Luis Sánchez

  / sábado 13 de julio de 2019

Adame vs cultura, deporte y entretenimiento



Un espectáculo lamentable no es entretenimiento, ningún medio debería cubrirlo

René Franco


Los mexicanos recibimos muchos estímulos en medios de comunicación. Según un estudio de Hootsuite, en 2019 hay en México ya 83 millones de usuarios de redes sociales. ¡Es muchísimo! Esa audiencia supera por mucho a la de los medios tradicionales, que siguen teniendo su peso. Sin embargo, es de notarse que los productos culturales que reciben los mexicanos se resisten a cambiar y a sacar ventaja de las nuevas características de Internet. La promesa de apertura, diversidad de fuentes y poder acceder a distintos tipos de productos culturales nunca se instaló firmemente en el horizonte de nuestra cultura, ni de la cultura globalizada.

Una muestra de ello es que tanto en redes sociales como en televisión, durante los últimos días se habla de la pelea entre el conductor y actor Alfredo Adame, y el "cazafantasmas" y conductor Carlos Trejo, ambos integrantes de la farándula, quienes desde hace ya varios años han tenido una rivalidad mediática. Los medios mexicanos se han volcado en ofrecer a los espectadores la cobertura del suceso con lujo de detalles y hemos caído en un circo mediático que se pasea en la línea del espectáculo y el morbo.

Más allá de la larga tradición de lucha libre como espectáculo y manifestación cultural mexicana, debemos de ir un poco más allá para analizar el momento y el contexto. El momento: vivimos un tiempo de conflicto en donde los más jóvenes no tienen ejemplos de cómo resolver conflictos de manera pacífica. El contexto: los viejos y nuevos medios de comunicación buscan desesperadamente un modelo de negocios en donde se pueda ser tan rentable como antes.

Sin entrar en el terreno de la crítica cultural, en este país se necesitan representaciones mediáticas más acercadas a la realidad, que demuestren que los conflictos solucionados mediante la fuerza y pasando por encima de los demás suelen eliminar cualquier posibilidad de convivencia pacífica. Hablemos de otro producto cultural: la taquillera película dirigida por Gael García “Chicuarotes”, se nos presenta una historia de conflicto análoga, pero con un fin mucho más apegado a lo cotidiano: dos jóvenes en pobreza deciden robar y secuestrar, fruto de su desesperada situación. Cuando continúan ese camino lleno de tropiezos (viene spoiler) la situación termina con la muerte trágica de uno de ellos.

¿En qué se distinguen ambos productos culturales? Uno apuesta por la simplicidad y la ganancia a costa del público interesado. El otro, busca traer de nuevo la tradición de cine con conciencia social que no es tan vistoso y glamoroso pero que nos recuerda de cuestiones que no podemos evitar. Los conflictos siempre están entre paz y violencia, éstos deben transformarse positivamente, depende de la forma en que se gestionen entonces podremos construir situaciones pacíficas y no generar violencia.

Los mexicanos demandamos medios de comunicación comprometidos con la cultura de paz, ante los problemas que se viven en México. El entretenimiento siempre tiene su lugar y espacio, pero ante las dos décadas más agresivas y violentas de la historia moderna de México, creo resumir el sentimiento de muchos cuando digo que no queremos ver un circo que exalte peleas que muestran a adultos comportándose como infantes, ataques falaces y baratos trucos mediáticos que adormilan nuestro intelecto.

Me sumo a las voces que en estos días han manifestado un rechazo total a los medios de comunicación que no defiendan a las audiencias, el derecho a discernir entre el espectáculo, el deporte y cubrir una nota de violencia. Sigamos con una cultura de paz que ayude a disminuir el aumento de la violencia en nuestro país. La televisión debe cumplir su función, como dice el artículo V de los Derechos de las Audiencias en México, de integración de las familias, el desarrollo armónico de la niñez; el mejoramiento de los sistemas educativos; y la difusión de los valores artísticos, históricos y culturales.




Un espectáculo lamentable no es entretenimiento, ningún medio debería cubrirlo

René Franco


Los mexicanos recibimos muchos estímulos en medios de comunicación. Según un estudio de Hootsuite, en 2019 hay en México ya 83 millones de usuarios de redes sociales. ¡Es muchísimo! Esa audiencia supera por mucho a la de los medios tradicionales, que siguen teniendo su peso. Sin embargo, es de notarse que los productos culturales que reciben los mexicanos se resisten a cambiar y a sacar ventaja de las nuevas características de Internet. La promesa de apertura, diversidad de fuentes y poder acceder a distintos tipos de productos culturales nunca se instaló firmemente en el horizonte de nuestra cultura, ni de la cultura globalizada.

Una muestra de ello es que tanto en redes sociales como en televisión, durante los últimos días se habla de la pelea entre el conductor y actor Alfredo Adame, y el "cazafantasmas" y conductor Carlos Trejo, ambos integrantes de la farándula, quienes desde hace ya varios años han tenido una rivalidad mediática. Los medios mexicanos se han volcado en ofrecer a los espectadores la cobertura del suceso con lujo de detalles y hemos caído en un circo mediático que se pasea en la línea del espectáculo y el morbo.

Más allá de la larga tradición de lucha libre como espectáculo y manifestación cultural mexicana, debemos de ir un poco más allá para analizar el momento y el contexto. El momento: vivimos un tiempo de conflicto en donde los más jóvenes no tienen ejemplos de cómo resolver conflictos de manera pacífica. El contexto: los viejos y nuevos medios de comunicación buscan desesperadamente un modelo de negocios en donde se pueda ser tan rentable como antes.

Sin entrar en el terreno de la crítica cultural, en este país se necesitan representaciones mediáticas más acercadas a la realidad, que demuestren que los conflictos solucionados mediante la fuerza y pasando por encima de los demás suelen eliminar cualquier posibilidad de convivencia pacífica. Hablemos de otro producto cultural: la taquillera película dirigida por Gael García “Chicuarotes”, se nos presenta una historia de conflicto análoga, pero con un fin mucho más apegado a lo cotidiano: dos jóvenes en pobreza deciden robar y secuestrar, fruto de su desesperada situación. Cuando continúan ese camino lleno de tropiezos (viene spoiler) la situación termina con la muerte trágica de uno de ellos.

¿En qué se distinguen ambos productos culturales? Uno apuesta por la simplicidad y la ganancia a costa del público interesado. El otro, busca traer de nuevo la tradición de cine con conciencia social que no es tan vistoso y glamoroso pero que nos recuerda de cuestiones que no podemos evitar. Los conflictos siempre están entre paz y violencia, éstos deben transformarse positivamente, depende de la forma en que se gestionen entonces podremos construir situaciones pacíficas y no generar violencia.

Los mexicanos demandamos medios de comunicación comprometidos con la cultura de paz, ante los problemas que se viven en México. El entretenimiento siempre tiene su lugar y espacio, pero ante las dos décadas más agresivas y violentas de la historia moderna de México, creo resumir el sentimiento de muchos cuando digo que no queremos ver un circo que exalte peleas que muestran a adultos comportándose como infantes, ataques falaces y baratos trucos mediáticos que adormilan nuestro intelecto.

Me sumo a las voces que en estos días han manifestado un rechazo total a los medios de comunicación que no defiendan a las audiencias, el derecho a discernir entre el espectáculo, el deporte y cubrir una nota de violencia. Sigamos con una cultura de paz que ayude a disminuir el aumento de la violencia en nuestro país. La televisión debe cumplir su función, como dice el artículo V de los Derechos de las Audiencias en México, de integración de las familias, el desarrollo armónico de la niñez; el mejoramiento de los sistemas educativos; y la difusión de los valores artísticos, históricos y culturales.


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