José Roque Albín Huerta

  / lunes 27 de mayo de 2019

¡Mala suerte!


Hice el bien, recibí el bien; hice el mal, recibí el mal

El Cape


La suerte se define de diferentes maneras; se dice que es un encadenamiento de sucesos que es considerado como causal o fortuito, de tal manera que quienes creen en la suerte sostienen que las condiciones de vida pueden depender del destino o de la existencia y utilización de amuletos.

En contraposición a lo anterior, cuando las cosas no son o no resultan como nosotros queremos o pensamos, surge lo que llamamos mala suerte, es obvio que existen momentos en los cuales nos hacen pensar que estamos pasando por esas rachas, por ejemplo: cuando nos enfermamos, etapas en nuestra vida matrimonial en la que peleamos con el cónyuge, perdemos el empleo, truncamos nuestra carrera profesional, etc. No nos explicamos la razón de porque nos suceden estos eventos.

Dentro de nuestro entorno, nos esforzamos al máximo para lograr nuestros sueños y cuando vemos que no resulta como nosotros pensábamos, sentimos que el éxito se escapa y se derrama entre las manos. Seguro estoy que esto nos ha sucedido a todos y que es probable, nos vuelva a pasar. Entonces, pensar que existe la mala suerte, nos hará sentir como víctimas del destino y ello no aportará para que logremos el éxito.

De aquí que los estudiosos de la psicología, sostienen en varios criterios al respecto, que todo es una cuestión de locus de control, este término se utiliza para indicar la forma en que comprendemos los eventos de la vida, achacándolos a nuestras propias acciones y decisiones o, al contrario, a factores externos a nuestra voluntad que deriva en la creencia de la mala o buena suerte.

Todo el universo es energía, de ahí que hasta lo que llamamos mala suerte tiene una explicación y cuando la entendemos, podemos cambiar la situación a nuestro favor ya que no debemos olvidar la Ley de causa y efecto que tiene mucha influencia en nuestra vida considerando que todo lo que enviamos al universo, se nos regresa.

La mente es poderosa, tomando en consideración que todo lo que vivimos en la vida ha sido creación de nuestra mente, muchas veces nuestras acciones no son del todo puras ni positivas, en algún momento tenemos que pagar las consecuencias de nuestro comportamiento y no podemos atribuirlas a la mala suerte.

El pensamiento negativo, definitivamente es el detonante para reflexionar que no es solo atributo de los otros, en cuantas ocasiones decretamos cosas negativas hacia nosotros mismos cuando renegamos y decimos: ¿porque a mí me salen siempre mal las cosas?; con mi mala suerte, es un sueño que esto bueno no me durará; o también expresamos, ¿qué otra cosa mala me va a suceder hoy?, nunca le he hecho mal a nadie y ¿porque a mí me va mal?

Existen factores como el resentimiento, la rabia, la envidia, el odio y muchos más que son veneno para nuestra propia alma y causas para tener mala suerte y que ello, sin sentirlo nos lleva a una depresión y baja autoestima. Lo mejor es perdonar y olvidar, si no para beneficio de los demás, entonces para el propio ya que al no sentir rencor ni rabia hacía otros, su mala suerte cambiará.

Por último, si a lo anterior le agregamos la superstición que consiste en una creencia que no tiene fundamento racional y que consiste en atribuir carácter mágico o sobrenatural a determinados sucesos o en pensar que determinados hechos proporcionan buena o mala suerte. Las falsas creencias y el pensamiento supersticioso están implicados mecanismos mentales que intervienen en como asociamos entre sí sucesos que se producen cercanos en el tiempo y que son capaces de crear lo que los investigadores denominan ilusión causa-efecto, situaciones conectadas por la casualidad que se consideran válidas cuando no las son.

Apreciable lector, infinitamente agradecido por su tiempo dedicado a esta lectura tan compleja en la que, si las cosas salen bien, la atribuimos a la buena suerte y si sale mal, expresamos ¡qué mala suerte!


Rector General del Centro Universitario UTEG*

email: joseroque@uteg.edu.mx



Hice el bien, recibí el bien; hice el mal, recibí el mal

El Cape


La suerte se define de diferentes maneras; se dice que es un encadenamiento de sucesos que es considerado como causal o fortuito, de tal manera que quienes creen en la suerte sostienen que las condiciones de vida pueden depender del destino o de la existencia y utilización de amuletos.

En contraposición a lo anterior, cuando las cosas no son o no resultan como nosotros queremos o pensamos, surge lo que llamamos mala suerte, es obvio que existen momentos en los cuales nos hacen pensar que estamos pasando por esas rachas, por ejemplo: cuando nos enfermamos, etapas en nuestra vida matrimonial en la que peleamos con el cónyuge, perdemos el empleo, truncamos nuestra carrera profesional, etc. No nos explicamos la razón de porque nos suceden estos eventos.

Dentro de nuestro entorno, nos esforzamos al máximo para lograr nuestros sueños y cuando vemos que no resulta como nosotros pensábamos, sentimos que el éxito se escapa y se derrama entre las manos. Seguro estoy que esto nos ha sucedido a todos y que es probable, nos vuelva a pasar. Entonces, pensar que existe la mala suerte, nos hará sentir como víctimas del destino y ello no aportará para que logremos el éxito.

De aquí que los estudiosos de la psicología, sostienen en varios criterios al respecto, que todo es una cuestión de locus de control, este término se utiliza para indicar la forma en que comprendemos los eventos de la vida, achacándolos a nuestras propias acciones y decisiones o, al contrario, a factores externos a nuestra voluntad que deriva en la creencia de la mala o buena suerte.

Todo el universo es energía, de ahí que hasta lo que llamamos mala suerte tiene una explicación y cuando la entendemos, podemos cambiar la situación a nuestro favor ya que no debemos olvidar la Ley de causa y efecto que tiene mucha influencia en nuestra vida considerando que todo lo que enviamos al universo, se nos regresa.

La mente es poderosa, tomando en consideración que todo lo que vivimos en la vida ha sido creación de nuestra mente, muchas veces nuestras acciones no son del todo puras ni positivas, en algún momento tenemos que pagar las consecuencias de nuestro comportamiento y no podemos atribuirlas a la mala suerte.

El pensamiento negativo, definitivamente es el detonante para reflexionar que no es solo atributo de los otros, en cuantas ocasiones decretamos cosas negativas hacia nosotros mismos cuando renegamos y decimos: ¿porque a mí me salen siempre mal las cosas?; con mi mala suerte, es un sueño que esto bueno no me durará; o también expresamos, ¿qué otra cosa mala me va a suceder hoy?, nunca le he hecho mal a nadie y ¿porque a mí me va mal?

Existen factores como el resentimiento, la rabia, la envidia, el odio y muchos más que son veneno para nuestra propia alma y causas para tener mala suerte y que ello, sin sentirlo nos lleva a una depresión y baja autoestima. Lo mejor es perdonar y olvidar, si no para beneficio de los demás, entonces para el propio ya que al no sentir rencor ni rabia hacía otros, su mala suerte cambiará.

Por último, si a lo anterior le agregamos la superstición que consiste en una creencia que no tiene fundamento racional y que consiste en atribuir carácter mágico o sobrenatural a determinados sucesos o en pensar que determinados hechos proporcionan buena o mala suerte. Las falsas creencias y el pensamiento supersticioso están implicados mecanismos mentales que intervienen en como asociamos entre sí sucesos que se producen cercanos en el tiempo y que son capaces de crear lo que los investigadores denominan ilusión causa-efecto, situaciones conectadas por la casualidad que se consideran válidas cuando no las son.

Apreciable lector, infinitamente agradecido por su tiempo dedicado a esta lectura tan compleja en la que, si las cosas salen bien, la atribuimos a la buena suerte y si sale mal, expresamos ¡qué mala suerte!


Rector General del Centro Universitario UTEG*

email: joseroque@uteg.edu.mx


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