/ jueves 7 de noviembre de 2019

Científicos del mundo declaran emergencia climática

Especialistas advierten de la gran amenaza que significa y la alerta va dirigida a los responsables de tomar decisiones

WASHINGTON. Mes a mes se hace más profunda la necesidad de acción para paliar la crisis climática y “nos queda, horriblemente, poco tiempo para hacerlo”, según la bióloga Phoebe Barnard, una de los más de 11 mil científicos de todo el mundo que han advertido sobre una emergencia climática.

La intención de la declaración, publicada en la revista BioScience, es “galvanizar a la gente, especialmente a los políticos y a quienes toman decisiones, a fin de que se pongan en acción”, dijo Barnard en una entrevista desde la Universidad de Washington, en el estado del mismo nombre.

Thomas Newsome, de la Universidad de Sydney, Australia, señaló en el artículo que “los científicos tienen una obligación moral de advertir a la humanidad acerca de cualquier gran amenaza”, y que, a tenor de los datos que manejan, “es claro que encaramos una emergencia climática”.

La presión sobre los gobernantes y los dirigentes políticos y empresariales apunta a “mostrarles que ya no queda mucho espacio para seguir dando vueltas sin emprender acciones acerca del cambio climático, pues nos queda un tiempo horriblemente corto”, dijo Barnard.

La bióloga afirmó que encarar el cambio climático requiere un enfoque nuevo de “nuestros sistemas de valores, nuestros sistemas políticos y económicos, y el tipo de líderes que elegimos”.

UN CAMBIO MULTIDIMENSIONAL

“Aún en nuestra vida cotidiana se requieren cambios en la forma en que nos relacionamos con nuestros vecinos, es parte de un cambio multidimensional”, continuó. “Necesitamos usar todas las herramientas a nuestra disposición y debe haber cambios desde lo alto del poder a las bases, desde las bases hacia arriba, en todas las direcciones”.

Los cambios “no son tan difíciles de lograr como pueda parecer”, dijo Barnard. “Es un estilo de vida que ofrece más satisfacciones en la vida, y un abandono de sistemas que no nos han servido tan bien”.

Barnard, con una amplia carrera en biología y ciencias del medio ambiente en varias partes del mundo, señaló como ejemplos de un enfoque nuevo lo ocurrido en Namibia desde que logró la independencia, y en Sudáfrica desde que terminó el régimen de apartheid.

“Una vez terminado el dominio colonial, Namibia dio un paso atrás para considerar qué tipo de sociedad quería construir, y cómo llegar a ella”, relató. “Así se adoptó una constitución muy progresista, y se dio relevancia a factores ecológicos, de diversidad biológica”.

Algo similar ocurrió en Sudáfrica, según Barnard, donde una nueva etapa permitió la exploración “de cuestiones fundamentales, como qué tipo de sociedad global queremos, y cómo eso se traduce a nivel nacional y local”.

De su tiempo de estudio y trabajo en Suecia, observó la diferencia en el panorama político en relación con Estados Unidos. “Aquí, en mi país donde he retornado, todo se ve en términos binarios: conservador o liberal, mientras que en Suecia, en Dinamarca, en tantos otros países hay mucho entre ambos extremos, experiencias que pueden aplicarse, adaptarse”.

40 AÑOS DE DATOS

Los científicos firmantes de la declaración analizaron la información recogida durante más de 40 años y que es pública sobre el uso de la energía, las temperaturas en la superficie terrestre, el crecimiento de la población, la extensión de cultivos, la deforestación, la pérdida de hielo polar, los índices de fertilidad, las emisiones de dióxido de carbono y el producto interior bruto de las naciones.

El artículo, que se enfoca en las acciones para reducir el daño que causa el cambio climático, incluye indicadores que los investigadores describen como “señales vitales” relacionadas con ese cambio y las áreas que requieren una acción global inmediata.

Algunos de esos indicadores de la actividad humana son positivos, como la disminución de los índices de natalidad y la incorporación creciente de fuentes de energía renovables. Pero los indicadores muestra un panorama sombrío, incluida la creciente población de ganado para consumo humano, la pérdida de bosques y las emisiones de dióxido de carbono.

Los científicos enfatizaron seis objetivos: reforma del sector energético, reducción de los contaminantes de corta duración, restablecimiento de los ecosistemas, optimización del sistema de alimentación, el establecimiento de una economía libre de dióxido de carbono, y una población humana estable.

WASHINGTON. Mes a mes se hace más profunda la necesidad de acción para paliar la crisis climática y “nos queda, horriblemente, poco tiempo para hacerlo”, según la bióloga Phoebe Barnard, una de los más de 11 mil científicos de todo el mundo que han advertido sobre una emergencia climática.

La intención de la declaración, publicada en la revista BioScience, es “galvanizar a la gente, especialmente a los políticos y a quienes toman decisiones, a fin de que se pongan en acción”, dijo Barnard en una entrevista desde la Universidad de Washington, en el estado del mismo nombre.

Thomas Newsome, de la Universidad de Sydney, Australia, señaló en el artículo que “los científicos tienen una obligación moral de advertir a la humanidad acerca de cualquier gran amenaza”, y que, a tenor de los datos que manejan, “es claro que encaramos una emergencia climática”.

La presión sobre los gobernantes y los dirigentes políticos y empresariales apunta a “mostrarles que ya no queda mucho espacio para seguir dando vueltas sin emprender acciones acerca del cambio climático, pues nos queda un tiempo horriblemente corto”, dijo Barnard.

La bióloga afirmó que encarar el cambio climático requiere un enfoque nuevo de “nuestros sistemas de valores, nuestros sistemas políticos y económicos, y el tipo de líderes que elegimos”.

UN CAMBIO MULTIDIMENSIONAL

“Aún en nuestra vida cotidiana se requieren cambios en la forma en que nos relacionamos con nuestros vecinos, es parte de un cambio multidimensional”, continuó. “Necesitamos usar todas las herramientas a nuestra disposición y debe haber cambios desde lo alto del poder a las bases, desde las bases hacia arriba, en todas las direcciones”.

Los cambios “no son tan difíciles de lograr como pueda parecer”, dijo Barnard. “Es un estilo de vida que ofrece más satisfacciones en la vida, y un abandono de sistemas que no nos han servido tan bien”.

Barnard, con una amplia carrera en biología y ciencias del medio ambiente en varias partes del mundo, señaló como ejemplos de un enfoque nuevo lo ocurrido en Namibia desde que logró la independencia, y en Sudáfrica desde que terminó el régimen de apartheid.

“Una vez terminado el dominio colonial, Namibia dio un paso atrás para considerar qué tipo de sociedad quería construir, y cómo llegar a ella”, relató. “Así se adoptó una constitución muy progresista, y se dio relevancia a factores ecológicos, de diversidad biológica”.

Algo similar ocurrió en Sudáfrica, según Barnard, donde una nueva etapa permitió la exploración “de cuestiones fundamentales, como qué tipo de sociedad global queremos, y cómo eso se traduce a nivel nacional y local”.

De su tiempo de estudio y trabajo en Suecia, observó la diferencia en el panorama político en relación con Estados Unidos. “Aquí, en mi país donde he retornado, todo se ve en términos binarios: conservador o liberal, mientras que en Suecia, en Dinamarca, en tantos otros países hay mucho entre ambos extremos, experiencias que pueden aplicarse, adaptarse”.

40 AÑOS DE DATOS

Los científicos firmantes de la declaración analizaron la información recogida durante más de 40 años y que es pública sobre el uso de la energía, las temperaturas en la superficie terrestre, el crecimiento de la población, la extensión de cultivos, la deforestación, la pérdida de hielo polar, los índices de fertilidad, las emisiones de dióxido de carbono y el producto interior bruto de las naciones.

El artículo, que se enfoca en las acciones para reducir el daño que causa el cambio climático, incluye indicadores que los investigadores describen como “señales vitales” relacionadas con ese cambio y las áreas que requieren una acción global inmediata.

Algunos de esos indicadores de la actividad humana son positivos, como la disminución de los índices de natalidad y la incorporación creciente de fuentes de energía renovables. Pero los indicadores muestra un panorama sombrío, incluida la creciente población de ganado para consumo humano, la pérdida de bosques y las emisiones de dióxido de carbono.

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