Editorial Editorial

  / lunes 16 de septiembre de 2019

Jalisco tendrá Congreso Constituyente

Carlos Anguiano

Jalisco es uno de los estados más grandes de la república, tomando la población como referencia para ello. Es un lugar con necesidades, carencias, aspiraciones, anhelos de crecimiento económico y desarrollo social permanentes, que ha perdido dinamismo y competitividad en los últimos lustros. Entre las mayores preocupaciones de sus habitantes, originarios y avecindados, la inseguridad pública es sin lugar a dudas, la mayor de las quejas, lo que provoca mayor malestar, coraje y desesperanza. Después de ello, la situación económica es lo que más impacta. Ambos indicadores se sostienen desde hace años como los máximos problemas enunciados, el top of the mind, prácticamente petrificados e inamovibles. Agudizando nuestro análisis encontramos que impunidad, falta de empleos bien remunerados, mala cobertura, desabasto de medicamentos y aspectos de salud, violencia y maltrato a las mujeres están presentes y por debajo de esos problemas, la corrupción y los malos servicios públicos se muestran como importantes asuntos dignos de llamar la atención de nuestros gobernantes.

Todos esos problemas deberían ser el núcleo, el epicentro, el foco del trabajo de nuestros políticos de todos los órdenes de gobierno, de los 3 poderes del estado, Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Las políticas públicas, los programas, los servicios, las obras, los egresos sustanciales del presupuesto, deberían atender lo importante, que lamentablemente, se ha vuelto urgente a la vez. Todos esos problemas son evidencias de que gobiernos municipales, estatales y federales pasados y actuales, no han podido resolverlos y ahora requieren por lo menos reducirlos a niveles menos críticos.

Si hasta aquí, amable lector, ha sido capaz de detectar la necesidad de redactar una nueva Constitución para el Estado de Jalisco, por favor señálemelo. Mis reflexiones en torno a este ejercicio político que suena interesante si se logra con una visión participativa, plural, más ciudadana que partidista, tienen el escepticismo que depende de lo siguiente:

1. La Constitución de Jalisco no puede contravenir en nada a la Constitución Política del País.

2. La Constitución Local vigente, ha sufrido múltiples modificaciones, adecuaciones, actualizaciones, que la han mantenido actual. De hecho, para eso los ciudadanos tenemos y les pagamos sueldo a los Diputados Locales, para que arreglen lo que pudiera haberse visto rebasado.

3. Una nueva Constitución local, más correcta semánticamente, con mejor estilo y redacción jurídica, en nada sirve para resolver los problemas planteados al inicio.

Más allá del burdo interés de rellenar el tiempo previo a la próxima elección ordinaria, de disfrazar intereses del grupo gobernante para engendrar una reforma política que permita relección, incrementar la duración de los periodos de gobierno y otras gracias políticas que a los ciudadanos ni nos interesan, ni nos convienen y si las supiéramos las desaprobaríamos, el afán de notoriedad y el poder decir que se hizo algo histórico –aunque en la vida práctica, inútil-, debemos entender y comprender que una nueva constitución no nos resuelve la vida, no mejorara nuestra calidad de vida ni hará que los problemas reales de nuestra sociedad desaparezcan.

La Constitución es una ley y en este país lo grave es que aunque existen leyes, suficientes leyes, no se aplican y la impunidad, la desobediencia y la incapacidad de hacerlas valer han rebasado a nuestro sistema político.

Es un hecho que trabajaremos en hacer una nueva Constitución. Vigilemos que el gasto –dinero, tiempo y esfuerzo- sea de menos bien hecho. Ojalá la ciudadanía aproveche y le quite poder a los políticos, involucrándose y enderezando el esfuerzo protagónico hacia uno socialmente responsable.

www.inteligenciapolitica.org

Carlos Anguiano

Jalisco es uno de los estados más grandes de la república, tomando la población como referencia para ello. Es un lugar con necesidades, carencias, aspiraciones, anhelos de crecimiento económico y desarrollo social permanentes, que ha perdido dinamismo y competitividad en los últimos lustros. Entre las mayores preocupaciones de sus habitantes, originarios y avecindados, la inseguridad pública es sin lugar a dudas, la mayor de las quejas, lo que provoca mayor malestar, coraje y desesperanza. Después de ello, la situación económica es lo que más impacta. Ambos indicadores se sostienen desde hace años como los máximos problemas enunciados, el top of the mind, prácticamente petrificados e inamovibles. Agudizando nuestro análisis encontramos que impunidad, falta de empleos bien remunerados, mala cobertura, desabasto de medicamentos y aspectos de salud, violencia y maltrato a las mujeres están presentes y por debajo de esos problemas, la corrupción y los malos servicios públicos se muestran como importantes asuntos dignos de llamar la atención de nuestros gobernantes.

Todos esos problemas deberían ser el núcleo, el epicentro, el foco del trabajo de nuestros políticos de todos los órdenes de gobierno, de los 3 poderes del estado, Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Las políticas públicas, los programas, los servicios, las obras, los egresos sustanciales del presupuesto, deberían atender lo importante, que lamentablemente, se ha vuelto urgente a la vez. Todos esos problemas son evidencias de que gobiernos municipales, estatales y federales pasados y actuales, no han podido resolverlos y ahora requieren por lo menos reducirlos a niveles menos críticos.

Si hasta aquí, amable lector, ha sido capaz de detectar la necesidad de redactar una nueva Constitución para el Estado de Jalisco, por favor señálemelo. Mis reflexiones en torno a este ejercicio político que suena interesante si se logra con una visión participativa, plural, más ciudadana que partidista, tienen el escepticismo que depende de lo siguiente:

1. La Constitución de Jalisco no puede contravenir en nada a la Constitución Política del País.

2. La Constitución Local vigente, ha sufrido múltiples modificaciones, adecuaciones, actualizaciones, que la han mantenido actual. De hecho, para eso los ciudadanos tenemos y les pagamos sueldo a los Diputados Locales, para que arreglen lo que pudiera haberse visto rebasado.

3. Una nueva Constitución local, más correcta semánticamente, con mejor estilo y redacción jurídica, en nada sirve para resolver los problemas planteados al inicio.

Más allá del burdo interés de rellenar el tiempo previo a la próxima elección ordinaria, de disfrazar intereses del grupo gobernante para engendrar una reforma política que permita relección, incrementar la duración de los periodos de gobierno y otras gracias políticas que a los ciudadanos ni nos interesan, ni nos convienen y si las supiéramos las desaprobaríamos, el afán de notoriedad y el poder decir que se hizo algo histórico –aunque en la vida práctica, inútil-, debemos entender y comprender que una nueva constitución no nos resuelve la vida, no mejorara nuestra calidad de vida ni hará que los problemas reales de nuestra sociedad desaparezcan.

La Constitución es una ley y en este país lo grave es que aunque existen leyes, suficientes leyes, no se aplican y la impunidad, la desobediencia y la incapacidad de hacerlas valer han rebasado a nuestro sistema político.

Es un hecho que trabajaremos en hacer una nueva Constitución. Vigilemos que el gasto –dinero, tiempo y esfuerzo- sea de menos bien hecho. Ojalá la ciudadanía aproveche y le quite poder a los políticos, involucrándose y enderezando el esfuerzo protagónico hacia uno socialmente responsable.

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