Carlos Orozco Santillán

  / viernes 14 de junio de 2019

Ladrilleras del subdesarrollo en la Zona Metropolitana

Probablemente uno de los factores detonantes de la creciente contaminación atmosférica en Guadalajara se deba, paradójicamente, a una de las actividades productivas de mayor tradición del territorio del valle de Atemajac; el ladrillo de barro cocido o “ladrillo de lama” producido en el Área Metropolitana de Guadalajara por más de 900 instalaciones mayormente precarias y alejadas de las posibilidades tecnológicas de la actualidad y cuya reconversión podría hacerse a través del uso de gas para generar mayor producción y menos contaminación.

No obstante, aún cuando los gobiernos municipales suelen desconocer la ubicación exacta de estos puntos, muchas veces itinerantes, han sido los ambientalistas de la Universidad de Guadalajara conjuntamente con los ayuntamientos quienes han localizado esos puntos de producción con el propósito de mejorar su condición material. Por lo menos es el caso de El Salto y Tonalá donde un egresado de la carrera de arquitectura de la máxima casa de estudios de Jalisco, hoy presidente municipal, es quien ha señalado su preocupación por la polución generada por el vertedero de basura de Coyula y las 340 ladrilleras ya identificadas.

Por otra parte, en la contaminación de nuestra ciudad también participan las productoras tradicionales de ladrillo existentes en Tlajomulco, Tlaquepaque y Zapopan con más de 700 ladrilleras en conjunto. El problema se conoce pero prevalece y se complica al convertirse, este segmento productivo, en eventual, es decir con capacidad de surgir y desaparecer en diversos momentos y ubicación territorial en poco tiempo. De acuerdo a los ambientalistas este problema se agudiza a partir de la quema de materiales flamables entre los que se ha llegado a identificar leña de madera. Donde la precariedad de este sector productivo en la metropoli tiene como constante la falta de herramientas y tecnología facilitadoras en sus procesos de producción, cuya reconversion se podria lograr a partir del uso de hornos de gas con un costo aproximado de 300 mil pesos por unidad.

Ocho de cada diez fabricantes de ladrillo tradicional lo hacen de manera artesanal y por lo tanto no utilizan algún tipo de tecnología durante el proceso de quemado como podrian ser hornos, ventiladores y turbinas, según señalo un estudio del Centro de Innovación Aplicada en Tecnologías Competitivas (CIATEC). En ese estudio se detectó a un segmento laboral bajo una precariedad que donde se incluye un ingreso semanal por un poco mas de dos mil pesos a la semana, pero sin agregar un estudio profundo de la ausencia de seguridad social y eduación formal en la cual es necesario considerar a los hijos y a sus cónyuges generalmente partícipes de la cadena laboral en la producción de ladrillos.

Si bien las autoridades ambientales han logrado, atraves de la Semadet, imponer algunas medidas como la quema escalonada, consistente en impedir la realización de quemas simultaneas; Horarios regulados para establecer quemas alternadas durante la temporada invernal principalmente; Suspensión de actividades cuando la calidad del aire alcanza niveles de contingencia , ademas de cursos y capacitacion para mejorar y optimizar la fabricación de ladrillos para disminuir el impacto ambiental, hasta hoy el otro factor de preocupación en el subdesarrollo de las ladrilleras metropolitanas.


Académico del Cuaad

Universidad de Guadalajara

carlosm_orozco@hotmail.com


Probablemente uno de los factores detonantes de la creciente contaminación atmosférica en Guadalajara se deba, paradójicamente, a una de las actividades productivas de mayor tradición del territorio del valle de Atemajac; el ladrillo de barro cocido o “ladrillo de lama” producido en el Área Metropolitana de Guadalajara por más de 900 instalaciones mayormente precarias y alejadas de las posibilidades tecnológicas de la actualidad y cuya reconversión podría hacerse a través del uso de gas para generar mayor producción y menos contaminación.

No obstante, aún cuando los gobiernos municipales suelen desconocer la ubicación exacta de estos puntos, muchas veces itinerantes, han sido los ambientalistas de la Universidad de Guadalajara conjuntamente con los ayuntamientos quienes han localizado esos puntos de producción con el propósito de mejorar su condición material. Por lo menos es el caso de El Salto y Tonalá donde un egresado de la carrera de arquitectura de la máxima casa de estudios de Jalisco, hoy presidente municipal, es quien ha señalado su preocupación por la polución generada por el vertedero de basura de Coyula y las 340 ladrilleras ya identificadas.

Por otra parte, en la contaminación de nuestra ciudad también participan las productoras tradicionales de ladrillo existentes en Tlajomulco, Tlaquepaque y Zapopan con más de 700 ladrilleras en conjunto. El problema se conoce pero prevalece y se complica al convertirse, este segmento productivo, en eventual, es decir con capacidad de surgir y desaparecer en diversos momentos y ubicación territorial en poco tiempo. De acuerdo a los ambientalistas este problema se agudiza a partir de la quema de materiales flamables entre los que se ha llegado a identificar leña de madera. Donde la precariedad de este sector productivo en la metropoli tiene como constante la falta de herramientas y tecnología facilitadoras en sus procesos de producción, cuya reconversion se podria lograr a partir del uso de hornos de gas con un costo aproximado de 300 mil pesos por unidad.

Ocho de cada diez fabricantes de ladrillo tradicional lo hacen de manera artesanal y por lo tanto no utilizan algún tipo de tecnología durante el proceso de quemado como podrian ser hornos, ventiladores y turbinas, según señalo un estudio del Centro de Innovación Aplicada en Tecnologías Competitivas (CIATEC). En ese estudio se detectó a un segmento laboral bajo una precariedad que donde se incluye un ingreso semanal por un poco mas de dos mil pesos a la semana, pero sin agregar un estudio profundo de la ausencia de seguridad social y eduación formal en la cual es necesario considerar a los hijos y a sus cónyuges generalmente partícipes de la cadena laboral en la producción de ladrillos.

Si bien las autoridades ambientales han logrado, atraves de la Semadet, imponer algunas medidas como la quema escalonada, consistente en impedir la realización de quemas simultaneas; Horarios regulados para establecer quemas alternadas durante la temporada invernal principalmente; Suspensión de actividades cuando la calidad del aire alcanza niveles de contingencia , ademas de cursos y capacitacion para mejorar y optimizar la fabricación de ladrillos para disminuir el impacto ambiental, hasta hoy el otro factor de preocupación en el subdesarrollo de las ladrilleras metropolitanas.


Académico del Cuaad

Universidad de Guadalajara

carlosm_orozco@hotmail.com


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