/ jueves 18 de enero de 2024

Los Hechos Corrupción: Igual a Negligencia


Cuando menos en teoría, hay una explicación aceptable respecto a que la negligencia en el quehacer público está vinculada estrechamente a la corrupción de los mal llamados servidores públicos.

Y tal teoría puede ser la respuesta a la pregunta que cotidianamente se hacen los ciudadanos acerca de la desatención de los problemas que se enfrentan en diferentes sectores de la sociedad. La gente se interpela a sí misma y ante familiares y amigos, porqué si hay problemas tan evidentes y dañinos en perjuicio de la población, la administración pública no los resuelve. Ni ahora, ni pasando el tiempo. Y agregan los afectados que hay problemas que no son tan difíciles de resolver, pero ni por eso son atendidos por los responsables de lo que debe ser un buen gobierno.

Pues bien, conforme a reflexiones que observadores han hecho en la materia, la respuesta a esa pregunta es que: la corrupción es la causa indiscutible de la negligencia. ¿Por qué?

Sencillamente porque no tienen tiempo para atender esos deberes y tampoco tienen la vocación ni la intención necesarias para ello.

Por lo tanto, la teoría que han expuesto los expertos consiste en que para llevar a cabo esta ecuación sobre la corrupción y la negligencia, los factores tienen que ser el tiempo, la vocación y la intención. Y el resultado de esta operación es claramente el de la negligencia.

Esto lo explican los teóricos recordando que el día solamente tiene 24 horas y el político corrupto tiene obviamente que dedicar tiempo a la planeación y ejecución de sus transas. Es decir, que indiscutiblemente tiene que reunirse con sus cómplices para estudiar en qué parte de su actividad puede obtener beneficios, cómo se llevará a efecto el ilícito, de cuánto serán esas ganancias y cómo las van a repartir.

También tiene que verse de cuánto será la mochada que se va a pactar a la hora de aplicar el hábito del “contratismo” arreglado.

Por si esto fuera poco, una vez conseguida la sustracción del dinero, faltaría estudiar en lo que se va a invertir, o sea la manera de “lavar” esos “beneficios”. Y de por vida, cuidar esos negocios o inversiones que se han montado con lo mal habido.

Cierto que esta teoría podría juzgarse algo muy infantil y rayar en la simpleza. Empero, lo que seguramente no se puede negar es que el político corrupto tiene que dedicar tiempo a planear y ejecutar sus latrocinios, así como a darles seguimiento. Y ese tiempo se lo está robando a su quehacer público.

A menos que contaran con un despacho externo para llevar adelante sus planes de enriquecimiento. Lo cual, de cualquier manera, les quitaría tiempo. De lo que se deduce que un mal gobernante no puede ser un “político de tiempo completo”, sino a lo sumo “de medio tiempo”. Y ello se traduce en un quehacer deficiente, en negligencia. “No se puede chiflar y comer pinole”, expresa un dicho popular. En concreto, gobernantes corruptos fallan fatalmente en la conducción de un pueblo y ello se manifiesta en daño a la sociedad y penoso deterioro de las relaciones humanas, expresadas básicamente en las injusticias económicas, el abuso de poder, la delincuencia y la violencia.

Respecto a la vocación, la teoría señala como lógico que quien tiene como propósito la sustracción de recursos públicos, no puede tener intenciones de servicio.

Y por ahí más o menos es como iría la cosa. Aclarando que -estamos seguros- no se teoriza este tema con el propósito de dañar a algún político en particular, sino simplemente de dar una respuesta a la pregunta de la gente, que se cuestiona con ansiedad por qué no se resuelven en su comunidad los problemas que enfrentan.


Cuando menos en teoría, hay una explicación aceptable respecto a que la negligencia en el quehacer público está vinculada estrechamente a la corrupción de los mal llamados servidores públicos.

Y tal teoría puede ser la respuesta a la pregunta que cotidianamente se hacen los ciudadanos acerca de la desatención de los problemas que se enfrentan en diferentes sectores de la sociedad. La gente se interpela a sí misma y ante familiares y amigos, porqué si hay problemas tan evidentes y dañinos en perjuicio de la población, la administración pública no los resuelve. Ni ahora, ni pasando el tiempo. Y agregan los afectados que hay problemas que no son tan difíciles de resolver, pero ni por eso son atendidos por los responsables de lo que debe ser un buen gobierno.

Pues bien, conforme a reflexiones que observadores han hecho en la materia, la respuesta a esa pregunta es que: la corrupción es la causa indiscutible de la negligencia. ¿Por qué?

Sencillamente porque no tienen tiempo para atender esos deberes y tampoco tienen la vocación ni la intención necesarias para ello.

Por lo tanto, la teoría que han expuesto los expertos consiste en que para llevar a cabo esta ecuación sobre la corrupción y la negligencia, los factores tienen que ser el tiempo, la vocación y la intención. Y el resultado de esta operación es claramente el de la negligencia.

Esto lo explican los teóricos recordando que el día solamente tiene 24 horas y el político corrupto tiene obviamente que dedicar tiempo a la planeación y ejecución de sus transas. Es decir, que indiscutiblemente tiene que reunirse con sus cómplices para estudiar en qué parte de su actividad puede obtener beneficios, cómo se llevará a efecto el ilícito, de cuánto serán esas ganancias y cómo las van a repartir.

También tiene que verse de cuánto será la mochada que se va a pactar a la hora de aplicar el hábito del “contratismo” arreglado.

Por si esto fuera poco, una vez conseguida la sustracción del dinero, faltaría estudiar en lo que se va a invertir, o sea la manera de “lavar” esos “beneficios”. Y de por vida, cuidar esos negocios o inversiones que se han montado con lo mal habido.

Cierto que esta teoría podría juzgarse algo muy infantil y rayar en la simpleza. Empero, lo que seguramente no se puede negar es que el político corrupto tiene que dedicar tiempo a planear y ejecutar sus latrocinios, así como a darles seguimiento. Y ese tiempo se lo está robando a su quehacer público.

A menos que contaran con un despacho externo para llevar adelante sus planes de enriquecimiento. Lo cual, de cualquier manera, les quitaría tiempo. De lo que se deduce que un mal gobernante no puede ser un “político de tiempo completo”, sino a lo sumo “de medio tiempo”. Y ello se traduce en un quehacer deficiente, en negligencia. “No se puede chiflar y comer pinole”, expresa un dicho popular. En concreto, gobernantes corruptos fallan fatalmente en la conducción de un pueblo y ello se manifiesta en daño a la sociedad y penoso deterioro de las relaciones humanas, expresadas básicamente en las injusticias económicas, el abuso de poder, la delincuencia y la violencia.

Respecto a la vocación, la teoría señala como lógico que quien tiene como propósito la sustracción de recursos públicos, no puede tener intenciones de servicio.

Y por ahí más o menos es como iría la cosa. Aclarando que -estamos seguros- no se teoriza este tema con el propósito de dañar a algún político en particular, sino simplemente de dar una respuesta a la pregunta de la gente, que se cuestiona con ansiedad por qué no se resuelven en su comunidad los problemas que enfrentan.