/ jueves 23 de noviembre de 2023

Medio siglo sin José Alfredo Jiménez: celebran el legado del rey de las rancheras

José Alfredo Jiménez falleció hace 50 años, su legado musical se mantiene vigente porque supo reflejar en sus canciones el amor en todas sus expresiones 

No sabía escribir música, pero las tonadas las traía en la cabeza, José Alfredo Jiménez fue un compositor empírico que logró transmitir a través de sus canciones los sentimientos más puros del mexicano.

Puede interesarte: Cervatino rendirá homenaje a José Alfredo Jiménez

Cincuenta años se cumplen de su fallecimiento y su legado musical se mantiene vigente porque siempre habló del amor, asegura su hija Paloma Jiménez Gálvez en entrevista con El Sol de México.

“El principal tema de las líricas de José Alfredo es el amor y el amor es algo que no va a pasar de moda porque siempre nos vamos a enamorar y la manera de mirar al otro es la misma. Te mueven las emociones con cada una de sus canciones y te lo dice en un lenguaje coloquial, sin tantas complicaciones, una plática muy nuestra”, añade la hija del compositor.

José Alfredo Jiménez Sandoval nació un 19 de enero de 1926 en Dolores Hidalgo, Guanajuato. Sus primeros años los vivió en familia, con sus tres hermanos, su madre Carmen y su padre Agustín Jiménez, químico farmacéutico, dueño de la única farmacia de su pueblo natal. Esa vida cambió cuando a los 10 años murió su padre y tuvo que viajar a la Ciudad de México para buscar nuevos caminos.

“Él trae todo el bagaje del pueblo donde mi abuelo era el boticario, era un hombre de mucho respeto que le enseñó a mi padre poesía, a cantar, a hacer tertulias.

“Llegó al barrio de Santa María La Ribera, una colonia que estaba conectada con el centro histórico y las colonias San Rafael y Tabacalera, era un México chiquito, todo sucedía en ese perímetro, así como Paseo de la Reforma”, recordó Paloma.

Pero la música no fue la primera opción de José Alfredo, antes se desarrolló como jugador de futbol en los equipos Oviedo y Marte, en la primera división y también fue mesero en el restaurante La Sirena.

Foto: Fototeca, Hemeroteca y Biblioteca Mario Vázquez Raña

Pero su destino era cantar, prueba de ello fueron las más de 300 composiciones que dejó, canciones en las que retrataba sus vivencias, alegrías y decepciones amorosas. Fue autor de rancheras, huapangos y corridos.

“Se atrevió a hablar del sufrimiento del hombre porque antes había la barrera de que sólo las mujeres podíamos llorar y hacer berrinche, pero los hombres tenían que ser machitos y no llorar y él rompe con eso. Mi papá no era machista, al contrario”, expresó Paloma, quien lo recuerda como un padre “completamente normal”.

José Alfredo Jiménez se casó en 1952 con Paloma Gálvez, con quien tuvo dos hijos: José Alfredo Jiménez Jr. y Paloma Jiménez.

“Yo soy la mayor y conviví mucho con él. A mi papá le gusta mucho platicar con nosotros, era un hombre muy casero, cuando estaba en la Ciudad de México le gustaba estar en la casa, quería tener la mejor pantalla de televisión y el mejor tocadiscos.

“A mi hermano y a mí nos llevaba al cine, al circo, al teatro, él andaba con nosotros para todos lados. Convivimos mucho con las familias de Lola Beltrán y Tomás Méndez, con sus cinco hijos. Nunca fue un padre regañón, a él le gustaba que encontraras por ti mismo la solución a tus problemas, era muy cercano, se daba cuenta de qué proceso pasabas en tu vida”, comentó Paloma.

Foto: Fototeca, Hemeroteca y Biblioteca Mario Vázquez Raña

En la década de los años cincuenta, José Alfredo estrechó una gran amistad con Lola Beltrán. María Elena Leal Beltrán, hija de la gran cantante recuerda ese lazo que unió a sus familias.

“Mi madre siempre lo recordó con mucho cariño, yo la acompañé a homenajes que se le hacían en Dolores Hidalgo, fue una relación estrecha, fueron muy amigos, bromistas los dos, se divertían mucho, cuando mi mamá se casó con mi papá (Alfredo Leal, matador de toros y actor mexicano), íbamos los hijos de José Alfredo y yo a ver torear a mi papá.

“Para mí, Paloma Jiménez es como mi hermana, es una relación de toda la vida y estamos sumamente unidas. Cuando él muere fue un golpe fuerte para mi madre. José Alfredo Jiménez logró reflejar muy profundamente el sentir del pueblo, todas sus canciones son buenas, todas nos llegan al corazón, la manera en cómo escribió, es en un lenguaje maravilloso”, considera Leal Beltrán.

Una vez consolidada su carrera como cantante, José Alfredo Jiménez llegó al cine, su debut fue en Los Huéspedes de la Marquesa (1951), pero también destacó en cintas como Ahí viene Martín Corona (1952), Ni pobres ni ricos (1953), Camino de Guanajuato (1955), La Feria de San Marcos (1958), Mis padres se divorcian (1959), Juan Gallo (1961), Audaz y Bravero (1965) y Me cansé de rogarle (1966).

“Él estaba en el cine por ser él, más allá de cualquier papel que él podría interpretar, incluso en algunos títulos de sus películas que podrían ser intrascendentes, lo importante era su presencia, que él estaba ahí. Cuando ya se empieza a sentir cierta decadencia del cine de oro mexicano, lo que necesitan es crear personajes y un candidato ideal fue José Alfredo y lo hacen desde una perspectiva de un molde bien hecho y establecido”, considera el crítico de cine Gerardo Gil Ballesteros.

Foto: Fototeca, Hemeroteca y Biblioteca Mario Vázquez Raña

“Pero el asunto es que él ya tenía en el imaginario público una idea de ese macho herido por el amor, el cine lo sabe aprovechar y lo ponen a hacer un poco de comedia, le sale medianamente bien, no lo hemos recordado como actor, pero debemos de hablar de la importancia de la música en el cine mexicano”, agrega el especialista.

José Alfredo era considerado como un galán en aquella época. A través de su música conquistó los corazones de distintas mujeres, tuvo dos relaciones fuera del matrimonio, una con Mary Medel, con quien tuvo cuatro hijos: José Alfredo, Martha del Carmen, Guadalupe y José Antonio y la segunda con Alicia Juárez, su última pareja.

“Con el paso de los años me enteré del daño que Mary Medel le hizo a mi madre, llegaba arbitrariamente a mi casa, mi mamá siempre fue muy discreta, tuvo eso oculto para no lastimarnos”, se sincera Paloma Jiménez.

“Al final, mi papá perdió el piso con Alicia Juárez, hablé varias veces con él, nos enfrentamos, tenía esa libertad porque él me había enseñado a hablar las cosas de frente”, recordó Paloma, quien hoy rendirá homenaje a su padre a medio siglo de su muerte con una charla en la que la acompañarán María Elena Leal y Gabriel Solís (hijo de Javier Solís) y Pável Granados en el Complejo Cultural Los Pinos.

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En el lugar también se inaugurará una exposición fotográfica y de objetos del compositor de temas como “Si nos dejan”, “Un mundo raro”, “El rey”, “No me amenaces”, “Paloma querida”, ”Te solté la rienda”, “Camino de Guanajuato” y “En el último trago”.

En Guanajuato se inaugurará una sala inmersiva y una de realidad aumentada donde, a través de inteligencia artificial proyectarán la imagen de José Alfredo Jiménez.

Se espera también que el próximo año se edite un álbum con temas inéditos, como parte de la conmemoración luctuosa. Con información de Belén Eligio Gutiérrez

No sabía escribir música, pero las tonadas las traía en la cabeza, José Alfredo Jiménez fue un compositor empírico que logró transmitir a través de sus canciones los sentimientos más puros del mexicano.

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Cincuenta años se cumplen de su fallecimiento y su legado musical se mantiene vigente porque siempre habló del amor, asegura su hija Paloma Jiménez Gálvez en entrevista con El Sol de México.

“El principal tema de las líricas de José Alfredo es el amor y el amor es algo que no va a pasar de moda porque siempre nos vamos a enamorar y la manera de mirar al otro es la misma. Te mueven las emociones con cada una de sus canciones y te lo dice en un lenguaje coloquial, sin tantas complicaciones, una plática muy nuestra”, añade la hija del compositor.

José Alfredo Jiménez Sandoval nació un 19 de enero de 1926 en Dolores Hidalgo, Guanajuato. Sus primeros años los vivió en familia, con sus tres hermanos, su madre Carmen y su padre Agustín Jiménez, químico farmacéutico, dueño de la única farmacia de su pueblo natal. Esa vida cambió cuando a los 10 años murió su padre y tuvo que viajar a la Ciudad de México para buscar nuevos caminos.

“Él trae todo el bagaje del pueblo donde mi abuelo era el boticario, era un hombre de mucho respeto que le enseñó a mi padre poesía, a cantar, a hacer tertulias.

“Llegó al barrio de Santa María La Ribera, una colonia que estaba conectada con el centro histórico y las colonias San Rafael y Tabacalera, era un México chiquito, todo sucedía en ese perímetro, así como Paseo de la Reforma”, recordó Paloma.

Pero la música no fue la primera opción de José Alfredo, antes se desarrolló como jugador de futbol en los equipos Oviedo y Marte, en la primera división y también fue mesero en el restaurante La Sirena.

Foto: Fototeca, Hemeroteca y Biblioteca Mario Vázquez Raña

Pero su destino era cantar, prueba de ello fueron las más de 300 composiciones que dejó, canciones en las que retrataba sus vivencias, alegrías y decepciones amorosas. Fue autor de rancheras, huapangos y corridos.

“Se atrevió a hablar del sufrimiento del hombre porque antes había la barrera de que sólo las mujeres podíamos llorar y hacer berrinche, pero los hombres tenían que ser machitos y no llorar y él rompe con eso. Mi papá no era machista, al contrario”, expresó Paloma, quien lo recuerda como un padre “completamente normal”.

José Alfredo Jiménez se casó en 1952 con Paloma Gálvez, con quien tuvo dos hijos: José Alfredo Jiménez Jr. y Paloma Jiménez.

“Yo soy la mayor y conviví mucho con él. A mi papá le gusta mucho platicar con nosotros, era un hombre muy casero, cuando estaba en la Ciudad de México le gustaba estar en la casa, quería tener la mejor pantalla de televisión y el mejor tocadiscos.

“A mi hermano y a mí nos llevaba al cine, al circo, al teatro, él andaba con nosotros para todos lados. Convivimos mucho con las familias de Lola Beltrán y Tomás Méndez, con sus cinco hijos. Nunca fue un padre regañón, a él le gustaba que encontraras por ti mismo la solución a tus problemas, era muy cercano, se daba cuenta de qué proceso pasabas en tu vida”, comentó Paloma.

Foto: Fototeca, Hemeroteca y Biblioteca Mario Vázquez Raña

En la década de los años cincuenta, José Alfredo estrechó una gran amistad con Lola Beltrán. María Elena Leal Beltrán, hija de la gran cantante recuerda ese lazo que unió a sus familias.

“Mi madre siempre lo recordó con mucho cariño, yo la acompañé a homenajes que se le hacían en Dolores Hidalgo, fue una relación estrecha, fueron muy amigos, bromistas los dos, se divertían mucho, cuando mi mamá se casó con mi papá (Alfredo Leal, matador de toros y actor mexicano), íbamos los hijos de José Alfredo y yo a ver torear a mi papá.

“Para mí, Paloma Jiménez es como mi hermana, es una relación de toda la vida y estamos sumamente unidas. Cuando él muere fue un golpe fuerte para mi madre. José Alfredo Jiménez logró reflejar muy profundamente el sentir del pueblo, todas sus canciones son buenas, todas nos llegan al corazón, la manera en cómo escribió, es en un lenguaje maravilloso”, considera Leal Beltrán.

Una vez consolidada su carrera como cantante, José Alfredo Jiménez llegó al cine, su debut fue en Los Huéspedes de la Marquesa (1951), pero también destacó en cintas como Ahí viene Martín Corona (1952), Ni pobres ni ricos (1953), Camino de Guanajuato (1955), La Feria de San Marcos (1958), Mis padres se divorcian (1959), Juan Gallo (1961), Audaz y Bravero (1965) y Me cansé de rogarle (1966).

“Él estaba en el cine por ser él, más allá de cualquier papel que él podría interpretar, incluso en algunos títulos de sus películas que podrían ser intrascendentes, lo importante era su presencia, que él estaba ahí. Cuando ya se empieza a sentir cierta decadencia del cine de oro mexicano, lo que necesitan es crear personajes y un candidato ideal fue José Alfredo y lo hacen desde una perspectiva de un molde bien hecho y establecido”, considera el crítico de cine Gerardo Gil Ballesteros.

Foto: Fototeca, Hemeroteca y Biblioteca Mario Vázquez Raña

“Pero el asunto es que él ya tenía en el imaginario público una idea de ese macho herido por el amor, el cine lo sabe aprovechar y lo ponen a hacer un poco de comedia, le sale medianamente bien, no lo hemos recordado como actor, pero debemos de hablar de la importancia de la música en el cine mexicano”, agrega el especialista.

José Alfredo era considerado como un galán en aquella época. A través de su música conquistó los corazones de distintas mujeres, tuvo dos relaciones fuera del matrimonio, una con Mary Medel, con quien tuvo cuatro hijos: José Alfredo, Martha del Carmen, Guadalupe y José Antonio y la segunda con Alicia Juárez, su última pareja.

“Con el paso de los años me enteré del daño que Mary Medel le hizo a mi madre, llegaba arbitrariamente a mi casa, mi mamá siempre fue muy discreta, tuvo eso oculto para no lastimarnos”, se sincera Paloma Jiménez.

“Al final, mi papá perdió el piso con Alicia Juárez, hablé varias veces con él, nos enfrentamos, tenía esa libertad porque él me había enseñado a hablar las cosas de frente”, recordó Paloma, quien hoy rendirá homenaje a su padre a medio siglo de su muerte con una charla en la que la acompañarán María Elena Leal y Gabriel Solís (hijo de Javier Solís) y Pável Granados en el Complejo Cultural Los Pinos.

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En el lugar también se inaugurará una exposición fotográfica y de objetos del compositor de temas como “Si nos dejan”, “Un mundo raro”, “El rey”, “No me amenaces”, “Paloma querida”, ”Te solté la rienda”, “Camino de Guanajuato” y “En el último trago”.

En Guanajuato se inaugurará una sala inmersiva y una de realidad aumentada donde, a través de inteligencia artificial proyectarán la imagen de José Alfredo Jiménez.

Se espera también que el próximo año se edite un álbum con temas inéditos, como parte de la conmemoración luctuosa. Con información de Belén Eligio Gutiérrez

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