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Violencia sin precedentes

  • Editorial

FRANCISCO JIMÉNEZ REYNOSO

Una ola de violencia se desató en días pasados, según el recuento de diversos medios de comunicación fueron 21 personas las que murieron violentamente, todos en la Zona Metropolitana en un fin de semana. De estas personas cuatro fueron asesinadas en Guadalajara, nueve en Tonalá, seis en Tlaquepaque y dos más en Tlajomulco.

En diversos hechos, se localizaron 13 cuerpos. Siete fueron en Tonalá, el común denominador fue que los homicidios se cometieron con armas de fuego, tres más en Guadalajara, dos fallecidos por heridas de bala y uno por arma blanca; dos en Tlaquepaque, un cuerpo envuelto en cobijas y otro del que se desconoce la causa de su muerte, además de un cadáver encobijado localizado en Tlajomulco.

Al recuento se suman ocho muertes más del pasado domingo 4 del presente mes: cuatro fueron en Tlaquepaque, dos cuerpos de los llamados encobijados y los otros dos con armas de fuego. Además de otros dos en Tonalá, un cuerpo envuelto en cobijas y una persona asesinada por su pareja con arma blanca; además de dos personas que murieron por heridas de arma de fuego, una en Tlajomulco y otra en Guadalajara.

La inseguridad y violencia no respeta condición social, cultural o económica.

Hubo un tiempo en México, que con todos y los problemas que vivíamos: la desigualdad económica dentro nuestra sociedad, conflictos ideológicos, entre otros, aún podíamos decir que vivíamos en un Estado de derecho…

Hoy lamentablemente no podemos decir lo mismo. Las cosas han cambiado. Todavía hace una década hacia atrás, se podía sentir el peso del Estado en México…

En virtud de lo anterior, es que las cosas se están saliendo de control, en materia de seguridad.

En México estamos entrando en una fase de sálvese quien pueda… donde impera la ley del más fuerte.

Hace un par de décadas, el Estado tenía el control de su pueblo. Hace más de una década que en el sur, parte del pueblo mexicano se levantó en contra de sus autoridades. Y hoy por hoy, lo que algunos llaman delincuencia organizado está haciendo sentir su peso controlando diversas regiones del país. Este encara y desafía al Gobierno mexicano, y en no pocos municipios las autoridades ya están sometidas por la delincuencia informal.

La Ley de Seguridad Interior es el resultado de la reacción de la clase política, que de forma caprichosa podrá articular con las Fuerzas Armadas para (se dice) controlar al crimen organizado, pero también lo podrá hacer para posiblemente reprimir a un pueblo que comienza a despertar y a levantarse contra su Gobierno.

Dicha ley no tendría razón de ser, ya que va en contra de lo que estipula la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (estudiar y analizar: artículo 21, 29, 129 y 136).

Una cosa es verdad, las Fuerzas Armadas ya están en las calles desde hace más de una década, cuando nada tenían que estar haciendo en las mismas. La corrupción, la incompetencia, la improvisación, el amiguismo, el nepotismo… en fin. Son los vicios culpables por la decisión que este Gobierno está tomando para normalizar que las Fuerzas Armadas continúen en las calles. Pero recordemos una cosa mexicanos: sobre la Constitución Mexicana no puede estar ni una Constitución Estatal, ni un reglamento, ni un código y tampoco una ley como la que estamos invocando.

 

jimenezabogado@gmail.com