Carlos Orozco Santillán

  / viernes 19 de julio de 2019

Peatón: cuando la vida no vale nada

El Área Metropolitana de Guadalajara es una de las zonas urbanas más peligrosas del país al registrarse el mayor número de atropellamientos y en donde el peatón ha resultado ser la persona más vulnerable. Ni siquiera la Ciudad de México o Monterrey presentan la estadística que convierte al peatón tapatío en una especie de personaje bizarro de Molotov donde el peatón, efectivamente, “no es un tope”, porque en realidad las señales preventivas para evitar accidentes donde se involucra fatalmente a los peatones en nuestra ciudad se encuentran rezagadas, sin exagerar, cuando menos en las últimas dos décadas.

Lo anterior se ve acentuado por el crecimiento segregacional de múltiples fraccionamientos, mas allá de la infraestructura básica de la vida urbana, en donde abundan las colonias populares emergentes, sustentadas en créditos del Infonavit y carentes de señalética preventiva, semaforización, balizamiento o incluso banquetas suficientes para el traslado peatonal seguro. Ni siquiera hablamos de transporte digno y suficiente, tampoco de la infraestructura necesaria para la educación, cultura y recreación sino tan sólo de lo más elemental del valor agregado, desde la inversión pública, como los necesarios apeaderos del transporte colectivo, la conectividad planificada entre los múltiples asentamientos humanos sembrados a lo largo y ancho de municipios dormitorios como Tlajomulco, El Salto, Tonalá, Zapotlanejo y las zonas marginadas en Zapopan.

Sin embargo, el grave peligro del caminar en Guadalajara, no se limita a los usuarios del pésimo transporte colectivo si no incluye habitantes de áreas mas desarrolladas urbanisticamente quienes deben hacer conexión a través de puntos de riesgo en la inseguridad ciudadana, de conformidad al Atlas de Riesgos desarrolado por la Universidad de Guadalajara, en áreas de alta conflictividad vial plenamente identificadas como la intersección de la Calzada Lázaro cárdenas y la Av. Mariano Otero o incluso cruceros de infraestructura de alta calidad que reflejan el otro factor distintivo de la combinación peligrosa entre peatón vulnerable y automovilista de bajo nivel cultural para la vialidad segura. No se diga aquellos puntos de alta conflictividad vial en los cuales se presentan cada vez decesos y accidentes viales con tragicas consecuencias, como por ejemplo la avenida periferico norte entre Alcalde y calzada Independencia o en otros puntos del mismo periferico en los cuales la desproporcionada velocidad, e incultura vial convierten a los anhelados puentes peatonales en la clásica versión de “un puente demasiado lejos”.

Asi mismo, cuando señalamos la inexistencia mas elemental para la seguridad de un peatón, nos referimos a las banquetas inexistentes en el 45% de las calles de colonias segregadas del la ciudad, cuya densidad poblacional, las convierte en verdaderas vialidades urbanas, cuyos puentes peatonales son negados a decenas de miles de trabajadores, junto con semáforos o cebras horizontales para cruzar en medio del denso tráfico de avenidas como López Mateos Sur, El Periférico en toda su extensión o la Carretera a Chapala de Tlaquepaque y más allá del aeropuerto en cuyos necesarios cruces cotidianos, el peatón se juega la vida y, en decenas de casos anualmente documentados, suele tener graves consecuencias y formar parte de la estadística negra en un estado que podría reconocerse más porque la vida del peatón, toda estadistica indica, no vale nada.


Académico del CUAAD, UdeG

carlosm_orozco@hotmail.com

El Área Metropolitana de Guadalajara es una de las zonas urbanas más peligrosas del país al registrarse el mayor número de atropellamientos y en donde el peatón ha resultado ser la persona más vulnerable. Ni siquiera la Ciudad de México o Monterrey presentan la estadística que convierte al peatón tapatío en una especie de personaje bizarro de Molotov donde el peatón, efectivamente, “no es un tope”, porque en realidad las señales preventivas para evitar accidentes donde se involucra fatalmente a los peatones en nuestra ciudad se encuentran rezagadas, sin exagerar, cuando menos en las últimas dos décadas.

Lo anterior se ve acentuado por el crecimiento segregacional de múltiples fraccionamientos, mas allá de la infraestructura básica de la vida urbana, en donde abundan las colonias populares emergentes, sustentadas en créditos del Infonavit y carentes de señalética preventiva, semaforización, balizamiento o incluso banquetas suficientes para el traslado peatonal seguro. Ni siquiera hablamos de transporte digno y suficiente, tampoco de la infraestructura necesaria para la educación, cultura y recreación sino tan sólo de lo más elemental del valor agregado, desde la inversión pública, como los necesarios apeaderos del transporte colectivo, la conectividad planificada entre los múltiples asentamientos humanos sembrados a lo largo y ancho de municipios dormitorios como Tlajomulco, El Salto, Tonalá, Zapotlanejo y las zonas marginadas en Zapopan.

Sin embargo, el grave peligro del caminar en Guadalajara, no se limita a los usuarios del pésimo transporte colectivo si no incluye habitantes de áreas mas desarrolladas urbanisticamente quienes deben hacer conexión a través de puntos de riesgo en la inseguridad ciudadana, de conformidad al Atlas de Riesgos desarrolado por la Universidad de Guadalajara, en áreas de alta conflictividad vial plenamente identificadas como la intersección de la Calzada Lázaro cárdenas y la Av. Mariano Otero o incluso cruceros de infraestructura de alta calidad que reflejan el otro factor distintivo de la combinación peligrosa entre peatón vulnerable y automovilista de bajo nivel cultural para la vialidad segura. No se diga aquellos puntos de alta conflictividad vial en los cuales se presentan cada vez decesos y accidentes viales con tragicas consecuencias, como por ejemplo la avenida periferico norte entre Alcalde y calzada Independencia o en otros puntos del mismo periferico en los cuales la desproporcionada velocidad, e incultura vial convierten a los anhelados puentes peatonales en la clásica versión de “un puente demasiado lejos”.

Asi mismo, cuando señalamos la inexistencia mas elemental para la seguridad de un peatón, nos referimos a las banquetas inexistentes en el 45% de las calles de colonias segregadas del la ciudad, cuya densidad poblacional, las convierte en verdaderas vialidades urbanas, cuyos puentes peatonales son negados a decenas de miles de trabajadores, junto con semáforos o cebras horizontales para cruzar en medio del denso tráfico de avenidas como López Mateos Sur, El Periférico en toda su extensión o la Carretera a Chapala de Tlaquepaque y más allá del aeropuerto en cuyos necesarios cruces cotidianos, el peatón se juega la vida y, en decenas de casos anualmente documentados, suele tener graves consecuencias y formar parte de la estadística negra en un estado que podría reconocerse más porque la vida del peatón, toda estadistica indica, no vale nada.


Académico del CUAAD, UdeG

carlosm_orozco@hotmail.com

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