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Defensoría del pueblo: el futuro de los DH en Jalisco

  • Editorial

 

 

Edgar Enrique Velázquez González

En Jalisco se vive un clima de desconfianza e indignación en materia de derechos humanos. Esta semana, diversos perfiles académicos y de activistas en dicho tema se postularon para contender en la elección de presidente de la Comisión Estatal de Derecho Humanos Jalisco (CEDHJ).

La designación del ombudsman afecta la estructura moral y ocurre en la peor crisis de derechos humanos en México y nuestro estado. Por ello, la sociedad civil organizada, y no organizada, los académicos y buena parte de nuestras autoridades (como lo manifestaron), esperamos firmemente que la próxima gestión de quien resulte electo esté a la altura de lo que Jalisco necesita.

En Hagamos creemos que los derechos humanos son piedra angular del Estado; su defensa y protección, así como la atención adecuada a las víctimas que sufren violaciones, debe ser la función principal de un ombudsman. Creemos, además, que es posible realizar un cambio institucional de la CEDHJ. Hoy se vuelve necesario mutar de una comisión que sólo señala y emite recomendaciones a un modelo de defensoría del pueblo en el que ésta tiene parte jurídica. Una defensoría que presenta recursos legales ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) haciendo más accesible la justicia para las víctimas.

Otras características que deben ser parte del cambio hacia una defensoría del pueblo tienen que ver con la proximidad de ésta con los ciudadanos. Es preciso establecer un diálogo más directo entre las autoridades y la sociedad; el defensor de pueblo tiene que ser contestatario, no debe conformarse con la injusticia, tiene que buscar modificar la injusticia. Se requiere un perfil con experiencia y capacidad para enfrentar los retos que, en 10 años de una mala gestión, han dejado en la CEDHJ, pero sobre todo es fundamental una persona dispuesta a comprometerse con la implementación de esta defensoría del pueblo.

Desde Hagamos propondremos una serie de principios y acciones como exigencia para todos los aspirantes a contender a este cargo. Un decálogo que será un piso mínimo de compromiso para que, quien resulte electo, lleve a cabo las labores necesarias para convertir a la comisión en una institución con mayor eco en la ciudadanía y que sea un contrapeso político real. Una defensoría del pueblo. Ya lo dijo Cicerón hace muchos años: “El pasado no tiene remedio, pero el futuro sí”. Es momento de apostar por un futuro digno en materia de derechos humanos.