/ sábado 16 de noviembre de 2019

Universitarios, bálsamo social

Depresión, zozobra, angustia, desesperación y mil etcéteras más agobian la vida cotidiana. El reto ahora es convertir este inevitable tiempo de crisis en tiempo de renacimiento espiritual. Un movimiento que podría convertirse en palanca de desarrollo en este sentido es aquel que pudiere generarse a través de las universidades mirando hacia las personas con discapacidad. Organizar un programa de voluntariado por parte de los universitarios ofreciendo apoyo a este colectivo en sus actividades cotidianas de ocio y tiempo libre implicaría la apertura de la Universidad a su entorno.

Nadie podrá negar que la solidaridad es una medicina altamente eficiente, es un paliativo “urbi et orbi” en tiempos difíciles. Si esta se manifiesta por conducto de los universitarios bajo el esquema del voluntariado hacia las personas con discapacidad se podrá rescatar la histórica tradición de educación universitaria como integradora social, consiguiendo además que aumente la sensibilidad del estudiantado hacia la problemática de su comunidad.

La turbulenta frialdad de la indiferencia es un mal social que carcome las entrañas de la misma. Pocas veces en nuestro diario devenir nos damos la oportunidad de redimir las muchas carencias, materiales y afectivas, de nuestros conciudadanos. No movemos un dedo, pudiendo hacerlo, para evitar que la vida arrolle a miles de seres en los que el destino se ensaña: niños de la calle, personas con discapacidad, enfermos, madres solteras en estado de abandono, ancianos y cientos de fenómenos con calidad de apocalípticos.

Redimir de la indiferencia y el abandono al sector de la discapacidad a través del apoyo de los universitarios es un paso adelante que permite establecer un provechoso enlace entre el conocimiento científico y riguroso con la realidad social, cumpliendo así con una de las tareas prioritarias de la educación universitaria: la formación integral de los jóvenes.

Un movimiento de voluntariado así, es un recurso valido de apoyo a las familias en el que el disfrute: persona con discapacidad---voluntario se convierte en palpable y reciproco. Son experiencias difícilmente adquiridas a través de los libros que enriquecen al estudiante con actitudes ante la vida sustentada en el respeto, la empatia y la solidaridad.

Los estudiantes ejerciendo un voluntariado hacia las personas con discapacidad se convertirán en una legión de cofrades y protectores que rescaten de la acedía y el desencanto a estas personas, combatiendo paralelamente la frivolidad de las sociedades modernas, al redimirlos de la indiferencia y el abandono. La palabra la tenemos todos. Hay que tocar la puerta de las Universidades, sabiendo que estas se abrirán para recibir del colectivo de la discapacidad unas gracias repetidas para siempre.

Depresión, zozobra, angustia, desesperación y mil etcéteras más agobian la vida cotidiana. El reto ahora es convertir este inevitable tiempo de crisis en tiempo de renacimiento espiritual. Un movimiento que podría convertirse en palanca de desarrollo en este sentido es aquel que pudiere generarse a través de las universidades mirando hacia las personas con discapacidad. Organizar un programa de voluntariado por parte de los universitarios ofreciendo apoyo a este colectivo en sus actividades cotidianas de ocio y tiempo libre implicaría la apertura de la Universidad a su entorno.

Nadie podrá negar que la solidaridad es una medicina altamente eficiente, es un paliativo “urbi et orbi” en tiempos difíciles. Si esta se manifiesta por conducto de los universitarios bajo el esquema del voluntariado hacia las personas con discapacidad se podrá rescatar la histórica tradición de educación universitaria como integradora social, consiguiendo además que aumente la sensibilidad del estudiantado hacia la problemática de su comunidad.

La turbulenta frialdad de la indiferencia es un mal social que carcome las entrañas de la misma. Pocas veces en nuestro diario devenir nos damos la oportunidad de redimir las muchas carencias, materiales y afectivas, de nuestros conciudadanos. No movemos un dedo, pudiendo hacerlo, para evitar que la vida arrolle a miles de seres en los que el destino se ensaña: niños de la calle, personas con discapacidad, enfermos, madres solteras en estado de abandono, ancianos y cientos de fenómenos con calidad de apocalípticos.

Redimir de la indiferencia y el abandono al sector de la discapacidad a través del apoyo de los universitarios es un paso adelante que permite establecer un provechoso enlace entre el conocimiento científico y riguroso con la realidad social, cumpliendo así con una de las tareas prioritarias de la educación universitaria: la formación integral de los jóvenes.

Un movimiento de voluntariado así, es un recurso valido de apoyo a las familias en el que el disfrute: persona con discapacidad---voluntario se convierte en palpable y reciproco. Son experiencias difícilmente adquiridas a través de los libros que enriquecen al estudiante con actitudes ante la vida sustentada en el respeto, la empatia y la solidaridad.

Los estudiantes ejerciendo un voluntariado hacia las personas con discapacidad se convertirán en una legión de cofrades y protectores que rescaten de la acedía y el desencanto a estas personas, combatiendo paralelamente la frivolidad de las sociedades modernas, al redimirlos de la indiferencia y el abandono. La palabra la tenemos todos. Hay que tocar la puerta de las Universidades, sabiendo que estas se abrirán para recibir del colectivo de la discapacidad unas gracias repetidas para siempre.

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