/ martes 12 de julio de 2022

Cristina Martínez: La voz que (quizá) no has descubierto

La guitarrista y una de las dos voces de El Columpio Asesino habla de cómo ha sido su proceso de pararse frente al micrófono, ya sea dentro de esta agrupación o con los artistas que la han invitado a colaborar

A primera escucha pocos reconocerán el nombre de Cristina Martinez, sobre todo porque en los países de habla hispana deben existir miles de mujeres que lleven ese nombre y apellido. Pero si hablamos de El Columpio Asesino, inmediatamente vienen a nuestra memoria algunos de los éxitos de la última etapa de esta banda, cantados precisamente por esta mujer.

Su historia es singular, ya que Cristina en realidad se había concentrado en tocar la guitarra y cuando mucho hacer por ahí uno que otro coro. Ya como parte de El Columpio Asesino, la artista comenzó a compartir el micrófono con Albaro Arizaleta, el baterista y fundador de la banda, quien ejecutaba ese papel desde sus inicios, sentado precisamente frente a los tambores.

Pero algo inesperado sucedió, sobre todo a partir del éxito que los de Pamplona tuvieron con “Toro” la canción extraída de su disco Diamantes (2011). De pronto, aquella banda en la que sólo se reconocía una voz masculina, ya era un conjunto de dos voces, que en todo caso se complementaban muy bien, algo que se confirmó en sus siguientes producciones discográficas: Ballenas muertas en San Sebastián (2014) y Ataque celeste (2020).

Esto representó un crecimiento a nivel estilístico para la banda, que ahora podía no sólo vestir sus canciones con dos timbres de voz muy diferentes, sino echar mano de más recursos, como la utilización de las voces de otras formas menos tradicionales, por ejemplo como un instrumento más dentro del grupo.

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Durante alguna conversación con el propio Albaro acerca de la segunda etapa del grupo, ya con dos vocalistas, le preguntamos si no se sentía de alguna manera desplazado por la figura de Cristina, a lo que respondió que por el contrario, esto representaba para él un alivio, ya que nunca se sintió realmente cómodo siendo la voz principal o única del grupo.


Invitada de otros grandes grupos

Tras el suceso comercial de “Toro”, El Columpio Asesino llegó a nuevos públicos y Cristina comenzó a figurar como invitada en los discos de otros artistas importantes, como sería el caso de León Benavente (en el disco Ser Brigada), Nacho Vegas (en Violética) y Love Of Lesbian (en V.E.H.N.), entre otros.

Pero volviendo al principio de esta historia, ¿cómo fue el primer momento en el que Cristina Martínez se planteó la idea de pararse frente al micrófono en El Columpio Asesino?

“Bueno fue de una manera muy natural y creo que bastante suave, porque empecé a colaborar con ellos en el segundo disco (De mi sangre a tus cuchillas, 2006) ya que yo estaba en otra banda, pero ya los conocía y me propusieron cantar un tema (“No llores más)”.

“De alguna manera ahí se inició nuestra unión, primero porque me pedían: ¿Por qué no cantas unos coros aquí o acá? Así que ya estaba en dos o tres temas. Luego, en el siguiente disco (La gallina, 2008) fui cantando más y sentimos que quedaba bien… Fue cuando me propusieron irme de gira con ellos para tocar los teclados… Recuerdo que me preguntaron: ¿Sabes tocar los teclados? Y yo les dije que claro, que sí, aunque la verdad era que no tenía ni idea… Lo que hice fue aprender rapidísimo, así que hice toda la gira con ellos y ya fue en el siguiente disco (Diamantes) cuando empecé un poco más de peso”, asegura.

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Para Cristina, esta nueva fórmula de trabajo dentro del grupo ha funcionado porque hacen un trabajo de equipo en el que la unión es muy buena:

“El trabajo lo enfocamos sobre todo en el sentido de que si hay una canción la prueba Albaro, luego la pruebo yo, y el que mejor resulte es el que al final la realiza, aunque tengo que decir que siempre ha pasado algo muy curioso con nuestras voces, llegando un punto en el que yo ya no sé si soy yo o es él, o sea que también nos hemos llegado a mimetizar, y es una cosa súper curiosa porque nuestras voces no son parecidas, pero hay un punto en el que hemos hecho una especie de equilibrio entre él y yo”.

Agrega que en la lógica del grupo no hay espacio para egos, por lo que ella frecuentemente le sugiere a Albaro que canten ciertos temas juntos.

“Nos hemos entendido bien, sobre todo por la idea de ser un equipo, por lo que si es necesario que yo toque la pandereta pues la toco… Siempre estamos un poco dispuestos a lo que nos pide la música”.


¿Y cómo fue que te pasaste del teclado a la guitarra?

Precisamente en Diamantes, porque el guitarrista dejó la banda y cuando estaban pensando en un sustituto, pues resulta que yo siempre fui guitarrista, así que me propusieron tocar la guitarra rítmica”.

El grupo al que perteneció Cristina antes de integrarse a El Columpio fue BOL, una banda de Navarra que lanzó tres álbumes entre 1998 y 2001, y en la que nuestra protagonista componía, cantaba y tocaba la guitarra, antes de migrar hacia nuevos horizontes.

Cristina, quien se define como una persona bastante inquieta, comienza a hacer memoria y recuerda más proyectos en los que ha participado:

“Cuando estaba estudiando en Bilbao había una banda que se llamaba Little Fish, que hacían una especie de pop rock, entre Jimmi Hendrix y Lenny Kravitz, y yo estuve haciendo coros con ellos bastante tiempo… Después hice una colaboración con el ex bajista del Columpio en un proyecto llamado Motel Tokio”.


También hiciste algo con Sonic Trash.

Sí, también de Bilbao, es cierto. Esa colaboración la hicimos aquí en Pamplona, en el sello de Hans Kruger, así que me llamaron y yo lo hice encantadísima, aparte de que aquí (en su ciudad) tampoco somos tantos y de alguna manera se va mezclando todo el mundo.


Escucha aquí una selección de canciones de Cristina Martínez, dentro y fuera de El Columpio Asesino


¿Qué nos dices de Los Graves?

Ese fue un proyecto muy bonito que hicimos con unos amigos, simplemente para divertirnos. No hicimos muchos conciertos, pero me lo pasé bomba.


¿Cómo se dio la colaboración con Nacho Vegas en “La última atrocidad”?

Eso fue muy bonito, porque además me lo propuso hace un montón de años en la Ciudad de México; coincidimos en un Vive Latino y me acuerdo que estábamos desayunando y que Nacho me dijo que tenía un tema para mi, así que le dije que contara conmigo cuando lo necesitara y de repente, cuando estaba haciendo el disco Violética me llamó y grabamos el tema… Fue muy bonito porque me invitó un fin de semana al estudio de Edu Baos y la pasamos muy divertido, además de que nació una preciosa amistad y una relación muy chula.

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Y luego vino la invitación de León Benavente.

Sí, nosotros tenemos una gran relación con ellos por muchas cosas, nos conocemos desde hace muchísimos años por diferentes motivos… Por ejemplo, con Edu Baos grabé una colaboración para Ornamento y Delito que es otro grupo muy interesante de acá. Con César, que también es de León Benavente, también tenemos una relación porque él tenía un grupo que se llamaba Swat y lo conocimos por él.


Hay otro proyecto en el que cantaste tres canciones, Cabezafuego.

Sí, bueno Cabezafuego es un gran amigo nuestro, es una persona maravillosa que estuvo trabajando con El Columpio muchísimos años y tiene ese proyecto personal, que lo produjo Daniel Ulecia, también de El columpio… ¿Cómo no iba a participar? ¡Lo que él me pida!

Es entonces cuando notamos que, reuniendo todas estas colaboraciones, ya hay suficiente material como para un disco recopilatorio de los proyectos en los que esta mujer ha participado.

“Pues sí oye, la verdad es que no me lo había planteado, pero pues es que son amigos todos los que me han invitado y por eso siempre he estado ahí… Pero sí, sería interesante recuperarlas todas”.

Finalmente, Cristina sugiere que vienen por ahí más colaboraciones de las cuales aún no puede revelar información, hasta que los artistas correspondientes las den a conocer.

Ella es Cristina Martínez, la voz que (quizá) no habías descubierto.

Lo mejor de su historia, como la de cualquier otro músico que se considere inquieto, es que aún sigue escribiéndose con excelente material, en este caso tanto dentro como fuera de El Columpio Asesino.

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A primera escucha pocos reconocerán el nombre de Cristina Martinez, sobre todo porque en los países de habla hispana deben existir miles de mujeres que lleven ese nombre y apellido. Pero si hablamos de El Columpio Asesino, inmediatamente vienen a nuestra memoria algunos de los éxitos de la última etapa de esta banda, cantados precisamente por esta mujer.

Su historia es singular, ya que Cristina en realidad se había concentrado en tocar la guitarra y cuando mucho hacer por ahí uno que otro coro. Ya como parte de El Columpio Asesino, la artista comenzó a compartir el micrófono con Albaro Arizaleta, el baterista y fundador de la banda, quien ejecutaba ese papel desde sus inicios, sentado precisamente frente a los tambores.

Pero algo inesperado sucedió, sobre todo a partir del éxito que los de Pamplona tuvieron con “Toro” la canción extraída de su disco Diamantes (2011). De pronto, aquella banda en la que sólo se reconocía una voz masculina, ya era un conjunto de dos voces, que en todo caso se complementaban muy bien, algo que se confirmó en sus siguientes producciones discográficas: Ballenas muertas en San Sebastián (2014) y Ataque celeste (2020).

Esto representó un crecimiento a nivel estilístico para la banda, que ahora podía no sólo vestir sus canciones con dos timbres de voz muy diferentes, sino echar mano de más recursos, como la utilización de las voces de otras formas menos tradicionales, por ejemplo como un instrumento más dentro del grupo.

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Durante alguna conversación con el propio Albaro acerca de la segunda etapa del grupo, ya con dos vocalistas, le preguntamos si no se sentía de alguna manera desplazado por la figura de Cristina, a lo que respondió que por el contrario, esto representaba para él un alivio, ya que nunca se sintió realmente cómodo siendo la voz principal o única del grupo.


Invitada de otros grandes grupos

Tras el suceso comercial de “Toro”, El Columpio Asesino llegó a nuevos públicos y Cristina comenzó a figurar como invitada en los discos de otros artistas importantes, como sería el caso de León Benavente (en el disco Ser Brigada), Nacho Vegas (en Violética) y Love Of Lesbian (en V.E.H.N.), entre otros.

Pero volviendo al principio de esta historia, ¿cómo fue el primer momento en el que Cristina Martínez se planteó la idea de pararse frente al micrófono en El Columpio Asesino?

“Bueno fue de una manera muy natural y creo que bastante suave, porque empecé a colaborar con ellos en el segundo disco (De mi sangre a tus cuchillas, 2006) ya que yo estaba en otra banda, pero ya los conocía y me propusieron cantar un tema (“No llores más)”.

“De alguna manera ahí se inició nuestra unión, primero porque me pedían: ¿Por qué no cantas unos coros aquí o acá? Así que ya estaba en dos o tres temas. Luego, en el siguiente disco (La gallina, 2008) fui cantando más y sentimos que quedaba bien… Fue cuando me propusieron irme de gira con ellos para tocar los teclados… Recuerdo que me preguntaron: ¿Sabes tocar los teclados? Y yo les dije que claro, que sí, aunque la verdad era que no tenía ni idea… Lo que hice fue aprender rapidísimo, así que hice toda la gira con ellos y ya fue en el siguiente disco (Diamantes) cuando empecé un poco más de peso”, asegura.

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Para Cristina, esta nueva fórmula de trabajo dentro del grupo ha funcionado porque hacen un trabajo de equipo en el que la unión es muy buena:

“El trabajo lo enfocamos sobre todo en el sentido de que si hay una canción la prueba Albaro, luego la pruebo yo, y el que mejor resulte es el que al final la realiza, aunque tengo que decir que siempre ha pasado algo muy curioso con nuestras voces, llegando un punto en el que yo ya no sé si soy yo o es él, o sea que también nos hemos llegado a mimetizar, y es una cosa súper curiosa porque nuestras voces no son parecidas, pero hay un punto en el que hemos hecho una especie de equilibrio entre él y yo”.

Agrega que en la lógica del grupo no hay espacio para egos, por lo que ella frecuentemente le sugiere a Albaro que canten ciertos temas juntos.

“Nos hemos entendido bien, sobre todo por la idea de ser un equipo, por lo que si es necesario que yo toque la pandereta pues la toco… Siempre estamos un poco dispuestos a lo que nos pide la música”.


¿Y cómo fue que te pasaste del teclado a la guitarra?

Precisamente en Diamantes, porque el guitarrista dejó la banda y cuando estaban pensando en un sustituto, pues resulta que yo siempre fui guitarrista, así que me propusieron tocar la guitarra rítmica”.

El grupo al que perteneció Cristina antes de integrarse a El Columpio fue BOL, una banda de Navarra que lanzó tres álbumes entre 1998 y 2001, y en la que nuestra protagonista componía, cantaba y tocaba la guitarra, antes de migrar hacia nuevos horizontes.

Cristina, quien se define como una persona bastante inquieta, comienza a hacer memoria y recuerda más proyectos en los que ha participado:

“Cuando estaba estudiando en Bilbao había una banda que se llamaba Little Fish, que hacían una especie de pop rock, entre Jimmi Hendrix y Lenny Kravitz, y yo estuve haciendo coros con ellos bastante tiempo… Después hice una colaboración con el ex bajista del Columpio en un proyecto llamado Motel Tokio”.


También hiciste algo con Sonic Trash.

Sí, también de Bilbao, es cierto. Esa colaboración la hicimos aquí en Pamplona, en el sello de Hans Kruger, así que me llamaron y yo lo hice encantadísima, aparte de que aquí (en su ciudad) tampoco somos tantos y de alguna manera se va mezclando todo el mundo.


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¿Qué nos dices de Los Graves?

Ese fue un proyecto muy bonito que hicimos con unos amigos, simplemente para divertirnos. No hicimos muchos conciertos, pero me lo pasé bomba.


¿Cómo se dio la colaboración con Nacho Vegas en “La última atrocidad”?

Eso fue muy bonito, porque además me lo propuso hace un montón de años en la Ciudad de México; coincidimos en un Vive Latino y me acuerdo que estábamos desayunando y que Nacho me dijo que tenía un tema para mi, así que le dije que contara conmigo cuando lo necesitara y de repente, cuando estaba haciendo el disco Violética me llamó y grabamos el tema… Fue muy bonito porque me invitó un fin de semana al estudio de Edu Baos y la pasamos muy divertido, además de que nació una preciosa amistad y una relación muy chula.

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Sí, nosotros tenemos una gran relación con ellos por muchas cosas, nos conocemos desde hace muchísimos años por diferentes motivos… Por ejemplo, con Edu Baos grabé una colaboración para Ornamento y Delito que es otro grupo muy interesante de acá. Con César, que también es de León Benavente, también tenemos una relación porque él tenía un grupo que se llamaba Swat y lo conocimos por él.


Hay otro proyecto en el que cantaste tres canciones, Cabezafuego.

Sí, bueno Cabezafuego es un gran amigo nuestro, es una persona maravillosa que estuvo trabajando con El Columpio muchísimos años y tiene ese proyecto personal, que lo produjo Daniel Ulecia, también de El columpio… ¿Cómo no iba a participar? ¡Lo que él me pida!

Es entonces cuando notamos que, reuniendo todas estas colaboraciones, ya hay suficiente material como para un disco recopilatorio de los proyectos en los que esta mujer ha participado.

“Pues sí oye, la verdad es que no me lo había planteado, pero pues es que son amigos todos los que me han invitado y por eso siempre he estado ahí… Pero sí, sería interesante recuperarlas todas”.

Finalmente, Cristina sugiere que vienen por ahí más colaboraciones de las cuales aún no puede revelar información, hasta que los artistas correspondientes las den a conocer.

Ella es Cristina Martínez, la voz que (quizá) no habías descubierto.

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