/ lunes 22 de abril de 2019

Estado mexicano debe pedir perdón a víctimas por las explosiones del 22 de abril

Sonia Solórzano, sobreviviente de la explosión recuerda en entrevista con EL OCCIDENTAL “es como si tu pones un puñado de gente en una licuadora y la prendes, así nos veíamos todos unos con otros”

Con los recuerdos a flor de piel, a 27 años de la mayor tragedia ocurrida en Guadalajara: las explosiones del 22 de abril de 1992, donde hoy lo puede platicar al ser una sobreviviente. Sonia Solórzano, recuerda en entrevista con EL OCCIDENTAL “es como si tu pones un puñado de gente en una licuadora y la prendes, así nos veíamos todos unos con otros”.

El Gobierno Federal debe reconocer el daño que se hizo, y al menos es pedir perdón a víctimas, damnificados y en memoria de todos los fallecidos.

A Fernando Carrera el paramédico reitera su agradecimiento, no hay palabras más que “gracias”, manifestó.

Lo recuerda como si fuera ayer ese miércoles 22 de abril, en ese entonces tenía 19 años de edad, trabajaba en la zona centro de Guadalajara y se dirigía a su trabajo que por ser Semana Santa le tocaba guardia, agrega que se paró en la calle río Anahuac y Río Ameca para tomar el camión y estaban con ella dos personas una de la tercera edad , a quien le costaba trabajo subirse al camión, no escuchaba bien.


No dejes de leer:


Recuerda que se subió y llegó hasta la puerta de atrás y arranó el camión que continuó en la siguiente calle por Río Lagos y “sentimos como un golpe muy fuerte en la parte trasera del camión, no escuché ruido, sino un golpe fuerte que me hizo perder el equilibrio, no recuerdo si pegué con el pasamanos o el techo, perdí el conocimiento”.

Cuando recobra el conocimiento, indica que de ir en la parte de atrás, estaba tirada detrás del asiento del chofer.

Alcanza a escuchar ¡sí está viva!, ¿puedes caminar?, ¿puedes escuchar? y se referían a ella. Arriba de ella había 4 personas muertas y daban por hecho que ella estaba muerta.

La empiezan a ver que se puede mover y la ayudan. Había poca gente en el camión y era porque no tenían forma de moverse por sí solos. “había una señora que gritaba que le ayudarán, no tenía sus zapatos, se aferraba a ellos para poderse bajar; había otra señora con las piernas destrozadas; a un costado de mi estaba un señor que parecía que tuviera fracturada la cadera no se podía enderezar; otra persona prensada en los asientos; otra tirada en el piso; otra prensada con sus propias manos entre los fierros y no se podía soltar”.


Chécalo:


Al principio pensó que el camión había chocado, al darse cuenta “era como si estuviéramos en medio de una guerra sin saberlo, porque había casas destruidas, les caían piedras, veía mucho polvo y casas en ruinas.

Nadie se atrevía a subir al camión, lo que gritaban era que corrieran porque ya venía otra explosión, ya que un camión de gas también se había volteado con cilindros de gas una cuadra hacia adelante.

Recuerda también que llegó un fotógrafo de la revista Alarma tomándole fotos a todos, sin ayudar, ya que estaba haciendo su trabajo, hoy lo justifica, en ese entonces lo criticó, sin embargo, hoy lo agradece porque le permitió hace 2 años agradecer que le haya salvado la vida un paramédico de la Cruz Roja, Fernando Carrera.

El paramédico valoró caso por caso para coordinar el rescate, a ella la dejan al final porque “estaba prensada entre los fierros de los asientos, en ese momento no sentía dolor, me decían sí me podía subir al asiento que estaba en mis espaldas, y trataron de subirme, yo les dije que sí, sin saber que el brazo izquierdo me truena, tuve fractura y luxación y la pierna fue cuando sentí que me la arrancaban y me di cuenta de que estaba totalmente volteada, con una herida abierta de 10 a 15 centímetros con el hueso por fuera, lo que yo creí que era agua, era mi propia sangre en la que estaba sentada, fue cuando el rescatista reaccionó y vio mi daño y me dijo que no me moviera”.



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Sonia, señala que le entablillan su pierna y para ello le dan un trapo para que se lo ponga en la boca y no gritara y poder acomodarle la pierna y entablillarla, y la bajan por la ventanilla de cabeza, “me pedían que no abriera los ojos, pero tú sabes eso es imposible, recuerdo que me tocó ver personas aplastadas abajo del camión, partes de cuerpo, gente gritando ensangrentada, te depositaban en el piso todo en ruinas y esperar a que llegara la ambulancia que por lo mismo no había ambulancias que te llevaran al momento, me tocó ver que personas enterradas de medio cuerpo, vi a una señora que gritaba que cuidaran a su bebe, ¡cuiden a mi bebe, sálvenlo!, me le quedé viéndola, ella se refería a su bebe que estaba en su panza, ya que estaba embarazada, en el momento en que la sacaron ella como que se desguanzó, dio un suspiro como que falleció, me volteé al otro lado y vi charcos de sangre, el camión quedó al filo de una especie de zanja (donde fue la explosión) y vi manos ensangrentadas saliendo”.

Pasó una hora pasó desde la explosión a cuando la rescataran. El camión en que iban explotó a una cuadra del telefonista que quedó prensado, traía a su niño que murió abajo dela camioneta. Los trasladaron a la Cruz Verde en Medrano. De ahí la derivaron porque urgía que le hicieran una cirugía porque estaba desangrándose, no había ambulancias por lo que la llevaron en una carroza fúnebre, quien conducía le pedía numerosas veces perdón por ello, “si me preguntas lo que es viajar en una carroza fúnebre aún con vida es horrible”.

No ha habido justicia, sabemos quién es el culpable: Pemex, “justicia es lo que pedimos, respeto a nuestra condición que nos dejó esta tragedia, personas con discapacidad y que portamos cicatrices, muchas de ellas en el alma, otras cicatrices físicas que llevamos en nuestros cuerpos, lo que pedimos es verdad, respeto y justicia y no ser revictimizados”.

Con los recuerdos a flor de piel, a 27 años de la mayor tragedia ocurrida en Guadalajara: las explosiones del 22 de abril de 1992, donde hoy lo puede platicar al ser una sobreviviente. Sonia Solórzano, recuerda en entrevista con EL OCCIDENTAL “es como si tu pones un puñado de gente en una licuadora y la prendes, así nos veíamos todos unos con otros”.

El Gobierno Federal debe reconocer el daño que se hizo, y al menos es pedir perdón a víctimas, damnificados y en memoria de todos los fallecidos.

A Fernando Carrera el paramédico reitera su agradecimiento, no hay palabras más que “gracias”, manifestó.

Lo recuerda como si fuera ayer ese miércoles 22 de abril, en ese entonces tenía 19 años de edad, trabajaba en la zona centro de Guadalajara y se dirigía a su trabajo que por ser Semana Santa le tocaba guardia, agrega que se paró en la calle río Anahuac y Río Ameca para tomar el camión y estaban con ella dos personas una de la tercera edad , a quien le costaba trabajo subirse al camión, no escuchaba bien.


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Recuerda que se subió y llegó hasta la puerta de atrás y arranó el camión que continuó en la siguiente calle por Río Lagos y “sentimos como un golpe muy fuerte en la parte trasera del camión, no escuché ruido, sino un golpe fuerte que me hizo perder el equilibrio, no recuerdo si pegué con el pasamanos o el techo, perdí el conocimiento”.

Cuando recobra el conocimiento, indica que de ir en la parte de atrás, estaba tirada detrás del asiento del chofer.

Alcanza a escuchar ¡sí está viva!, ¿puedes caminar?, ¿puedes escuchar? y se referían a ella. Arriba de ella había 4 personas muertas y daban por hecho que ella estaba muerta.

La empiezan a ver que se puede mover y la ayudan. Había poca gente en el camión y era porque no tenían forma de moverse por sí solos. “había una señora que gritaba que le ayudarán, no tenía sus zapatos, se aferraba a ellos para poderse bajar; había otra señora con las piernas destrozadas; a un costado de mi estaba un señor que parecía que tuviera fracturada la cadera no se podía enderezar; otra persona prensada en los asientos; otra tirada en el piso; otra prensada con sus propias manos entre los fierros y no se podía soltar”.


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Al principio pensó que el camión había chocado, al darse cuenta “era como si estuviéramos en medio de una guerra sin saberlo, porque había casas destruidas, les caían piedras, veía mucho polvo y casas en ruinas.

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Recuerda también que llegó un fotógrafo de la revista Alarma tomándole fotos a todos, sin ayudar, ya que estaba haciendo su trabajo, hoy lo justifica, en ese entonces lo criticó, sin embargo, hoy lo agradece porque le permitió hace 2 años agradecer que le haya salvado la vida un paramédico de la Cruz Roja, Fernando Carrera.

El paramédico valoró caso por caso para coordinar el rescate, a ella la dejan al final porque “estaba prensada entre los fierros de los asientos, en ese momento no sentía dolor, me decían sí me podía subir al asiento que estaba en mis espaldas, y trataron de subirme, yo les dije que sí, sin saber que el brazo izquierdo me truena, tuve fractura y luxación y la pierna fue cuando sentí que me la arrancaban y me di cuenta de que estaba totalmente volteada, con una herida abierta de 10 a 15 centímetros con el hueso por fuera, lo que yo creí que era agua, era mi propia sangre en la que estaba sentada, fue cuando el rescatista reaccionó y vio mi daño y me dijo que no me moviera”.



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Pasó una hora pasó desde la explosión a cuando la rescataran. El camión en que iban explotó a una cuadra del telefonista que quedó prensado, traía a su niño que murió abajo dela camioneta. Los trasladaron a la Cruz Verde en Medrano. De ahí la derivaron porque urgía que le hicieran una cirugía porque estaba desangrándose, no había ambulancias por lo que la llevaron en una carroza fúnebre, quien conducía le pedía numerosas veces perdón por ello, “si me preguntas lo que es viajar en una carroza fúnebre aún con vida es horrible”.

No ha habido justicia, sabemos quién es el culpable: Pemex, “justicia es lo que pedimos, respeto a nuestra condición que nos dejó esta tragedia, personas con discapacidad y que portamos cicatrices, muchas de ellas en el alma, otras cicatrices físicas que llevamos en nuestros cuerpos, lo que pedimos es verdad, respeto y justicia y no ser revictimizados”.

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