/ martes 3 de mayo de 2022

Trabajo de cuidados, agenda pendiente para las mujeres en México

Liliana Olea Frías




El trabajo de cuidados (trabajo necesario para satisfacer las necesidades vitales y cotidianas como cocinar; lavar; limpiar; administrar el hogar, y atender física y emocionalmente a niñas, niños y personas mayores, enfermas o con discapacidad, entre otros), ya sea remunerado o no, es un pilar fundamental para el bienestar de todas las personas.

Sin embargo, en México y muchos otros países son la mayoría de las mujeres jóvenes y adultas quienes cargan con ese trabajo, y lo hacen de manera gratuita, precaria e invisible. Esto genera desigualdad de opciones de vida entre mujeres y hombres, y entre las propias mujeres. Es decir, la forma en que se organiza socialmente la provisión de los cuidados en el país impide a millones de mujeres acceder a educación, salud, empleo digno y suficiente, participación política, contextos libres de violencia y todo aquello que signifique para ellas construir y disfrutar de vidas plenas y satisfactorias.

El trabajo de cuidados no es algo que las mujeres y las niñas están destinadas a realizar debido a su pertenencia a un sexo/género, sino que responde a patrones económicos y culturales específicos (creencias y costumbres), es decir, a formas de organización de la sociedad que, como toda construcción social, podrían ser diferentes.

La extrema feminización del trabajo de cuidados tiene consecuencias adversas para las mujeres y niñas en términos de sus posibilidades de inserción en espacios extra-domésticos, el desarrollo de una profesión, el acceso a la educación, a la salud, al descanso y al ocio, así como inhibir el pleno ejercicio de sus derechos

En el reconocimiento del problema, se contemplan diferentes puntos importantes para que se reduzca esta desigualdad:

Que el cuidado del hogar y la familia debe ser reconocido como trabajo, con esto contribuimos a la reducción de la brecha salarial entre mujeres y hombres y se reconoce el derecho a un trabajo digno y bien remunerado. Todas las personas tienen el derecho a ser cuidadas y a cuidar con dignidad, en corresponsabilidad con el Estado y la sociedad, en consecuencia el cuidado deber ser un derecho garantizado a través de un sistema de protección universal efectiva, tenemos como tarea la erradicación de los estereotipos de género que promueven y asumen el trabajo de cuidados y del hogar como labor exclusiva para mujeres, implementado políticas públicas que transversalicen una visión más integral sobre los cuidados bajo los principios de justicia social e igualdad sustantiva.

El reto aún es grande, aunque a nivel federal se comienza a poner sobre la mesa este tema, los pasos son pequeños, necesitamos de la colaboración de todos los sectores de la sociedad para lograrlo; no debemos perder de vista que al final todas las personas tenemos o tendremos la necesidad cuidar o ser cuidadas, y esta labor debe ser y será compartida.

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FB Liliana Olea Frías

ING @lilioleafrias

Liliana Olea Frías




El trabajo de cuidados (trabajo necesario para satisfacer las necesidades vitales y cotidianas como cocinar; lavar; limpiar; administrar el hogar, y atender física y emocionalmente a niñas, niños y personas mayores, enfermas o con discapacidad, entre otros), ya sea remunerado o no, es un pilar fundamental para el bienestar de todas las personas.

Sin embargo, en México y muchos otros países son la mayoría de las mujeres jóvenes y adultas quienes cargan con ese trabajo, y lo hacen de manera gratuita, precaria e invisible. Esto genera desigualdad de opciones de vida entre mujeres y hombres, y entre las propias mujeres. Es decir, la forma en que se organiza socialmente la provisión de los cuidados en el país impide a millones de mujeres acceder a educación, salud, empleo digno y suficiente, participación política, contextos libres de violencia y todo aquello que signifique para ellas construir y disfrutar de vidas plenas y satisfactorias.

El trabajo de cuidados no es algo que las mujeres y las niñas están destinadas a realizar debido a su pertenencia a un sexo/género, sino que responde a patrones económicos y culturales específicos (creencias y costumbres), es decir, a formas de organización de la sociedad que, como toda construcción social, podrían ser diferentes.

La extrema feminización del trabajo de cuidados tiene consecuencias adversas para las mujeres y niñas en términos de sus posibilidades de inserción en espacios extra-domésticos, el desarrollo de una profesión, el acceso a la educación, a la salud, al descanso y al ocio, así como inhibir el pleno ejercicio de sus derechos

En el reconocimiento del problema, se contemplan diferentes puntos importantes para que se reduzca esta desigualdad:

Que el cuidado del hogar y la familia debe ser reconocido como trabajo, con esto contribuimos a la reducción de la brecha salarial entre mujeres y hombres y se reconoce el derecho a un trabajo digno y bien remunerado. Todas las personas tienen el derecho a ser cuidadas y a cuidar con dignidad, en corresponsabilidad con el Estado y la sociedad, en consecuencia el cuidado deber ser un derecho garantizado a través de un sistema de protección universal efectiva, tenemos como tarea la erradicación de los estereotipos de género que promueven y asumen el trabajo de cuidados y del hogar como labor exclusiva para mujeres, implementado políticas públicas que transversalicen una visión más integral sobre los cuidados bajo los principios de justicia social e igualdad sustantiva.

El reto aún es grande, aunque a nivel federal se comienza a poner sobre la mesa este tema, los pasos son pequeños, necesitamos de la colaboración de todos los sectores de la sociedad para lograrlo; no debemos perder de vista que al final todas las personas tenemos o tendremos la necesidad cuidar o ser cuidadas, y esta labor debe ser y será compartida.

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