/ miércoles 1 de abril de 2020

Coronavirus y discriminación

El pasado jueves 26 de marzo, Hugo López-Gatell, subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, informó que la fase 3 del coronavirus se presentará inevitablemente en México.

No llegamos todavía a esa fase, y lamentablemente los casos de discriminación y violencia se han presentado en diversas partes del país, resultado del pánico que genera la desinformación y la propagación de noticias falsas que circulan en la red.

Un ejemplo de este tipo de discriminación fue denunciado por la Comisión Interinstitucional de Enfermeras del Estado de Jalisco (CIEJ). Señaló dicha institución que camioneros, taxistas y personas, por el temor al contagio, han agredido de diversas maneras a enfermeras y personal que labora en hospitales.

“No les permitían subir al camión o no les hacían parada. Y cuando les permitían subir, las personas se hacían a un lado. A una [enfermera], el chofer la bajó”, y a otra más “le echaron agua con cloro”. Son palabras de Edith Mujica, presidenta de la CIEJ, quien señaló al diario El Informador que “a pasantes también las han agredido”.

Estos y otros hechos de violencia y discriminación son evidencia clara de que la alarma global provocada por el Covid-19 tiene efectos que van más allá de la salud de las personas y de las acciones y medidas de prevención recomendadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

No olvidemos que la comunidad china ha sido estigmatizada en diferentes países desde que comenzó el brote del virus a finales de 2019. Una situación que preocupa es que este indigno proceder transite del discurso a las prácticas irracionales de odio.

En México, como en cualquier país del mundo, el trato diferente y perjudicial que se produce en nombre de la protección de nuestra salud es discriminación, una práctica que vulnera la dignidad y las libertades fundamentales de las personas.

De ahí la importancia de insistir en el tema del respeto y el trato digno hacia todas las personas, independientemente de los padecimientos físicos y problemas de salud que éstas tengan.

Por ningún motivo debemos permitir que con el coronavirus suceda lo que pasó hace algún tiempo con el sida, una enfermedad provocada por el virus VIH, y cuyos afectados han sido discriminados, estigmatizados y maltratados por una sociedad que, en vez de informarse sobre esta enfermedad, procede discriminando y estigmatizando a los enfermos, ocasionándole a éstos mayor sufrimiento.

En el caso específico del coronavirus, la Organización Mundial de la Salud ha advertido que “el estigma puede hacer que las personas oculten la enfermedad para evitar la discriminación y no consulten al médico inmediatamente”. Al abundar sobre este fenómeno social, que cobra fuerza con el Covid-19, la OMS alentó el pasado 27 de febrero: las barreras “pueden potencialmente contribuir a más problemas de salud severos”, a la transmisión continua, y a dificultades de controlar enfermedades infecciosas durante un brote”.

Sobre las causas del coronavirus, el obispo de Cuernavaca declaró que esta enfermedad “es un grito de Dios a la humanidad ante el desorden social, el aborto, la violencia, la corrupción, la eutanasia y la homosexualidad”. Estas declaraciones, de las cuales el obispo morelense se deslindó, generaron reacciones de diversos grupos, entre ellos Católicas por el Derecho a Decidir, quien demandó la intervención del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) y la Secretaría de Gobernación para detener estas prácticas.

La intervención del Conapred no se hizo esperar, y llamó enseguida “a todas las iglesias y comunidades religiosas para que difundan información veraz sobre el coronavirus y rechazó que se difundan las versiones que afirman que el COVID-19 está relacionado con la orientación sexual, con la nacionalidad o con las decisiones de las mujeres sobre su cuerpo, en específico, el aborto”.

Twitter: @armayacastro

El pasado jueves 26 de marzo, Hugo López-Gatell, subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, informó que la fase 3 del coronavirus se presentará inevitablemente en México.

No llegamos todavía a esa fase, y lamentablemente los casos de discriminación y violencia se han presentado en diversas partes del país, resultado del pánico que genera la desinformación y la propagación de noticias falsas que circulan en la red.

Un ejemplo de este tipo de discriminación fue denunciado por la Comisión Interinstitucional de Enfermeras del Estado de Jalisco (CIEJ). Señaló dicha institución que camioneros, taxistas y personas, por el temor al contagio, han agredido de diversas maneras a enfermeras y personal que labora en hospitales.

“No les permitían subir al camión o no les hacían parada. Y cuando les permitían subir, las personas se hacían a un lado. A una [enfermera], el chofer la bajó”, y a otra más “le echaron agua con cloro”. Son palabras de Edith Mujica, presidenta de la CIEJ, quien señaló al diario El Informador que “a pasantes también las han agredido”.

Estos y otros hechos de violencia y discriminación son evidencia clara de que la alarma global provocada por el Covid-19 tiene efectos que van más allá de la salud de las personas y de las acciones y medidas de prevención recomendadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

No olvidemos que la comunidad china ha sido estigmatizada en diferentes países desde que comenzó el brote del virus a finales de 2019. Una situación que preocupa es que este indigno proceder transite del discurso a las prácticas irracionales de odio.

En México, como en cualquier país del mundo, el trato diferente y perjudicial que se produce en nombre de la protección de nuestra salud es discriminación, una práctica que vulnera la dignidad y las libertades fundamentales de las personas.

De ahí la importancia de insistir en el tema del respeto y el trato digno hacia todas las personas, independientemente de los padecimientos físicos y problemas de salud que éstas tengan.

Por ningún motivo debemos permitir que con el coronavirus suceda lo que pasó hace algún tiempo con el sida, una enfermedad provocada por el virus VIH, y cuyos afectados han sido discriminados, estigmatizados y maltratados por una sociedad que, en vez de informarse sobre esta enfermedad, procede discriminando y estigmatizando a los enfermos, ocasionándole a éstos mayor sufrimiento.

En el caso específico del coronavirus, la Organización Mundial de la Salud ha advertido que “el estigma puede hacer que las personas oculten la enfermedad para evitar la discriminación y no consulten al médico inmediatamente”. Al abundar sobre este fenómeno social, que cobra fuerza con el Covid-19, la OMS alentó el pasado 27 de febrero: las barreras “pueden potencialmente contribuir a más problemas de salud severos”, a la transmisión continua, y a dificultades de controlar enfermedades infecciosas durante un brote”.

Sobre las causas del coronavirus, el obispo de Cuernavaca declaró que esta enfermedad “es un grito de Dios a la humanidad ante el desorden social, el aborto, la violencia, la corrupción, la eutanasia y la homosexualidad”. Estas declaraciones, de las cuales el obispo morelense se deslindó, generaron reacciones de diversos grupos, entre ellos Católicas por el Derecho a Decidir, quien demandó la intervención del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) y la Secretaría de Gobernación para detener estas prácticas.

La intervención del Conapred no se hizo esperar, y llamó enseguida “a todas las iglesias y comunidades religiosas para que difundan información veraz sobre el coronavirus y rechazó que se difundan las versiones que afirman que el COVID-19 está relacionado con la orientación sexual, con la nacionalidad o con las decisiones de las mujeres sobre su cuerpo, en específico, el aborto”.

Twitter: @armayacastro

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