/ martes 1 de agosto de 2023

Exkaibiles operan libremente en la frontera de Chiapas con Guatemala

La Brigada de Fuerzas Especiales Kaibil realizó operaciones de contrainsurgencia durante la guerra civil de Guatemala, pero en la actualidad sus exmiembros participan en el crimen organizado

EL CARMEN, Guatemala.- “Esos tres de allá” --apunta con el mentón un elemento de la División de Información Policial (DIP) guatemalteca hacia el lado mexicano-- “son exmiembros de los kaibiles, y todos saben que trafican con todo, aquí y allá”.

La duda que le surge al muchachito espigado de boina negra, lentes oscuros y un rifle de asalto a cuestas, que está apostado a unos pasos del Río Suchiate, en la garita aduanal del lado chapín, es que ni las autoridades guatemaltecas ni las mexicanas les hayan chistado algo a esos excombatientes de uno de los grupos militares de élite más temidos en la región.

Durante la guerra civil de Guatemala (1960-1996), sobre todo en su fase final, a finales de la década de los ochenta y principios de los noventa del siglo pasado, la Brigada de Fuerzas Especiales Kaibil instrumentó en ese país la táctica contrainsurgente de “guerra de tierra arrasada”, que tuvo como resultado diversas masacres en contra de comunidades indígenas que supuestamente apoyaban a la guerrilla.

Avanzar, matar y destruirfue el lema de los Kaibil en la guerra civil guatemalteca

Es por ello que el policía-militar chapín se extraña de que esos exkaibiles crucen de un lado a otro de la frontera sin documentos, sin alguien que les pida explicaciones, ni en la garita de Talismán, Chiapas, del lado mexicano, ni en la de El Carmen, Departamento de San Marcos, del lado guatemalteco, sobre todo, porque es bien sabida la relación que tuvieron con el grupo criminal mexicano Los Zetas en los tres primeros lustros de este siglo.

Fueron las épocas en donde, también, ese grupo criminal con base de operaciones en Tamaulipas, que fue fundado por militares de élite mexicanos, desertores del Ejército, y que fue liderado por Osiel Cárdenas Guillén, controlaba el estado de Chiapas.

El de menor estatura de los tres exkaibiles, con pelo a rape, gafas oscuras y bigotillo ralo, da la orden después de colgar una llamada de su teléfono móvil: “Que llegan por Tecún Umán. Vámonos para allá”.

Luego desaparecen entre las calles de Frontera Talismán, en medio de los llamados transmigrantes guatemaltecos que esperan desesperados, sudorosos, poder ingresar a su país los vehículos que trajeron hasta este punto desde Estados Unidos, para venderlos en partes o enteros en Centroamérica.

En Ciudad Hidalgo, a 44 kilómetros de ahí, donde cientos de migrantes de decenas de países cruzan a todas horas del día y de la noche el Río Suchiate para ingresar a territorio mexicano, ahí, donde a unos 300 metros se observa en la otra orilla del caudaloso afluente el poblado guatemalteco de Tecún Umán, habitantes y autoridades municipales confirman la especie:

Balseros en Ciudad Hidalgo, Chiapas, señalan que las operaciones de tráfico de los exkaibiles se concentran en los puntos ciegos de la frontera con Guatemala. / Foto: Ernesto Muñoz | El Sol de México

Los excombatientes kaibiles tienen toda una red criminal que está vinculada con grupos de la delincuencia organizada en México, específicamente con el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

Anselmo y Jair, balseros que cruzan migrantes y mercancía de un lado a otro del Suchiate, el primero guatemalteco y el segundo mexicano, comentan que el verdadero tráfico de armas y drogas por parte de los exkaibiles se da por los “puntos ciegos” de esta porosa frontera de 956 kilómetros, es decir, donde no hay poblados de uno y del otro lado de la línea divisoria.

A 447 kilómetros de ese punto, en San Cristóbal de las Casas, defensores de derechos humanos y pobladores de esta ciudad también han detectado la presencia de excombatientes kaibiles en la zona, específicamente en Chicomuselo, Chenalhó, Polhó y Pantelhó, pero también en las comunidades autónomas del EZLN aledañas a la ciudad de Ocosingo.

Los testimonios recabados por este medio afirman que los exkaibiles “adiestran en tácticas de paramilitarismo y contrainsurgencia a grupos de la delincuencia organizada en la disputa de tierras y territorios”, pero que además “son financiados por caciques locales, políticos de la región y por poderosos grupos económicos”.

La presencia de exkaibiles en comunidades como Chicomuselo, Chenalhó, Polhó y Pantelhó ha sido identificada por defensores de derechos humanos y pobladores. / Foto: Ernesto Muñoz | El Sol de México

Dora Robledo, directora del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas (Frayba), destaca que si bien este organismo no tiene documentada la presencia de estos exmilitares de élite guatemaltecos, “lo cierto es que grupos criminales de ese país y de otras naciones cruzan sin problema ambos lados de la frontera”.

El problema es que cuando son perseguidos por autoridades mexicanas --explica--, “se van del lado de Guatemala, donde se pierde toda jurisdicción por los delitos que cometen en nuestro país”.

Militares desplegados en la frontera de Chiapas con Guatemala sostienen que la operación de los exkaibiles en realidad se realiza en el río Usumacinta. / Foto: Ernesto Muñoz | El Sol de México

En la plaza principal de San Andrés Larráinzar, mientras degusta un yogurt de fresa junto a su compañero, a un costado de una camioneta Hummer de combate, un soldado del Ejército Mexicano que en 2022 estuvo comisionado en la región Selva-Frontera, refiere que “la verdadera actividad de los kaibiles no está en la zona del Suchiate, sino en la región del Río Usumacinta, a lo largo de la carretera La Trinitaria-Palenque, del lado mexicano, y del departamento de Petén, del lado guatemalteco”.

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La actividad kaibil en México y sus vínculos con grupos delictivos ya tiene su historia.

En abril de 2011 el viceministro de Seguridad de Guatemala, Mario Castañeda, reconoció en la 28 Conferencia Internacional contra las Drogas, en Cancún, Quintana Roo, que esos militares de élite chapines “reciben cinco mil dólares mensuales por entrenar a integrantes de Los Zetas”.



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EL CARMEN, Guatemala.- “Esos tres de allá” --apunta con el mentón un elemento de la División de Información Policial (DIP) guatemalteca hacia el lado mexicano-- “son exmiembros de los kaibiles, y todos saben que trafican con todo, aquí y allá”.

La duda que le surge al muchachito espigado de boina negra, lentes oscuros y un rifle de asalto a cuestas, que está apostado a unos pasos del Río Suchiate, en la garita aduanal del lado chapín, es que ni las autoridades guatemaltecas ni las mexicanas les hayan chistado algo a esos excombatientes de uno de los grupos militares de élite más temidos en la región.

Durante la guerra civil de Guatemala (1960-1996), sobre todo en su fase final, a finales de la década de los ochenta y principios de los noventa del siglo pasado, la Brigada de Fuerzas Especiales Kaibil instrumentó en ese país la táctica contrainsurgente de “guerra de tierra arrasada”, que tuvo como resultado diversas masacres en contra de comunidades indígenas que supuestamente apoyaban a la guerrilla.

Avanzar, matar y destruirfue el lema de los Kaibil en la guerra civil guatemalteca

Es por ello que el policía-militar chapín se extraña de que esos exkaibiles crucen de un lado a otro de la frontera sin documentos, sin alguien que les pida explicaciones, ni en la garita de Talismán, Chiapas, del lado mexicano, ni en la de El Carmen, Departamento de San Marcos, del lado guatemalteco, sobre todo, porque es bien sabida la relación que tuvieron con el grupo criminal mexicano Los Zetas en los tres primeros lustros de este siglo.

Fueron las épocas en donde, también, ese grupo criminal con base de operaciones en Tamaulipas, que fue fundado por militares de élite mexicanos, desertores del Ejército, y que fue liderado por Osiel Cárdenas Guillén, controlaba el estado de Chiapas.

El de menor estatura de los tres exkaibiles, con pelo a rape, gafas oscuras y bigotillo ralo, da la orden después de colgar una llamada de su teléfono móvil: “Que llegan por Tecún Umán. Vámonos para allá”.

Luego desaparecen entre las calles de Frontera Talismán, en medio de los llamados transmigrantes guatemaltecos que esperan desesperados, sudorosos, poder ingresar a su país los vehículos que trajeron hasta este punto desde Estados Unidos, para venderlos en partes o enteros en Centroamérica.

En Ciudad Hidalgo, a 44 kilómetros de ahí, donde cientos de migrantes de decenas de países cruzan a todas horas del día y de la noche el Río Suchiate para ingresar a territorio mexicano, ahí, donde a unos 300 metros se observa en la otra orilla del caudaloso afluente el poblado guatemalteco de Tecún Umán, habitantes y autoridades municipales confirman la especie:

Balseros en Ciudad Hidalgo, Chiapas, señalan que las operaciones de tráfico de los exkaibiles se concentran en los puntos ciegos de la frontera con Guatemala. / Foto: Ernesto Muñoz | El Sol de México

Los excombatientes kaibiles tienen toda una red criminal que está vinculada con grupos de la delincuencia organizada en México, específicamente con el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

Anselmo y Jair, balseros que cruzan migrantes y mercancía de un lado a otro del Suchiate, el primero guatemalteco y el segundo mexicano, comentan que el verdadero tráfico de armas y drogas por parte de los exkaibiles se da por los “puntos ciegos” de esta porosa frontera de 956 kilómetros, es decir, donde no hay poblados de uno y del otro lado de la línea divisoria.

A 447 kilómetros de ese punto, en San Cristóbal de las Casas, defensores de derechos humanos y pobladores de esta ciudad también han detectado la presencia de excombatientes kaibiles en la zona, específicamente en Chicomuselo, Chenalhó, Polhó y Pantelhó, pero también en las comunidades autónomas del EZLN aledañas a la ciudad de Ocosingo.

Los testimonios recabados por este medio afirman que los exkaibiles “adiestran en tácticas de paramilitarismo y contrainsurgencia a grupos de la delincuencia organizada en la disputa de tierras y territorios”, pero que además “son financiados por caciques locales, políticos de la región y por poderosos grupos económicos”.

La presencia de exkaibiles en comunidades como Chicomuselo, Chenalhó, Polhó y Pantelhó ha sido identificada por defensores de derechos humanos y pobladores. / Foto: Ernesto Muñoz | El Sol de México

Dora Robledo, directora del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas (Frayba), destaca que si bien este organismo no tiene documentada la presencia de estos exmilitares de élite guatemaltecos, “lo cierto es que grupos criminales de ese país y de otras naciones cruzan sin problema ambos lados de la frontera”.

El problema es que cuando son perseguidos por autoridades mexicanas --explica--, “se van del lado de Guatemala, donde se pierde toda jurisdicción por los delitos que cometen en nuestro país”.

Militares desplegados en la frontera de Chiapas con Guatemala sostienen que la operación de los exkaibiles en realidad se realiza en el río Usumacinta. / Foto: Ernesto Muñoz | El Sol de México

En la plaza principal de San Andrés Larráinzar, mientras degusta un yogurt de fresa junto a su compañero, a un costado de una camioneta Hummer de combate, un soldado del Ejército Mexicano que en 2022 estuvo comisionado en la región Selva-Frontera, refiere que “la verdadera actividad de los kaibiles no está en la zona del Suchiate, sino en la región del Río Usumacinta, a lo largo de la carretera La Trinitaria-Palenque, del lado mexicano, y del departamento de Petén, del lado guatemalteco”.

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La actividad kaibil en México y sus vínculos con grupos delictivos ya tiene su historia.

En abril de 2011 el viceministro de Seguridad de Guatemala, Mario Castañeda, reconoció en la 28 Conferencia Internacional contra las Drogas, en Cancún, Quintana Roo, que esos militares de élite chapines “reciben cinco mil dólares mensuales por entrenar a integrantes de Los Zetas”.



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