/ domingo 28 de febrero de 2021

Trumpistas se esparcen en las redes sociales

* Tras el veto de Facebook y Twitter, extremistas buscan opciones sin regulación y que son más confidenciales

SAN FRANCISCO. Gab en lugar de Twitter, MeWe por Facebook, Telegram para mensajería y Discord para personas con información privilegiada. Vetados en las plataformas principales, los movimientos conspirativos y supremacistas de Estados Unidos, muchos de los cuales apoyan a Donald Trump, se han trasladado a redes que son más confidenciales y más difíciles de regular.

"Los partidarios más extremos de Trump ya estaban en plataformas alternativas", dijo Nick Backovic, investigador de Logically.AI, una empresa especializada en desinformación en la red.

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"El hecho de que Facebook y Twitter tardaran tanto (en prohibirlos) permitió a las personas influyentes reconstruir conversaciones y grupos casi sin problemas".

Después de la toma del Capitolio del 6 de enero en Washington, las principales redes sociales tomaron medidas contra las organizaciones involucradas, como Oath Keepers, Three Percenters y Proud Boys.

Facebook intensificó la purga de perfiles vinculados a movimientos armados. Se cerraron casi 900 cuentas. Twitter prohibió permanentemente a Trump y cerró 70.000 cuentas afiliadas a QAnon, un grupo que mantiene la teoría de que el expresidente está involucrado en una batalla contra una presunta "élite" compuesta por pedófilos adoradores de Satán.

"La demolición funciona", dijo Jim Steyer, presidente de la organización Common Sense Media. "Ahora que Trump no está en Twitter, perdió su gran altavoz".

ANTIVACUNAS

Pero millones de fervientes extremistas y teóricos de la conspiración se niegan a detenerse, según los expertos, que temen que la censura unirá a algunas personas de perfiles muy diferentes.

"Mira la composición de QAnon, tienes gente que tradicionalmente se uniría a las milicias. Y también tienes algunos republicanos tradicionales, tienes instructores de yoga y mujeres blancas de clase media que llevan a sus hijos al fútbol", dijo Alex Goldenberg, analista del centro de investigación Network Contagion Research Institute (NCRI).

"Había una gran diferencia entre estas comunidades conspirativas y las comunidades nazis tradicionales o comunidades supremacistas blancas. Pero parece que, frente a la censura, están empezando a fusionarse en las mismas comunidades, porque ese es realmente el único lugar que les queda para ir", dijo.

Muchos se están uniendo bajo otras pancartas, en particular la del movimiento antivacunas. En la plataforma de mensajería encriptada Telegram, grupos compuestos por decenas de miles de partidarios de Trump comparten falsos rumores sobre "vacunas de la despoblación", entre insultos contra el presidente estadounidense, Joe Biden, y los inmigrantes.

A ojos de las autoridades, estos intercambios de mensajes son similares a las conversaciones de bar o a las de una mesa familiar.

Pero aunque la expulsión de las principales plataformas ha limitado la capacidad de reclutar de los movimientos extremistas, las brasas arden bajo las cenizas.

A fines de enero, por ejemplo, un grupo de manifestantes interrumpió el proceso de vacunación contra el covid-19 en un estadio de Los Ángeles.

Pero la necesidad de regular plataformas alternativas choca con imposiciones morales y prácticas. Los límites de la libertad de expresión son objeto de un acalorado debate en Estados Unidos.

“CONTAMINACIÓN” DIGITAL

Parler, una de las alternativas a Twitter preferida por los conservadores, estuvo fuera de servicio durante varias semanas porque Google, Apple y Amazon la habían vetado por no moderar el contenido que incitaba a la violencia. Pero la plataforma volvió a estar en línea a mediados de febrero.

Gab y MeWe, plataformas parecidas a Facebook, vieron explotar su popularidad a raíz del ataque al Capitolio del 6 de enero. Según Goldenberg, las plataformas son utilizadas principalmente por personas que necesitan expresar su frustración.

"No hubo una pandemia en 2020. La gripe se utilizó como arma para destruir la economía y robarle las elecciones (a Trump)", insistió el usuario de Gab ILoveJesusChrist123 en un comentario a una declaración del expresidente publicada en la plataforma.

Telegram es más propicio para la acción, a través de grupos privados encriptados. Los aficionados a las armas de fuego, por otro lado, interactúan en el foro MyMilitia.com.

Ambas redes se han esforzado por moderar las publicaciones, pero carecen de los recursos necesarios.

"Tenemos que pensar en el movimiento actual como la contaminación. Estos grupos crecieron en poder e influencia porque pudieron operar libremente en Facebook y Twitter", dijo Emerson Brooking, especialista en extremistas y desinformación del grupo de expertos del Atlantic Council.

Brooking recomienda que estas plataformas encuentren la manera de compartir equipos de moderadores y recursos digitales.

El gobierno también debería intervenir, dice John Farmer, del NCRI: "El gobierno tiene la responsabilidad (...) de tratar esas plataformas de la misma manera que, por ejemplo, cosas esenciales como el agua y la electricidad, y los medios de difusión solían ser tratados como un bien público, y por lo tanto, sujetos a una regulación razonable".

SAN FRANCISCO. Gab en lugar de Twitter, MeWe por Facebook, Telegram para mensajería y Discord para personas con información privilegiada. Vetados en las plataformas principales, los movimientos conspirativos y supremacistas de Estados Unidos, muchos de los cuales apoyan a Donald Trump, se han trasladado a redes que son más confidenciales y más difíciles de regular.

"Los partidarios más extremos de Trump ya estaban en plataformas alternativas", dijo Nick Backovic, investigador de Logically.AI, una empresa especializada en desinformación en la red.

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"El hecho de que Facebook y Twitter tardaran tanto (en prohibirlos) permitió a las personas influyentes reconstruir conversaciones y grupos casi sin problemas".

Después de la toma del Capitolio del 6 de enero en Washington, las principales redes sociales tomaron medidas contra las organizaciones involucradas, como Oath Keepers, Three Percenters y Proud Boys.

Facebook intensificó la purga de perfiles vinculados a movimientos armados. Se cerraron casi 900 cuentas. Twitter prohibió permanentemente a Trump y cerró 70.000 cuentas afiliadas a QAnon, un grupo que mantiene la teoría de que el expresidente está involucrado en una batalla contra una presunta "élite" compuesta por pedófilos adoradores de Satán.

"La demolición funciona", dijo Jim Steyer, presidente de la organización Common Sense Media. "Ahora que Trump no está en Twitter, perdió su gran altavoz".

ANTIVACUNAS

Pero millones de fervientes extremistas y teóricos de la conspiración se niegan a detenerse, según los expertos, que temen que la censura unirá a algunas personas de perfiles muy diferentes.

"Mira la composición de QAnon, tienes gente que tradicionalmente se uniría a las milicias. Y también tienes algunos republicanos tradicionales, tienes instructores de yoga y mujeres blancas de clase media que llevan a sus hijos al fútbol", dijo Alex Goldenberg, analista del centro de investigación Network Contagion Research Institute (NCRI).

"Había una gran diferencia entre estas comunidades conspirativas y las comunidades nazis tradicionales o comunidades supremacistas blancas. Pero parece que, frente a la censura, están empezando a fusionarse en las mismas comunidades, porque ese es realmente el único lugar que les queda para ir", dijo.

Muchos se están uniendo bajo otras pancartas, en particular la del movimiento antivacunas. En la plataforma de mensajería encriptada Telegram, grupos compuestos por decenas de miles de partidarios de Trump comparten falsos rumores sobre "vacunas de la despoblación", entre insultos contra el presidente estadounidense, Joe Biden, y los inmigrantes.

A ojos de las autoridades, estos intercambios de mensajes son similares a las conversaciones de bar o a las de una mesa familiar.

Pero aunque la expulsión de las principales plataformas ha limitado la capacidad de reclutar de los movimientos extremistas, las brasas arden bajo las cenizas.

A fines de enero, por ejemplo, un grupo de manifestantes interrumpió el proceso de vacunación contra el covid-19 en un estadio de Los Ángeles.

Pero la necesidad de regular plataformas alternativas choca con imposiciones morales y prácticas. Los límites de la libertad de expresión son objeto de un acalorado debate en Estados Unidos.

“CONTAMINACIÓN” DIGITAL

Parler, una de las alternativas a Twitter preferida por los conservadores, estuvo fuera de servicio durante varias semanas porque Google, Apple y Amazon la habían vetado por no moderar el contenido que incitaba a la violencia. Pero la plataforma volvió a estar en línea a mediados de febrero.

Gab y MeWe, plataformas parecidas a Facebook, vieron explotar su popularidad a raíz del ataque al Capitolio del 6 de enero. Según Goldenberg, las plataformas son utilizadas principalmente por personas que necesitan expresar su frustración.

"No hubo una pandemia en 2020. La gripe se utilizó como arma para destruir la economía y robarle las elecciones (a Trump)", insistió el usuario de Gab ILoveJesusChrist123 en un comentario a una declaración del expresidente publicada en la plataforma.

Telegram es más propicio para la acción, a través de grupos privados encriptados. Los aficionados a las armas de fuego, por otro lado, interactúan en el foro MyMilitia.com.

Ambas redes se han esforzado por moderar las publicaciones, pero carecen de los recursos necesarios.

"Tenemos que pensar en el movimiento actual como la contaminación. Estos grupos crecieron en poder e influencia porque pudieron operar libremente en Facebook y Twitter", dijo Emerson Brooking, especialista en extremistas y desinformación del grupo de expertos del Atlantic Council.

Brooking recomienda que estas plataformas encuentren la manera de compartir equipos de moderadores y recursos digitales.

El gobierno también debería intervenir, dice John Farmer, del NCRI: "El gobierno tiene la responsabilidad (...) de tratar esas plataformas de la misma manera que, por ejemplo, cosas esenciales como el agua y la electricidad, y los medios de difusión solían ser tratados como un bien público, y por lo tanto, sujetos a una regulación razonable".

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