/ domingo 5 de abril de 2020

Trabajadoras del hogar, la deuda social del Covid-19

Las cosas no cambian; cambiamos nosotrosHenry David Thoreau


De acuerdo con las cifras reportadas por CONAPRED, en México existen 2.3 millones de personas que se dedican al trabajo doméstico.

El trabajo doméstico se remonta a la época colonial y constituye una herencia hispana. En esos días, el trabajo doméstico no era preponderantemente un sector femenino, regularmente era remunerado con alimentos y vivienda, se asemejaba a una relación unilateral ya que el trabajador o trabajadora no gozaba de una autonomía plena, derivado a las tiendas de raya vivían constantemente endeudados con sus empleadores y la movilidad social era inexiste, así como la idea de gozar de un proyecto de vida.

De lo descrito, lo único que ha cambiado es la remuneración y que ahora 9 de cada 10 personas que se dedican al trabajo doméstico son mujeres –INEGI 2018–. Aunado a esto, los sueldos son precarios y a pesar de que en el 2019 la Suprema Corte de Justicia de la Nación, a través de la resolución del Amparo Directo 8/2018, resolvió la implementación del régimen obligatorio de seguridad social para las trabajadoras del hogar, hoy son muy pocas las que gozan de prestaciones justas.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha publicado múltiples datos y afirma que la labor doméstica ha sido tradicionalmente objeto de condiciones de trabajo inadecuadas, extensas jornadas, bajos salarios, una escasa o nula protección social y constantemente se enfrenta a barreras significativas.

Empecemos por el económico, la cifras que nos brinda la OIT nos dice que el salario promedio mensual en México percibido por las empleadas del hogar es de $3,285.00 pesos, es decir, que a la semana su salario mínimo oscila alrededor de los $822.00 pesos; su salario es un factor muy variable lo cual aleja a este sector del concepto de “trabajo formal” o “estabilidad laboral”, ya que no cuenta con contratos laborales, prestaciones, vacaciones pagadas, incapacidad por maternidad o seguro por riesgos de trabajo.

La sociedad tiene una añeja deuda con las trabajadoras del hogar, que hoy vuelve a tomar relevancia a partir de la contingencia sanitaria por el Covid-19 en nuestro país. Por ello, propongo tres acciones. La primera es el pago de sueldos justos; la segunda, inscribirlas en su régimen especial obligatorio de Seguro Social y la tercera nace con la situación tan compleja que vivimos estos días con el coronavirus.

1) Con relación a la remuneración económica justa, existen organizaciones nacionales e internacionales dedicadas a ello; un ejemplo son Parvada quienes desarrollaron un tabulador de consulta para determinar el sueldo diario para trabajadoras del hogar.

2) Respecto al segundo punto, actualmente existe un régimen especial obligatorio para inscribirlas en el Seguro Social. Me atrevo a decir que es de conocimiento general que las trabajadoras del hogar ahora pueden gozar de Seguridad Social; sin embargo, el tema de fondo es que muy pocos empleadores se están dando la tarea hacer su research para conocer los requerimientos e implicaciones que conlleva este nuevo régimen y asumen que si su trabajadora no se los pide todo está en orden, el detalle es que el régimen especial es obligatorio. Si bien, el programa es piloto y todavía no funciona como el régimen obligatorio regular en el cual si la autoridad detecta irregularidades en la relación obrero-patronal multan al empleador, en el régimen especial obligatorio la idea es “la autodeterminación” o en palabras más coloquiales meternos en cintura nosotros solitos.

A saber, la inscripción puede ser presencial o en línea y la aportación se determina sobre el monto total que genera mensualmente el cual se entera de manera tripartita lo cual implica: a) aportación por parte del o la empleadora, b) aportación por parte del Estado y c) aportación por parte del o la trabajadora del hogar. Además, la aportación de los empleadores, en caso que tenga múltiples empleadores, puede ser dividida.

3) Ahora, en las últimas semanas hay un tema sobre la mesa: las implicaciones del Covid1-19 respecto al trabajo doméstico. Nos encontramos en fase 2 y la población en México con la posibilidad de trabajar de manera remota y seguir ganando su sueldo de manera regular, afrontémoslo, es poca. Como señalé previamente, las trabajadoras del hogar “gozan” de sueldos mensuales a partir de $3, 285.00 pesos, por tanto cada día no trabajado conlleva un riesgo financiero que ellas deben de poner en la balanza. No hay nada escrito, ni dicho, ni reglas en relación a este tema, sin embargo, si gozas del privilegio de seguir ganando su sueldo íntegro dale la oportunidad de quedarse en casa del mismo modo, con su sueldo íntegro, hasta que esta pandemia cese. Si no está en la medida de tus posibilidades porque tienes un negocio y bajaron las ventas o tuviste que cerrar puedes hablar con ella y llegar a un acuerdo económico viable para ambas partes, lo importante es no soltar ningún sector.

En conclusión, es evidente que este tema es complejo y conlleva una brecha social amplísima por cerrar; para la cual es necesaria mucha empatía de todos pero sobre todo de los que estamos del otro lado.

* Coordinador de Análisis y Comunicación del PAN Jalisco

Las cosas no cambian; cambiamos nosotrosHenry David Thoreau


De acuerdo con las cifras reportadas por CONAPRED, en México existen 2.3 millones de personas que se dedican al trabajo doméstico.

El trabajo doméstico se remonta a la época colonial y constituye una herencia hispana. En esos días, el trabajo doméstico no era preponderantemente un sector femenino, regularmente era remunerado con alimentos y vivienda, se asemejaba a una relación unilateral ya que el trabajador o trabajadora no gozaba de una autonomía plena, derivado a las tiendas de raya vivían constantemente endeudados con sus empleadores y la movilidad social era inexiste, así como la idea de gozar de un proyecto de vida.

De lo descrito, lo único que ha cambiado es la remuneración y que ahora 9 de cada 10 personas que se dedican al trabajo doméstico son mujeres –INEGI 2018–. Aunado a esto, los sueldos son precarios y a pesar de que en el 2019 la Suprema Corte de Justicia de la Nación, a través de la resolución del Amparo Directo 8/2018, resolvió la implementación del régimen obligatorio de seguridad social para las trabajadoras del hogar, hoy son muy pocas las que gozan de prestaciones justas.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha publicado múltiples datos y afirma que la labor doméstica ha sido tradicionalmente objeto de condiciones de trabajo inadecuadas, extensas jornadas, bajos salarios, una escasa o nula protección social y constantemente se enfrenta a barreras significativas.

Empecemos por el económico, la cifras que nos brinda la OIT nos dice que el salario promedio mensual en México percibido por las empleadas del hogar es de $3,285.00 pesos, es decir, que a la semana su salario mínimo oscila alrededor de los $822.00 pesos; su salario es un factor muy variable lo cual aleja a este sector del concepto de “trabajo formal” o “estabilidad laboral”, ya que no cuenta con contratos laborales, prestaciones, vacaciones pagadas, incapacidad por maternidad o seguro por riesgos de trabajo.

La sociedad tiene una añeja deuda con las trabajadoras del hogar, que hoy vuelve a tomar relevancia a partir de la contingencia sanitaria por el Covid-19 en nuestro país. Por ello, propongo tres acciones. La primera es el pago de sueldos justos; la segunda, inscribirlas en su régimen especial obligatorio de Seguro Social y la tercera nace con la situación tan compleja que vivimos estos días con el coronavirus.

1) Con relación a la remuneración económica justa, existen organizaciones nacionales e internacionales dedicadas a ello; un ejemplo son Parvada quienes desarrollaron un tabulador de consulta para determinar el sueldo diario para trabajadoras del hogar.

2) Respecto al segundo punto, actualmente existe un régimen especial obligatorio para inscribirlas en el Seguro Social. Me atrevo a decir que es de conocimiento general que las trabajadoras del hogar ahora pueden gozar de Seguridad Social; sin embargo, el tema de fondo es que muy pocos empleadores se están dando la tarea hacer su research para conocer los requerimientos e implicaciones que conlleva este nuevo régimen y asumen que si su trabajadora no se los pide todo está en orden, el detalle es que el régimen especial es obligatorio. Si bien, el programa es piloto y todavía no funciona como el régimen obligatorio regular en el cual si la autoridad detecta irregularidades en la relación obrero-patronal multan al empleador, en el régimen especial obligatorio la idea es “la autodeterminación” o en palabras más coloquiales meternos en cintura nosotros solitos.

A saber, la inscripción puede ser presencial o en línea y la aportación se determina sobre el monto total que genera mensualmente el cual se entera de manera tripartita lo cual implica: a) aportación por parte del o la empleadora, b) aportación por parte del Estado y c) aportación por parte del o la trabajadora del hogar. Además, la aportación de los empleadores, en caso que tenga múltiples empleadores, puede ser dividida.

3) Ahora, en las últimas semanas hay un tema sobre la mesa: las implicaciones del Covid1-19 respecto al trabajo doméstico. Nos encontramos en fase 2 y la población en México con la posibilidad de trabajar de manera remota y seguir ganando su sueldo de manera regular, afrontémoslo, es poca. Como señalé previamente, las trabajadoras del hogar “gozan” de sueldos mensuales a partir de $3, 285.00 pesos, por tanto cada día no trabajado conlleva un riesgo financiero que ellas deben de poner en la balanza. No hay nada escrito, ni dicho, ni reglas en relación a este tema, sin embargo, si gozas del privilegio de seguir ganando su sueldo íntegro dale la oportunidad de quedarse en casa del mismo modo, con su sueldo íntegro, hasta que esta pandemia cese. Si no está en la medida de tus posibilidades porque tienes un negocio y bajaron las ventas o tuviste que cerrar puedes hablar con ella y llegar a un acuerdo económico viable para ambas partes, lo importante es no soltar ningún sector.

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