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AMLO: entre la necesidad de cambio y las dudas

  • Editorial

Ernesto Díaz Martínez

El presidente del partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), Andrés Manuel López Obrador, dijo esta semana que él no impondrá los candidatos que postule su partido, que los comités estatales serán los encargados de tomar esa decisión.

La declaración de AMLO, aunque parece propia de un demócrata, no termina de ser lo convincente que, seguramente, el propio López Obrador pretende. Lo anterior es así, ya que este asunto de las dirigencias y las candidaturas es de vital importancia para el tema de la credibilidad de la que tanto se ufanan los morenos, sobre todo cuando dicen que ellos no son lo mismo, que no son del montón.

El debate sobre este tema es de suma importancia por lo siguiente: La decisión de las dirigencias, delegados y enlaces de Morena, tienen estrecha relación con la prioridad del movimiento que es hacer presidente de México a su dirigente nacional. En ese afán se justifica la presencia de “morenos” de la calaña de los muy desprestigiados “chuchos” apoderados del PRD y aliados del gobierno y sus partidos, el PRI y el PAN.

Así pues, el manejo político que haga Morena para decidir sobre los candidatos a los diferentes puestos en disputa el próximo año, se verá con lupa, a la luz de una gran expectativa, la de un cambio verdadero donde se pueda recobrar la confianza del pueblo en la democracia, una que le sirva, no una donde se haga protagonista de un juego tramposo que hace ganar invariablemente a quienes le dan la espalda.

Al respecto, bien harían los “morenos” en dejar de hacerse los disimulados en eso de las candidaturas, o bien se van por el vulgar reparto de las mismas o por decidir el o los métodos de selección de candidatos. Y es que éste no es un asunto menor si se tiene que comparar; es tanto así como la decisión del gobierno de hacia dónde orienta los recursos públicos. Se trata de los hechos, los que hablan más que las palabras, de definir los verdaderos intereses, de con quién se quiere gobernar, a favor de quién se pedirá el voto popular.

Se trata también de acreditar en los hechos que AMLO no es el obcecado que defiende perrunamente a varios ojetes de los que, al mismo tiempo que lo adulan, tratan con la punta del pie a simpatizantes suyos. Se trata de que AMLO ya maduró, y que esta tercera candidatura presidencial no es para legitimar a los candidatos de la oligarquía, sino para ganar la presidencia de la República y de que la coyuntura tampoco será el río revuelto y la ganancia de arrastrados que aspiran al mal negocio del lavado de trayectorias que desafortunadamente AMLO, en su ánimo “amoroso”, ha realizado, o cándida o equivocadamente.

Lo anterior obliga a AMLO y su a equipo cercano hacerse responsables ante la opinión pública de demostrar, en los hechos, si el movimiento es la embarcación donde se trepan vividores para beneficio de sus proyectos personales, o Morena deja de ser un pretexto de la burocracia perfumada de cúpulas adueñadas de la última palabra y se convierte genuinamente en el principal instrumento del pueblo para hacer valer su voz, y para democratizar el poder; de hacer que AMLO se junte más con la gente del pueblo, y no que vaya solamente a decir discursos como lo hacen todos los políticos cuando quieren el voto de la gente.

Luego entonces, AMLO tiene un discurso que los exquisitos llaman antisistema, y que le es rentable en medio de la crisis de credibilidad de la oligarquía y sus partidos, sabiendo que hasta ahora a él no lo han podido involucrar en asuntos de corrupción. Eso está muy bien. Lo que no sería bueno es que Morena lance candidaturas de personajes sin compromiso ni mérito de lucha popular, como no pocos enlaces inútiles o como algunos de los personajes que saltaron de la mafia del poder al morenismo y han sido recibidos como héroes.