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Pascua sobre misiles

  • Editorial

 

Jesús Rodríguez Gurrola

La celebración de la Pascua para la mayoría de las iglesias cristianas representa el “paso de la muerte a la vida”, celebración que culmina el llamado Sábado de Gloria con abundancia de flores y muchas luces.

Irónicamente, la muerte en estas fechas ha aparecido en diversos puntos de la tierra, con su conocido rostro de crueldad y de sevicia: bombas de gases tóxicos sobre la población civil de Siria, donde hubo -según la prensa- 58 muertos, once de ellos niños, poco después sobre el territorio de la misma nación, el presidente Trump, convertido por designios del Dios judío en guardián del orden mundial, ordenó el lanzamiento de 59 misiles Tomahawk, que causó la muerte de 86 civiles, no se sabe a ciencia cierta cuántos pequeños murieron, pues los medios no han tenido acceso directo a estos lugares.

Casi por el mismo tiempo, el citado personaje, apenas a 79 días de haber tomado posesión de su cargo, mandó a sus tropas lanzar sobre Afganistán “la madre de todas las bombas”, se desconoce el número de muertos.

Días después, precisamente el Sábado de Gloria, fanáticos de filiación  “yihadista” hicieron explotar un vehículo-bomba sobre un convoy de 75 autobuses, donde cientos de Sirios huían del paraíso del dictador Bashar al Ásad, matando 126 civiles, 65 niños, según las fuentes oficiales.

Muy lejos de esos linderos, en Corea del Norte millones de ciudadanos se encuentran en condición de “hambruna”, así lo establecen fuentes de la ONU, mientras su dirigente dice “estar listo para la guerra contra los ejércitos de Norteamérica”.

La población civil del resto del planeta, por lo tanto, se encuentra al borde de sufrir el desastre de una tercera guerra mundial, las voces de la cordura se hacen escuchar, pero miles, millones de seres conocen la dimensión de estos actos, hay silencio en los medios, las imágenes llegan a cuentagotas a la prensa y a la televisión, y en las redes se magnifican los sucesos de la farándula pero muy escasamente se hace alusión a esta crisis.

En los últimos días de vida del Jesús, según el apóstol Marcos, “Cuando faltaban dos días para la fiesta de la Pascua y de los ácimos, los sumos sacerdotes y los letrados buscaban apoderarse de él mediante un engaño para darle muerte…Mc.14,1”. En el mismo documento se describe después la tragedia vivida por este hombre, Judas lo entrega, “al que yo bese, ése es, arréstenlo” Mc. 14. 44. Pedro lo niega, “realmente eres de ellos, porque eres galileo”. “Entonces empezó a echar maldiciones y a jurar que no conocía al hombre del que hablaban” Mc. 14.71, “todos  huyen”, Mc. 14. 50, y Dios lo abandona. “Al medio día se oscureció todo el territorio hasta media tarde”.  Mc.15, 34 “A esa hora Jesús gritó con voz potente: Señor, Señor, ¿por qué me has abandonado? Mc 15. 33,

Lo que sucedió después es lo que ahora vivimos y sabemos, las interpretaciones se multiplicaron y los creyentes sólo esperan la “Parusía” Mt, 24-39, es decir la segunda venida del Cristo, para que todas estas “tribulaciones” terminen. Pero por hoy la Pascua se celebra en medio de una amenaza de hecatombe, de final de juego, del final de los días.