Luis Sánchez

  / domingo 2 de diciembre de 2018

Deudas del discurso "Me canso, ganso"

“El progreso es imposible sin el cambio, y aquellos que no pueden cambiar sus mentes no pueden cambiar nada” -George Bernard Shaw.




Desde San Lázaro, en la toma de protesta del presidente López Obrador, atestiguamos un discurso largo, que cantaba al viento muchas referencias del pasado. Ese discurso suena familiar porque la mayoría de los mexicanos vemos claramente cómo el pasado autoritario de nuestro país asfixió nuestro potencial e intentó enterrar nuestra libertad bajo el peso de un solo hombre.
Conocemos bien los fracasos económicos del pasado – deuda, quiebra de bancos y rescate bancario, devaluación y proyectos faraónicos no terminados. También, conocemos la cultura política del pasado, esa que rechazamos en el año 2000 con emoción y ánimos de cambio, pero que nos ha llevado a tener un sobrio escepticismo de qué tanto podemos cambiar nuestro país. López Obrador volvió a hacer referencia a la frase que ha utilizado en diversas ocasiones durante su campaña "Mecanso, ganso". Esa misma que utilizó cuando se refirió al nuevo aeropuerto de Santa Lucía y que todos sabemos que la decisión tomada -disfrazada en una consulta pública- fue una decisión que ya había tomado él mismo.
Estancados en la violencia y en la parálisis posterior a un presidente muy desacreditado y señalado por corrupción, nos toca preguntarnos qué futuro nos espera. Un presidente que no se cansará en tomar decisiones unilaterales.
Debemos evitar que alguien nos dicte qué futuro nos espera. No podemos esperar resolver los retos tan grandes que tenemos sin que se requiera un esfuerzo extraordinario, para defender las libertades democráticas que tenemos. El derecho a la queja, a controlar y acotar el poder. El derecho a exigir consecuencias a la corrupción. El derecho a contribuir porque el proyecto de país solamente es de un país si participan más personas y no un solo hombre. Todos estos derechos, sumados, arrojan un resultado claro: la responsabilidad de construir una base sólida para reclamar como nuestro el potencial de México. No dejemos que lo secuestre y lo reclame como propio un partido, o una fracción mayoritaria en el Congreso. México es más plural que eso.
Tenemos a nuestra disposición poderosas herramientas que podemos tomar de este mensaje inicial. La lucha por la igualdad y la paz, la búsqueda de soluciones en vez del conflicto estéril. Podemos y vamos a discrepar fuertemente de cómo buscar eso. También, debemos de alejarnos del mensaje del ‘México de clase mundial’ que el presidente saliente intentó instalar en el país, cuando claramente las anclas de su partido y sus viejas prácticas lo llevaron a presidir el período más amargo recordado en la historia reciente de nuestro país. El conteo de la búsqueda de justicia de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa y la firme postura de la oposición exigiendo que no haya perdón ni olvido a los corruptos nos recuerdan nuestras tareas pendientes.
Jamás un discurso largo nombrando las injusticias de nuestro país ha cambiado la realidad. De hecho, eso nos remonta a los tiempos más viejos en donde la tribuna sí buscaban culpables, enemigos externos, excusas o se hacían promesas tan idealistas, que era difícil creer que los aplaudidores de esos viejos expresidentes realmente creyeran una sola palabra de lo que se decía. Hoy, desde nuestro sobrio escepticismo y con la experiencia e inteligencia adquiridas, nos toca enfrentar estos siguientes 6 años con la mirada puesta al futuro que nos espera, conscientes de que si el pasado llama fuerte hacia atrás tenemos que ser los primeros en recordarle a todos que México ya no es un país de una sola persona. #MeCansoGanso.


Secretario General PAN Guadalajara.

“El progreso es imposible sin el cambio, y aquellos que no pueden cambiar sus mentes no pueden cambiar nada” -George Bernard Shaw.




Desde San Lázaro, en la toma de protesta del presidente López Obrador, atestiguamos un discurso largo, que cantaba al viento muchas referencias del pasado. Ese discurso suena familiar porque la mayoría de los mexicanos vemos claramente cómo el pasado autoritario de nuestro país asfixió nuestro potencial e intentó enterrar nuestra libertad bajo el peso de un solo hombre.
Conocemos bien los fracasos económicos del pasado – deuda, quiebra de bancos y rescate bancario, devaluación y proyectos faraónicos no terminados. También, conocemos la cultura política del pasado, esa que rechazamos en el año 2000 con emoción y ánimos de cambio, pero que nos ha llevado a tener un sobrio escepticismo de qué tanto podemos cambiar nuestro país. López Obrador volvió a hacer referencia a la frase que ha utilizado en diversas ocasiones durante su campaña "Mecanso, ganso". Esa misma que utilizó cuando se refirió al nuevo aeropuerto de Santa Lucía y que todos sabemos que la decisión tomada -disfrazada en una consulta pública- fue una decisión que ya había tomado él mismo.
Estancados en la violencia y en la parálisis posterior a un presidente muy desacreditado y señalado por corrupción, nos toca preguntarnos qué futuro nos espera. Un presidente que no se cansará en tomar decisiones unilaterales.
Debemos evitar que alguien nos dicte qué futuro nos espera. No podemos esperar resolver los retos tan grandes que tenemos sin que se requiera un esfuerzo extraordinario, para defender las libertades democráticas que tenemos. El derecho a la queja, a controlar y acotar el poder. El derecho a exigir consecuencias a la corrupción. El derecho a contribuir porque el proyecto de país solamente es de un país si participan más personas y no un solo hombre. Todos estos derechos, sumados, arrojan un resultado claro: la responsabilidad de construir una base sólida para reclamar como nuestro el potencial de México. No dejemos que lo secuestre y lo reclame como propio un partido, o una fracción mayoritaria en el Congreso. México es más plural que eso.
Tenemos a nuestra disposición poderosas herramientas que podemos tomar de este mensaje inicial. La lucha por la igualdad y la paz, la búsqueda de soluciones en vez del conflicto estéril. Podemos y vamos a discrepar fuertemente de cómo buscar eso. También, debemos de alejarnos del mensaje del ‘México de clase mundial’ que el presidente saliente intentó instalar en el país, cuando claramente las anclas de su partido y sus viejas prácticas lo llevaron a presidir el período más amargo recordado en la historia reciente de nuestro país. El conteo de la búsqueda de justicia de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa y la firme postura de la oposición exigiendo que no haya perdón ni olvido a los corruptos nos recuerdan nuestras tareas pendientes.
Jamás un discurso largo nombrando las injusticias de nuestro país ha cambiado la realidad. De hecho, eso nos remonta a los tiempos más viejos en donde la tribuna sí buscaban culpables, enemigos externos, excusas o se hacían promesas tan idealistas, que era difícil creer que los aplaudidores de esos viejos expresidentes realmente creyeran una sola palabra de lo que se decía. Hoy, desde nuestro sobrio escepticismo y con la experiencia e inteligencia adquiridas, nos toca enfrentar estos siguientes 6 años con la mirada puesta al futuro que nos espera, conscientes de que si el pasado llama fuerte hacia atrás tenemos que ser los primeros en recordarle a todos que México ya no es un país de una sola persona. #MeCansoGanso.


Secretario General PAN Guadalajara.

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