Enrique Velázquez González

  / jueves 7 de febrero de 2019

Una nueva Constitución para Jalisco

Enrique Velázquez


En días pasados el gobernador, Enrique Alfaro Ramírez, presentó al Congreso del

Estado una iniciativa para que se establezcan los mecanismos y reformas necesarias para elaborar una nueva Constitución.

A raíz de esta propuesta el debate público se ha moldeado en torno a definir si necesitamos o no de una nueva Carta Magna para Jalisco, si es útil o no llevar a cabo todo este proceso que el gobernador propone, si el beneficio o los resultados serán más y mejores que continuar como estamos. La respuesta no se limita al sí o al no, la creación de una Constitución no es un tema que se deba reducir a un debate tan simple.

De forma sencilla la naturaleza de una Constitución es concentrar las reglas, principios y valores que rigen a una comunidad, es decir, la forma en la que nos organizamos social y políticamente. Es también en ella donde se depositan las responsabilidades y obligaciones que tienen los ciudadanos y el Estado dentro de la comunidad a la que pertenecen.

Todas las leyes, sin distinción, deben promover la libertad humana y asumir la pluralidad de la sociedad. Por ello, al hablar de la creación de una nueva

Constitución para nuestro estado, los conceptos de progresista, garantista y libertaria deberán ser criterios que delineen su estructura.

Las cartas magnas son instrumentación, pero también aspiraciones de la sociedad, no podemos limitarnos solo en lo posible, sino encontrar un equilibrio con lo deseable; una -Constitución- que reúna el ánimo colectivo sin caer en la ambigüedad ante la aplicación de la Ley. De nada sirve una Constitución moderna si existen vacíos de exigibilidad, si continúa la impunidad, teatralidad y cinismo de quienes somos sujetos de su aplicación.

Aunque sin duda el procedimiento que hoy plantea Enrique Alfaro sucedió cuando se creó la Constitución que nos rige actualmente, las condiciones y el contexto no son los mismos, la prueba está en las constantes modificaciones que ésta ha sufrido para ajustarla a las necesidades y exigencias de la sociedad. Por esta razón la idea de que la Refundación de Jalisco debe pasar por este proceso no es desacertada, aunque la discusión tendrá que ser amplia, incluyendo a todos los jaliscienses y todas las caras de nuestra sociedad.

En este proyecto los legisladores jugamos un papel importante, el del compromiso con lo que sí puede cumplir el Estado.

Enrique Velázquez


En días pasados el gobernador, Enrique Alfaro Ramírez, presentó al Congreso del

Estado una iniciativa para que se establezcan los mecanismos y reformas necesarias para elaborar una nueva Constitución.

A raíz de esta propuesta el debate público se ha moldeado en torno a definir si necesitamos o no de una nueva Carta Magna para Jalisco, si es útil o no llevar a cabo todo este proceso que el gobernador propone, si el beneficio o los resultados serán más y mejores que continuar como estamos. La respuesta no se limita al sí o al no, la creación de una Constitución no es un tema que se deba reducir a un debate tan simple.

De forma sencilla la naturaleza de una Constitución es concentrar las reglas, principios y valores que rigen a una comunidad, es decir, la forma en la que nos organizamos social y políticamente. Es también en ella donde se depositan las responsabilidades y obligaciones que tienen los ciudadanos y el Estado dentro de la comunidad a la que pertenecen.

Todas las leyes, sin distinción, deben promover la libertad humana y asumir la pluralidad de la sociedad. Por ello, al hablar de la creación de una nueva

Constitución para nuestro estado, los conceptos de progresista, garantista y libertaria deberán ser criterios que delineen su estructura.

Las cartas magnas son instrumentación, pero también aspiraciones de la sociedad, no podemos limitarnos solo en lo posible, sino encontrar un equilibrio con lo deseable; una -Constitución- que reúna el ánimo colectivo sin caer en la ambigüedad ante la aplicación de la Ley. De nada sirve una Constitución moderna si existen vacíos de exigibilidad, si continúa la impunidad, teatralidad y cinismo de quienes somos sujetos de su aplicación.

Aunque sin duda el procedimiento que hoy plantea Enrique Alfaro sucedió cuando se creó la Constitución que nos rige actualmente, las condiciones y el contexto no son los mismos, la prueba está en las constantes modificaciones que ésta ha sufrido para ajustarla a las necesidades y exigencias de la sociedad. Por esta razón la idea de que la Refundación de Jalisco debe pasar por este proceso no es desacertada, aunque la discusión tendrá que ser amplia, incluyendo a todos los jaliscienses y todas las caras de nuestra sociedad.

En este proyecto los legisladores jugamos un papel importante, el del compromiso con lo que sí puede cumplir el Estado.

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