/ miércoles 16 de septiembre de 2020

Tigres con cabeza de oso

El día 7 de septiembre arrancó oficialmente el proceso electoral más grande en la historia de México. Se elegirán 21,368 cargos de elección popular el día 6 de junio de 2021, algo sin precedentes. Gobierno y partidos políticos se enfrentaran en una encarnizada lucha para conquistar o retener el poder, con la sociedad como rehén expectante, sin poder evitar atestiguar ataques sin cuartel, ausencia de ética, francas incongruencias, engaños plenos y una serie de actos que ponen a temblar al estado de derecho, a la democracia, a la legitimidad de nuestros gobiernos y que erosionan aún más la reputación y el prestigio de nuestra clase política.

La búsqueda del poder a pesar de todo, cueste lo que cueste, activa poderosas maquinarias de procesamiento de datos, alimentadas por estadísticas, evaluaciones, matrices, proyecciones y cálculo de escenarios. La confronta entre la continuidad y el cambio gradual será el eje de los deseos sobre el que girará la elección. En tiempos de descrédito, de escepticismo, de apatía ciudadana, las campañas políticas avivarán aún más el rencor, la molestia y la polarización de nuestra sociedad.

Los bandos entre los defensores del presidente y de la 4T y la de los recalcitrantes opositores de FRENA, presentan diversas gradaciones intermedias, donde caben incrédulos, indecisos, oportunistas, inconformes, avorazados y espontáneos, conviviendo con los jerarcas políticos, que buscando su hegemonía e intentando conservar la vigencia de su influencia, han hecho y harán de las campañas políticas un espectáculo negro e ilógico.

En análisis estratégicos realizados por las cúpulas políticas se busca responder a dos preguntas: 1) ¿Quién va a ganar? Y 2) ¿Qué hay que hacer para que gane el mío? La tentación de buscar victorias a cualquier precio, obliga a construir candidatos, a tejer alianzas temerarias e incongruentes, a pensar lateralmente y tramar como competir y obtener el mejor resultado. La búsqueda de liderazgos con capacidad de movilización, credibilidad, buena imagen y reputación degenera en la compra de voluntades, en deserciones y deslealtades, en desaseo político, en simulaciones y montajes.

Por eso veremos en las boletas electorales tigres con cabeza de oso, ardillas con cola de cocodrilo, chimpancés con cabeza de iguana y toda clase de candidatos hechizos, oportunistas, aprovechados y arribistas que cambiaran de camiseta sin empacho y saltaran de la izquierda a la derecha y viceversa sin dificultad ideológica ni remordimiento alguno. El objetivo es ganar la elección. Es un asunto de ambición, de poder, de dominación.

La posibilidad de hacer racimo entre las uvas sueltas eleva al máximo el pragmatismo y produce alianzas que pertenecen al realismo mágico mexicano, confundiendo a los electores al no saber quiénes eran los buenos, quienes los malos y cuál era quien, pues las mezclas de candidatos y partidos perjudican origen y destino. La caza de talentos, la invitación a personajes para construir coaliciones ganadoras, provoca que más temprano que tarde haya arrepentidos entre los coaligados. La dificultad de instaurar un gobierno y sostener principios, ideologías y responder a los militantes de los partidos políticos, decepciona a militantes y se nota por los ciudadanos, que cada vez podemos esperar menos racionalidad y más excentricidades de nuestros políticos, más llenos de ego que de talento, con más rencor que empatía, con más prisa que rumbo definido. En las próximas semanas visualizaremos la materialización de candidatos de alianzas imposibles, insólitos e indefendibles, que abanderan la metáfora de los tigres con cabeza de oso.

* Empresario

@carlosanguianoz en Twitter

El día 7 de septiembre arrancó oficialmente el proceso electoral más grande en la historia de México. Se elegirán 21,368 cargos de elección popular el día 6 de junio de 2021, algo sin precedentes. Gobierno y partidos políticos se enfrentaran en una encarnizada lucha para conquistar o retener el poder, con la sociedad como rehén expectante, sin poder evitar atestiguar ataques sin cuartel, ausencia de ética, francas incongruencias, engaños plenos y una serie de actos que ponen a temblar al estado de derecho, a la democracia, a la legitimidad de nuestros gobiernos y que erosionan aún más la reputación y el prestigio de nuestra clase política.

La búsqueda del poder a pesar de todo, cueste lo que cueste, activa poderosas maquinarias de procesamiento de datos, alimentadas por estadísticas, evaluaciones, matrices, proyecciones y cálculo de escenarios. La confronta entre la continuidad y el cambio gradual será el eje de los deseos sobre el que girará la elección. En tiempos de descrédito, de escepticismo, de apatía ciudadana, las campañas políticas avivarán aún más el rencor, la molestia y la polarización de nuestra sociedad.

Los bandos entre los defensores del presidente y de la 4T y la de los recalcitrantes opositores de FRENA, presentan diversas gradaciones intermedias, donde caben incrédulos, indecisos, oportunistas, inconformes, avorazados y espontáneos, conviviendo con los jerarcas políticos, que buscando su hegemonía e intentando conservar la vigencia de su influencia, han hecho y harán de las campañas políticas un espectáculo negro e ilógico.

En análisis estratégicos realizados por las cúpulas políticas se busca responder a dos preguntas: 1) ¿Quién va a ganar? Y 2) ¿Qué hay que hacer para que gane el mío? La tentación de buscar victorias a cualquier precio, obliga a construir candidatos, a tejer alianzas temerarias e incongruentes, a pensar lateralmente y tramar como competir y obtener el mejor resultado. La búsqueda de liderazgos con capacidad de movilización, credibilidad, buena imagen y reputación degenera en la compra de voluntades, en deserciones y deslealtades, en desaseo político, en simulaciones y montajes.

Por eso veremos en las boletas electorales tigres con cabeza de oso, ardillas con cola de cocodrilo, chimpancés con cabeza de iguana y toda clase de candidatos hechizos, oportunistas, aprovechados y arribistas que cambiaran de camiseta sin empacho y saltaran de la izquierda a la derecha y viceversa sin dificultad ideológica ni remordimiento alguno. El objetivo es ganar la elección. Es un asunto de ambición, de poder, de dominación.

La posibilidad de hacer racimo entre las uvas sueltas eleva al máximo el pragmatismo y produce alianzas que pertenecen al realismo mágico mexicano, confundiendo a los electores al no saber quiénes eran los buenos, quienes los malos y cuál era quien, pues las mezclas de candidatos y partidos perjudican origen y destino. La caza de talentos, la invitación a personajes para construir coaliciones ganadoras, provoca que más temprano que tarde haya arrepentidos entre los coaligados. La dificultad de instaurar un gobierno y sostener principios, ideologías y responder a los militantes de los partidos políticos, decepciona a militantes y se nota por los ciudadanos, que cada vez podemos esperar menos racionalidad y más excentricidades de nuestros políticos, más llenos de ego que de talento, con más rencor que empatía, con más prisa que rumbo definido. En las próximas semanas visualizaremos la materialización de candidatos de alianzas imposibles, insólitos e indefendibles, que abanderan la metáfora de los tigres con cabeza de oso.

* Empresario

@carlosanguianoz en Twitter

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