/ jueves 23 de septiembre de 2021

Una ciudad injusta

No obstante los innegables avances en la infraestructura de la ciudad de Guadalajara, incluídas la recuperación de parques públicos y la reingeniería en los derroteros del transporte o las nuevas ciclovías, lo cierto es que como bien lo señala el analista Enrique Toussaint “Guadalajara necesita un proyecto de ciudad verde, justa, humana y digna” con lo cual contribuye a una visión sociocrítica del análisis de nuestra ciudad a lo que agrega “… llevamos décadas esperando un proyecto de ciudad justa, en donde se pueda vivir con mediana dignidad sin importar si naces en Tonalá o en una zona acaudalada de Zapopan. Pero, es imposible no caer frente al pesimismo: se viene la sucesión en Casa Jalisco y todo quedará empañado por la coyontura política. … Hoy, ante la realidad concreta, eso, parece imposible”.

Uno de los lastres más dificiles de revertir en ese panorama planteado por Tussaint, es el transporte público que presenta una degradación persistente a lo largo de los pasados 60 años, cuyo mejor referente actualizado lo representa el intento fallido de convertir al Macrobus en un sistema de transporte de primer mundo y sin embargo hoy los usuarios se quejan, como lo cabeceó el Informador en su edición del pasado martes 21: “Disminuyen viajes del macrobus; critican tardanza”.

En la misma edición, la editorial acotó “Una de las mayores críticas contra el servicio del macrobus es por el cobro del pasaje, pues una vez que subió la tarifa a 9.50, si los usuarios depositan 10 pesos en las alcancías, éstas no dan el cambio … En 2019 los ingresos no se vieron afectados, en gran medida por el incremento de la tarifa, pero el año pasado se desplomó la recaudación … y la tendencia también sigue a la baja entre enero y junio de 2021”. Lo anterior representaría tan sólo malos resultados de un negocio mal sustentado, pero aquí estamos hablando de un servicio que se autodenomina “público”, cuando en realidad ha sido durante décadas un negocio privado con una inversión pública incluída la sesión de vías, conectividades y espacio vial para ese servicio al cual, los concesionarios, le han pichicateado vorazmente la inversión para garantizar lo cacareado en el gobierno de Emilio González Márquez cuando se trazaron las primeras rutas e incluso el gobierno de jalisco hizo préstamos y fue garante para la adquisición de aquellas primeras unidades de transporte privado en vías de comunicación propiedad pública.

En síntesis, la desigualdad del AMG empieza en la demanda de un servicio prioritario para la mayoría trabajadora ya que los habitantes de una franja del poniente de Zapopan o de los cotos privados en el corredor comercial de López Mateos Sur entre Guadalajara, Zapopan y Tlajomulco, lo que menos les interesa es enterarse del viacrusis que apremia a millones de usuarios del transporte público para trasladarse a las fábricas, atender los mostradores del comercio o para el consumo masivo en los mercados y centros de abasto mas populares.

Por el contrario, lo menos visible para un habitante de las colonias Lomas del Valle, Bosques de la Victoria, Providencia Colomos, Colinas de San Javier, Jardines del Bosque, Santa Rita o Chapalita y todos los cotos de alta plusvalía, surgidos a lo largo de las avenidas Rafael Sancio, Acueducto, Avenida Universidad son los atiborrados de pasajeros camiones y el anacrónico sistema de transporte público que padece Guadalajara.

No obstante los innegables avances en la infraestructura de la ciudad de Guadalajara, incluídas la recuperación de parques públicos y la reingeniería en los derroteros del transporte o las nuevas ciclovías, lo cierto es que como bien lo señala el analista Enrique Toussaint “Guadalajara necesita un proyecto de ciudad verde, justa, humana y digna” con lo cual contribuye a una visión sociocrítica del análisis de nuestra ciudad a lo que agrega “… llevamos décadas esperando un proyecto de ciudad justa, en donde se pueda vivir con mediana dignidad sin importar si naces en Tonalá o en una zona acaudalada de Zapopan. Pero, es imposible no caer frente al pesimismo: se viene la sucesión en Casa Jalisco y todo quedará empañado por la coyontura política. … Hoy, ante la realidad concreta, eso, parece imposible”.

Uno de los lastres más dificiles de revertir en ese panorama planteado por Tussaint, es el transporte público que presenta una degradación persistente a lo largo de los pasados 60 años, cuyo mejor referente actualizado lo representa el intento fallido de convertir al Macrobus en un sistema de transporte de primer mundo y sin embargo hoy los usuarios se quejan, como lo cabeceó el Informador en su edición del pasado martes 21: “Disminuyen viajes del macrobus; critican tardanza”.

En la misma edición, la editorial acotó “Una de las mayores críticas contra el servicio del macrobus es por el cobro del pasaje, pues una vez que subió la tarifa a 9.50, si los usuarios depositan 10 pesos en las alcancías, éstas no dan el cambio … En 2019 los ingresos no se vieron afectados, en gran medida por el incremento de la tarifa, pero el año pasado se desplomó la recaudación … y la tendencia también sigue a la baja entre enero y junio de 2021”. Lo anterior representaría tan sólo malos resultados de un negocio mal sustentado, pero aquí estamos hablando de un servicio que se autodenomina “público”, cuando en realidad ha sido durante décadas un negocio privado con una inversión pública incluída la sesión de vías, conectividades y espacio vial para ese servicio al cual, los concesionarios, le han pichicateado vorazmente la inversión para garantizar lo cacareado en el gobierno de Emilio González Márquez cuando se trazaron las primeras rutas e incluso el gobierno de jalisco hizo préstamos y fue garante para la adquisición de aquellas primeras unidades de transporte privado en vías de comunicación propiedad pública.

En síntesis, la desigualdad del AMG empieza en la demanda de un servicio prioritario para la mayoría trabajadora ya que los habitantes de una franja del poniente de Zapopan o de los cotos privados en el corredor comercial de López Mateos Sur entre Guadalajara, Zapopan y Tlajomulco, lo que menos les interesa es enterarse del viacrusis que apremia a millones de usuarios del transporte público para trasladarse a las fábricas, atender los mostradores del comercio o para el consumo masivo en los mercados y centros de abasto mas populares.

Por el contrario, lo menos visible para un habitante de las colonias Lomas del Valle, Bosques de la Victoria, Providencia Colomos, Colinas de San Javier, Jardines del Bosque, Santa Rita o Chapalita y todos los cotos de alta plusvalía, surgidos a lo largo de las avenidas Rafael Sancio, Acueducto, Avenida Universidad son los atiborrados de pasajeros camiones y el anacrónico sistema de transporte público que padece Guadalajara.