Carlos Orozco Santillán

  / domingo 13 de enero de 2019

Casetas de sitio, el espacio público secuestrado

Los habitantes del Área Metropolitana de Guadalajara hemos observado durante décadas como fueron apareciendo, en proporción al crecimiento de la mancha urbana, las llamadas casetas o sitios de taxis que facilitan la vida administrativa y político-sindical de estas “secciones” de las que toman el número de sitio con el que se les identifica.

Hasta ahí todo bien de no ser por el imaginario colectivo urbano acerca del control caciquil de cada una de esas secciones con un poder político que siempre ha debido ser tomado en cuenta por los candidatos al Gobierno del estado de todo partido con posibilidades de ganar.

Mientras la caseta fue de lámina y en condiciones de presencia pasajera poco notamos este fenómeno cada vez mas impune al violar no sólo el derecho al paisaje, al medio ambiente sano y al espacio público, al convertirlas prácticamente en casas individualizadas y no tanto, pero sobre todo violadoras de todo derecho peatonal y de visibilidad para el tráfico vehicular. Claro está que dependen de la fuerza de los ciudadanos organizados como colonos quienes conocedores de sus derechos urbanos y de las consecuencias de impunidad e ineptitud, desde la función pública, deben ordenar, mesurar y colocar de manera planeada estas casetas. Y luego de ser demostrado habilitar en cada región urbana su colocación.

Nadie podría negar su utilidad en determinados barrios cuando se han convertido en referente señaletico y hasta de seguridad, pero pocos ciudadanos desconocen las molestias que causan para el peatón y el automovilista en demanda de espacios para estacionarse, eventualmente, en las zonas de mayor actividad comercial donde, precisamente, se nota más la presencia inamovible de este tipo de casetas en ocasiones ligadas al poder adquisitivo o número de usuarios de las zonas donde se instalan. Suele conocerse del valor de transferencia de una concesión por el tipo de usuario potencial que las demarca y, aun cuando oficialmente son permisos o concesiones gratuitas, las más demandadas, caras y rentables siempre se encuentran frente a un lujoso hotel o al pie de una importante colonia o zona comercial.

En síntesis, la disposición y el apego a la nueva reglamentación para la recuperación del espacio público en Guadalajara y el Área Metropolitana, debería mostrarse con la misma firmeza que se le ha aplicado a quienes, hasta por breve tiempo, se estacionan en una banqueta, una cochera o comercio ambulante. Es decir, las leyes entre más igualitarias y para todos, más justas.


Académico del CUAAD.

Universidad de Guadalajara.

carlosm_orozco@hotamail.com

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Los habitantes del Área Metropolitana de Guadalajara hemos observado durante décadas como fueron apareciendo, en proporción al crecimiento de la mancha urbana, las llamadas casetas o sitios de taxis que facilitan la vida administrativa y político-sindical de estas “secciones” de las que toman el número de sitio con el que se les identifica.

Hasta ahí todo bien de no ser por el imaginario colectivo urbano acerca del control caciquil de cada una de esas secciones con un poder político que siempre ha debido ser tomado en cuenta por los candidatos al Gobierno del estado de todo partido con posibilidades de ganar.

Mientras la caseta fue de lámina y en condiciones de presencia pasajera poco notamos este fenómeno cada vez mas impune al violar no sólo el derecho al paisaje, al medio ambiente sano y al espacio público, al convertirlas prácticamente en casas individualizadas y no tanto, pero sobre todo violadoras de todo derecho peatonal y de visibilidad para el tráfico vehicular. Claro está que dependen de la fuerza de los ciudadanos organizados como colonos quienes conocedores de sus derechos urbanos y de las consecuencias de impunidad e ineptitud, desde la función pública, deben ordenar, mesurar y colocar de manera planeada estas casetas. Y luego de ser demostrado habilitar en cada región urbana su colocación.

Nadie podría negar su utilidad en determinados barrios cuando se han convertido en referente señaletico y hasta de seguridad, pero pocos ciudadanos desconocen las molestias que causan para el peatón y el automovilista en demanda de espacios para estacionarse, eventualmente, en las zonas de mayor actividad comercial donde, precisamente, se nota más la presencia inamovible de este tipo de casetas en ocasiones ligadas al poder adquisitivo o número de usuarios de las zonas donde se instalan. Suele conocerse del valor de transferencia de una concesión por el tipo de usuario potencial que las demarca y, aun cuando oficialmente son permisos o concesiones gratuitas, las más demandadas, caras y rentables siempre se encuentran frente a un lujoso hotel o al pie de una importante colonia o zona comercial.

En síntesis, la disposición y el apego a la nueva reglamentación para la recuperación del espacio público en Guadalajara y el Área Metropolitana, debería mostrarse con la misma firmeza que se le ha aplicado a quienes, hasta por breve tiempo, se estacionan en una banqueta, una cochera o comercio ambulante. Es decir, las leyes entre más igualitarias y para todos, más justas.


Académico del CUAAD.

Universidad de Guadalajara.

carlosm_orozco@hotamail.com

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