imagotipo

Costa Alegre olvidada

  • Editorial

Por Héctor Manuel Ramos Preciado

 

Luego de 20 años regresé hace días a pasar el año nuevo en la Costalegre una bellísima región conformada por cinco zonas de litorales ubicados en el Pacífico jalisciense: Bahía de Navidad, Bahía Tenacatita, Costa Careyes, Bahía de Chamela y Costa Majahuas. Cada una de estas zonas tiene un encanto mágico y un sinfín de bellezas naturales capaces de competir contra cualquier otra zona turística del planeta. Playas vírgenes, reservas ecológicas, islas, acantilados, ríos y bellos paisajes de selva, playa y  montaña. Paralelo a su vocación turística, la zona también tiene una gran importancia en la producción agropecuaria y piscícola, destacando en carne de ganado bovino, mango, plátano, papaya, piña, arroz, caña de azúcar y madera; entre otras cosas.

Para llegar a la bahía de Chamela (corazón de la Costalegre) que se ubica a 330 kilómetros de Guadalajara hay que invertir cinco horas de manejo en carretera. Hay dos opciones: por autopista de cuota hasta Manzanillo o por la carretera libre Autlán-Villa de Purificación. La vía Manzanillo es más larga, pero más segura hasta Manzanillo y la vía Autlán, es más corta pero más riesgosa ya que es de sólo dos carriles de circulación, con tránsito pesado y cuenta con varios tramos sinuosos.

Por donde decida uno arribar a la Costalegre, hay que invertirle desde Guadalajara el mismo tiempo que ir a la Ciudad de México que se encuentra a 210 kilómetros más de distancia y dos horas más de Manzanillo, que se encuentra casi a la misma distancia.

A pesar de tantos años y tan vertiginosos avances en distintas regiones del estado, Costalegre sigue estacionada en el tiempo emulando una República Bananera, pues a más de 20 años de que se le bautizara con ese nombre y se le declarara Corredor Turístico Ecológico con la promesa gubernamental de impulsarla, el impulso sólo ha sido de papel y de saliva. Aún persisten grandes contrastes entre playas VIP con acceso terrestre restringido (ellos les dicen privadas) y playas que aún tienen acceso público. Las mejores playas han sido acaparadas por grandes intereses particulares pero aún quedan playas vírgenes o semivírgenes al alcance de cualquiera, donde  hospedarse en ellas es realmente económico a cambio de los atractivos naturales que ofrece la región.

Hasta hoy, sóo se han dado pequeños esfuerzos en impulsar la Costalegre y su desarrollo sigue pendiente. Mientras no se le dote de un acceso carretero rápido y seguro (como Manzanillo por ejemplo) la región jamás detonará, pues mejorar las carreteras en cualquier parte del mundo equivale a mejorar la calidad de vida; algo que papá gobierno no entiende o no quiere entender por no tocar los poderosos intereses particulares de la región, a los que les conviene el estancamiento.

Aunque sea riesgoso y cansado ir a Costalegre, vale la pena vacacionar allá y dejar algunos pesos para su desarrollo. Si no, pregúntenle a los cientos de canadienses que cada año recorren miles de kilómetros en sus casas rodantes para quedarse en Punta Perula los meses donde el invierno es cruel en su país.