/ lunes 13 de febrero de 2023

En el noviazgo, no todo es color rosa

La violencia más común en las mujeres es la emocional

El 14 de Febrero los enamorados celebran su día, se regalan globos, flores, joyas, chocolates, pero no todo es miel sobre hojuelas porque aunque muchos describen el enamoramiento como una de las mejores etapas de la vida, para otros es una pesadilla por las situaciones de violencia que inicia en la mayoría de las ocasiones desde el noviazgo.

Claudia Chang Gamboa, investigadora de Centro Universitario de Ciencias de la Salud, de la Universidad de Guadalajara, dio a conocer en entrevista que la Encuesta Nacional sobre Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) de 2016 reveló que el 44% de las mujeres han vivido agresiones por parte de su pareja a lo largo de su vida.

Te puede interesar:

La estadística reportó que la violencia más común en las mujeres es la emocional, seguida de la económica o patrimonial, la física y en último lugar la sexual.

La investigadora, señaló que desde años la Universidad de Guadalajara realiza investigaciones sobre la violencia de género mediante los cuales ha concluido que los estados que presentan mayor violencia de pareja son Estado de México, Ciudad de México, Aguascalientes y Jalisco.


Foto. Elizabeth Ibal | El Occidental


El 30% en mujeres entre 15 y 24 años de edad, presentan mayor prevalencia de violencia de pareja. Mientras que en el rango de 24 a 35 años solo se presenta en el 28 por ciento de ellas.

La especialista indica que en los estudios realizados por esa casa de estudios, se encontró que 7 de cada 10 mujeres estudiantes, han sufrido algún tipo de violencia a lo largo de su vida.

“Las propias mujeres no son conscientes de que han sufrido algún tipo de violencia en su relación de pareja, pero con los cuestionarios que aplicamos es ahí donde se identifica”, dijo Chang.

También se ha detectado en el caso de los jóvenes, hay una normalización de la violencia porque los padres y amigos, la han vivido. Incluso hay frases como “Si no me cela, no me quiere” que contribuyen a la normalización.

“Luego ven normal que el chico cele a la chica; que la chica revise el teléfono del novio, porque se da con los compañeros, entonces eso empieza a conformar esa invisibilización de la violencia”.

Explicó que en el noviazgo se presenta mucho el control, que se inicia cuando el novio o novia pretende controlar horarios, forma de vestir, con quien socializa con quien no, y después esa forma de violencia sube de intensidad.

“Cuando no atiendes en control, es cuando empieza a aparecer la violencia física y sobre todo la violencia psicológica, que esa sí la vemos mucho más frecuente con los jóvenes. Desafortunadamente es un tema que también les genera mucha vergüenza, mucha culpa y no lo hablan hasta que se empiezan a tocar estos temas”, comentó Chang Gamboa.

Un o una joven que sufre violencia, por lo general hablan del tema, es con los amigos, a los compañeros, profesores y en último lugar a los papás; y es hasta cuando la pareja empieza a sentir incomodidad, cuando se da cuenta que lo padece y de que ya no disfruta la relación, ni es feliz. Luego viene la ruptura, reveló.

Esa violencia desencadena que entre el 70 y 80 por ciento de los matrimonios tengan un antecedente de violencia durante el noviazgo y de ahí las consecuencias. “Siempre con la expectativa de que la situación va a cambiar; si nos casamos, va a cambiar; si vienen los hijos, va a cambiar. Es una situación que lejos de cambiar se va intensificando en el nivel de agresión”, explicó la especialista, quien resaltó que al darse la ruptura pueden generase ataques en contra de las mujeres.


Cómo detectar violencia en la pareja

  • El control: El primer signo a identificar es que la pareja empieza a controlar la forma de vestir, con quién salir, sus horarios, a invadir espacios para evitar convivencia con amigos y familiares.
  • Chantajes: frases como “si sales con tus amigos te voy a terminar”. O bien el clásico “Me voy a suicidar”.


La especialista integrante del Departamento de Psicología Básica de la UdeG expuso tajante que no debe existir control de ninguna de las partes. “No debe haber control. Debe de generarse un clima de confianza, de que cada quien puede tener sus espacios y socializar, sin que genere el enojo del otro”.


¿Qué hacer para romper el ciclo de violencia?

La doctora Claudia Chang recomienda que ante una situación de violencia se recurra a alguna asociación en la que la persona afectada pueda recibir atención especializada o acudir a atención psicológica. Recalca que la dependencia emocional hacia la persona maltratadora, dificulta alejarse de la relación.


Del amor al infierno

Melissa sostuvo un noviazgo de tres años, que inició cuando ella tenía 17. El primero, ambos estaban enamorados y fue de felicidad, pero en alguna ocasión que se enojaron ella pretendió terminar la relación, pero nunca imaginó lo que vendría después de tomar esa decisión.

La frase que nunca creyó escuchar llegó: “Si me terminas me mato”. En ese momento quedó en shock, no supo qué decir, no quería cargar con la muerte de la persona a la que todavía amaba. Su inexperiencia la hizo quedarse y continuar con la relación de la manera "normal".

“Era muy chica. Nunca le dije a nadie lo que estaba cargando, que seguía en la relación para que él no se matara, para no ser culpada de algo que no era mi culpa y que no entendía. Todavía me quedé dos años más en esa relación que ya era para mi una pesadilla”.

Durante meses pensó cómo terminar sin ser culpable del supuesto suicidio con el que su novio amagaba. Un día se armó de valor al ser insostenible lo que sufría y habló con la familia de su novio sobre lo que pasaba en su vida.

“Sorprendentemente tuve el apoyo de su familia. Me dijeron que si quería terminar la relación lo hiciera, que tenía su apoyo porque era demasiado el tiempo que aguanté. Ahora les agradezco enorme el apoyo y que hayan preferido mi bienestar. Al final y afortunadamente, nunca cumplió su amenaza”.

Otro caso es el de Karen, quien se casó con un chef. Ella cataloga su relación como fugaz porque a la semana de conocerlo se fue a vivir con él y al mes de relación, se casaron. Su familia le aconsejaba que no lo hiciera pero se sentía enamorada, así que dio el paso y se casó por lo civil.

Desde antes de casarse él era adicto al “crystal”. Al poco tiempo la situación empeoró y luego ella quedó embarazada. La situación ya fue incontrolable.

“Nos peleábamos a golpes. Todo el tiempo tenía que andar con blusas largas porque andaba toda moreteada para ocultarles en mi casa. Mis papás se llevaron a mis hijos por temor a que les pasara algo. Mi familia me empezó a restringir las visitas con mis hijos porque no les gustaba la vida que llevaba con él”.

La detención de su esposo por el delito de robo fue clave para que rompiera el ciclo de violencia, aunque no cesó porque luego era violencia psicológica a través de llamadas telefónicas desde el reclusorio.

Fue hasta que conoció a otra persona, cuando conoció la felicidad.

El 14 de Febrero los enamorados celebran su día, se regalan globos, flores, joyas, chocolates, pero no todo es miel sobre hojuelas porque aunque muchos describen el enamoramiento como una de las mejores etapas de la vida, para otros es una pesadilla por las situaciones de violencia que inicia en la mayoría de las ocasiones desde el noviazgo.

Claudia Chang Gamboa, investigadora de Centro Universitario de Ciencias de la Salud, de la Universidad de Guadalajara, dio a conocer en entrevista que la Encuesta Nacional sobre Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) de 2016 reveló que el 44% de las mujeres han vivido agresiones por parte de su pareja a lo largo de su vida.

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La estadística reportó que la violencia más común en las mujeres es la emocional, seguida de la económica o patrimonial, la física y en último lugar la sexual.

La investigadora, señaló que desde años la Universidad de Guadalajara realiza investigaciones sobre la violencia de género mediante los cuales ha concluido que los estados que presentan mayor violencia de pareja son Estado de México, Ciudad de México, Aguascalientes y Jalisco.


Foto. Elizabeth Ibal | El Occidental


El 30% en mujeres entre 15 y 24 años de edad, presentan mayor prevalencia de violencia de pareja. Mientras que en el rango de 24 a 35 años solo se presenta en el 28 por ciento de ellas.

La especialista indica que en los estudios realizados por esa casa de estudios, se encontró que 7 de cada 10 mujeres estudiantes, han sufrido algún tipo de violencia a lo largo de su vida.

“Las propias mujeres no son conscientes de que han sufrido algún tipo de violencia en su relación de pareja, pero con los cuestionarios que aplicamos es ahí donde se identifica”, dijo Chang.

También se ha detectado en el caso de los jóvenes, hay una normalización de la violencia porque los padres y amigos, la han vivido. Incluso hay frases como “Si no me cela, no me quiere” que contribuyen a la normalización.

“Luego ven normal que el chico cele a la chica; que la chica revise el teléfono del novio, porque se da con los compañeros, entonces eso empieza a conformar esa invisibilización de la violencia”.

Explicó que en el noviazgo se presenta mucho el control, que se inicia cuando el novio o novia pretende controlar horarios, forma de vestir, con quien socializa con quien no, y después esa forma de violencia sube de intensidad.

“Cuando no atiendes en control, es cuando empieza a aparecer la violencia física y sobre todo la violencia psicológica, que esa sí la vemos mucho más frecuente con los jóvenes. Desafortunadamente es un tema que también les genera mucha vergüenza, mucha culpa y no lo hablan hasta que se empiezan a tocar estos temas”, comentó Chang Gamboa.

Un o una joven que sufre violencia, por lo general hablan del tema, es con los amigos, a los compañeros, profesores y en último lugar a los papás; y es hasta cuando la pareja empieza a sentir incomodidad, cuando se da cuenta que lo padece y de que ya no disfruta la relación, ni es feliz. Luego viene la ruptura, reveló.

Esa violencia desencadena que entre el 70 y 80 por ciento de los matrimonios tengan un antecedente de violencia durante el noviazgo y de ahí las consecuencias. “Siempre con la expectativa de que la situación va a cambiar; si nos casamos, va a cambiar; si vienen los hijos, va a cambiar. Es una situación que lejos de cambiar se va intensificando en el nivel de agresión”, explicó la especialista, quien resaltó que al darse la ruptura pueden generase ataques en contra de las mujeres.


Cómo detectar violencia en la pareja

  • El control: El primer signo a identificar es que la pareja empieza a controlar la forma de vestir, con quién salir, sus horarios, a invadir espacios para evitar convivencia con amigos y familiares.
  • Chantajes: frases como “si sales con tus amigos te voy a terminar”. O bien el clásico “Me voy a suicidar”.


La especialista integrante del Departamento de Psicología Básica de la UdeG expuso tajante que no debe existir control de ninguna de las partes. “No debe haber control. Debe de generarse un clima de confianza, de que cada quien puede tener sus espacios y socializar, sin que genere el enojo del otro”.


¿Qué hacer para romper el ciclo de violencia?

La doctora Claudia Chang recomienda que ante una situación de violencia se recurra a alguna asociación en la que la persona afectada pueda recibir atención especializada o acudir a atención psicológica. Recalca que la dependencia emocional hacia la persona maltratadora, dificulta alejarse de la relación.


Del amor al infierno

Melissa sostuvo un noviazgo de tres años, que inició cuando ella tenía 17. El primero, ambos estaban enamorados y fue de felicidad, pero en alguna ocasión que se enojaron ella pretendió terminar la relación, pero nunca imaginó lo que vendría después de tomar esa decisión.

La frase que nunca creyó escuchar llegó: “Si me terminas me mato”. En ese momento quedó en shock, no supo qué decir, no quería cargar con la muerte de la persona a la que todavía amaba. Su inexperiencia la hizo quedarse y continuar con la relación de la manera "normal".

“Era muy chica. Nunca le dije a nadie lo que estaba cargando, que seguía en la relación para que él no se matara, para no ser culpada de algo que no era mi culpa y que no entendía. Todavía me quedé dos años más en esa relación que ya era para mi una pesadilla”.

Durante meses pensó cómo terminar sin ser culpable del supuesto suicidio con el que su novio amagaba. Un día se armó de valor al ser insostenible lo que sufría y habló con la familia de su novio sobre lo que pasaba en su vida.

“Sorprendentemente tuve el apoyo de su familia. Me dijeron que si quería terminar la relación lo hiciera, que tenía su apoyo porque era demasiado el tiempo que aguanté. Ahora les agradezco enorme el apoyo y que hayan preferido mi bienestar. Al final y afortunadamente, nunca cumplió su amenaza”.

Otro caso es el de Karen, quien se casó con un chef. Ella cataloga su relación como fugaz porque a la semana de conocerlo se fue a vivir con él y al mes de relación, se casaron. Su familia le aconsejaba que no lo hiciera pero se sentía enamorada, así que dio el paso y se casó por lo civil.

Desde antes de casarse él era adicto al “crystal”. Al poco tiempo la situación empeoró y luego ella quedó embarazada. La situación ya fue incontrolable.

“Nos peleábamos a golpes. Todo el tiempo tenía que andar con blusas largas porque andaba toda moreteada para ocultarles en mi casa. Mis papás se llevaron a mis hijos por temor a que les pasara algo. Mi familia me empezó a restringir las visitas con mis hijos porque no les gustaba la vida que llevaba con él”.

La detención de su esposo por el delito de robo fue clave para que rompiera el ciclo de violencia, aunque no cesó porque luego era violencia psicológica a través de llamadas telefónicas desde el reclusorio.

Fue hasta que conoció a otra persona, cuando conoció la felicidad.

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