/ domingo 27 de septiembre de 2020

De 2 de octubre tatuajes en la memoria


Francisco Javier Armenta Araiza

Se acerca una fecha que desde 1968 quedó grabada en la memoria colectiva de las y los mexicanos. Desde 1940, periodo conocido como el Milagro Mexicano, el país vivía un proceso pujante de crecimiento económico. Para 1968, en el límite de ese periodo, la estabilidad se vino abajo; la sombra del progreso evidenció una enorme desigualdad y carencia de libertades políticas. En medio de ese régimen autoritario, o como Mario Vargas Llosa lo nombra “la dictadura perfecta”, surgió un movimiento conformado por una generación de jóvenes y actores políticos que desnudaron el verdadero carácter del gobierno dominante.

Es cierto que “en política no hay errores, hay un error y el resto son sus consecuencias”. En México, uno de los grandes errores que arrastró un vórtice de consecuencias se cometió en 1968 cuando el ejército irrumpió en las instalaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México y violó la autonomía universitaria. Las protestas por parte de las y los estudiantes no se hicieron esperar. El movimiento estudiantil no solo apelaba porque su autonomía universitaria había sido violentada, sino contra el gobierno autoritario y represor que desparecía a sus jóvenes por creer que sus vidas eran intercambiables.

Han pasado más de 50 años desde entonces pero las luchas por la libertad de expresión, la pugna contra el “capitalismo de cuates” que impera en México y contra la evidente desigualdad y el saqueo rapaz de nuestros recursos naturales continúa. Estoy convencido de la responsabilidad histórica que tenemos las y los universitarios de criticar el ejercicio del poder porque ser indiferentes es también una complicidad.

En 1968 no todos los jóvenes se sumaron al movimiento estudiantil. Esa indiferencia, inacción o complicidad son las que me mueven a escribir estas líneas, consciente de la deuda histórica que tiene Jalisco con el país, debido a que en ese año la Federación de Estudiantes de Guadalajara no participó y además obstaculizó la cooperación de jóvenes en el movimiento estudiantil del 68. Lo anterior debido a la relación que tenían el Secretario de Gobernación, Luis Echeverría, y los entonces líderes universitarios. Este hecho vergonzoso es el porqué la FEU decidió celebrar el día del estudiante universitario cada 2 de octubre.

Vale la pena cuestionarnos ahora ¿cuáles son las luchas de las y los universitarios?

Si bien muchas de nuestras luchas siguen siendo las mismas, el paradigma actual nos exige movilizarnos por un México en paz, porque queremos un gobierno que garantice que nadie más sea desaparecido, para no encontrar a otro compañerx en una fosa clandestina; mis compañeras luchan por una sociedad libre de violencia hacia las mujeres en la que se nos trate a todos por igual. Marchamos para que el acceso a la educación pública no sea un privilegio, y para defender el medio ambiente, los recursos naturales y las áreas verdes contra los intereses económicos gandallas. En suma, mientras escribo esta reflexión resuenan en mi mente las palabras del Manifiesto Liminar de 1918: “Los dolores que nos quedan son las libertades que nos faltan”.

Por último, quiero recordarle a los distintos niveles de gobierno que las protestas son para ser atendidas, no reprimidas; que antes de actuar hay que escuchar y que el hecho de ser Estado no los hace conocedores de todo. Nunca más dejaremos que uno de sus errores vuelva a manchar al país de sangre.

* Presidente de la FEU

twitter @JavierArmentaMX


Francisco Javier Armenta Araiza

Se acerca una fecha que desde 1968 quedó grabada en la memoria colectiva de las y los mexicanos. Desde 1940, periodo conocido como el Milagro Mexicano, el país vivía un proceso pujante de crecimiento económico. Para 1968, en el límite de ese periodo, la estabilidad se vino abajo; la sombra del progreso evidenció una enorme desigualdad y carencia de libertades políticas. En medio de ese régimen autoritario, o como Mario Vargas Llosa lo nombra “la dictadura perfecta”, surgió un movimiento conformado por una generación de jóvenes y actores políticos que desnudaron el verdadero carácter del gobierno dominante.

Es cierto que “en política no hay errores, hay un error y el resto son sus consecuencias”. En México, uno de los grandes errores que arrastró un vórtice de consecuencias se cometió en 1968 cuando el ejército irrumpió en las instalaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México y violó la autonomía universitaria. Las protestas por parte de las y los estudiantes no se hicieron esperar. El movimiento estudiantil no solo apelaba porque su autonomía universitaria había sido violentada, sino contra el gobierno autoritario y represor que desparecía a sus jóvenes por creer que sus vidas eran intercambiables.

Han pasado más de 50 años desde entonces pero las luchas por la libertad de expresión, la pugna contra el “capitalismo de cuates” que impera en México y contra la evidente desigualdad y el saqueo rapaz de nuestros recursos naturales continúa. Estoy convencido de la responsabilidad histórica que tenemos las y los universitarios de criticar el ejercicio del poder porque ser indiferentes es también una complicidad.

En 1968 no todos los jóvenes se sumaron al movimiento estudiantil. Esa indiferencia, inacción o complicidad son las que me mueven a escribir estas líneas, consciente de la deuda histórica que tiene Jalisco con el país, debido a que en ese año la Federación de Estudiantes de Guadalajara no participó y además obstaculizó la cooperación de jóvenes en el movimiento estudiantil del 68. Lo anterior debido a la relación que tenían el Secretario de Gobernación, Luis Echeverría, y los entonces líderes universitarios. Este hecho vergonzoso es el porqué la FEU decidió celebrar el día del estudiante universitario cada 2 de octubre.

Vale la pena cuestionarnos ahora ¿cuáles son las luchas de las y los universitarios?

Si bien muchas de nuestras luchas siguen siendo las mismas, el paradigma actual nos exige movilizarnos por un México en paz, porque queremos un gobierno que garantice que nadie más sea desaparecido, para no encontrar a otro compañerx en una fosa clandestina; mis compañeras luchan por una sociedad libre de violencia hacia las mujeres en la que se nos trate a todos por igual. Marchamos para que el acceso a la educación pública no sea un privilegio, y para defender el medio ambiente, los recursos naturales y las áreas verdes contra los intereses económicos gandallas. En suma, mientras escribo esta reflexión resuenan en mi mente las palabras del Manifiesto Liminar de 1918: “Los dolores que nos quedan son las libertades que nos faltan”.

Por último, quiero recordarle a los distintos niveles de gobierno que las protestas son para ser atendidas, no reprimidas; que antes de actuar hay que escuchar y que el hecho de ser Estado no los hace conocedores de todo. Nunca más dejaremos que uno de sus errores vuelva a manchar al país de sangre.

* Presidente de la FEU

twitter @JavierArmentaMX