir pugnando para que esto solo sea una solución temporal y se construyan corporaciones de seguridad con capacidades reales de hacer su trabajo y que en un plazo no muy lejano podamos recobrar la paz social, la confianza y la tranquilidad.

El problema más grave que afecta a nuestro país es la inseguridad, los niveles de violencia cada mes rebasan el récord anterior y el combate a esta espiral en la que nos encontramos sin duda debe ser sin vacilaciones. Sabemos que la Guardia Nacional solo es nueva en el nombre, los militares llevan haciendo labores de seguridad pública más de 12 años; sabemos también las consecuencias de esa guerra contra el narco, pero aun así se decidió apostar por otorgar un respaldo legal a esta militarización de la seguridad.

Esta semana iniciaron los despliegues de 70 mil elementos que dan vida a la Guardia Nacional en una primera etapa conformada en su mayoría por las fuerzas armadas y en menor medida por policías federales; junto con estos despliegues sucedieron ya los primero indicios de que no será fácil ni pacífico contener la inseguridad en las regiones donde operarán, en pocas palabras continuaremos con los enfrentamientos violentos entre crimen organizado y militares. Por si fuera poco, también han surgido manifestaciones por parte de los policías federales en la defensa de sus derechos laborales ya que su incorporación representa pérdida de derechos adquiridos como la antigüedad en su trabajo.

El contexto en el que surge esta Guardia Nacional no es el mejor, existe poca claridad y muchas dudas en temas como la estabilidad laboral de los elementos de la policía federal que se manifestaron, la discusión de si será un ente de mando civil o militar porque en la ley se determinó lo primero, pero en el terreno operativo todo es militar. Se ha dicho ya en la opinión pública, el problema no es la militarización per se, aunque sabemos que no es lo adecuado, tampoco es nuevo en nuestro país y lo único que cambia es que ahora sí hay un marco legal donde se sustenta. El problema es que no se trabaje en el fortalecimiento de policías estatales y municipales y en construir un verdadero Estado de Derecho para que los militares algún día puedan regresar a los cuarteles.

Es probable que para enfrentar los niveles de violencia que padecemos, de manera eficaz y enérgica en un corto plazo, es necesario el uso de esta fuerza militar; pero estoy convencido de que deberemos seguir pugnando para que esto solo sea una solución temporal y se construyan corporaciones de seguridad con capacidades reales de hacer su trabajo y que en un plazo no muy lejano podamos recobrar la paz social, la confianza y la tranquilidad.

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