José Roque Albín Huerta

  / martes 4 de junio de 2019

Soledad


El vocablo soledad, proviene del latín “solitas”, significa la carencia de compañía y que esta, la soledad, puede ser voluntaria cuando la persona decide estar sola o involuntaria, cuando la persona se encuentra sola por diversas circunstancias de la vida, de ahí que el escritor británico Julian Barnes, explica en su libro “Niveles de Vida”, que pocas cosas pueden ser más dolorosas que la soledad no elegida.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), una pandemia es «una nueva enfermedad que tiene propagación mundial». Con esta idea es propicio preguntarse si acaso de forma silenciosa y casi imperceptible ¿la soledad es una de esas nuevas enfermedades pandémicas que se está adentrando en forma silenciosa pero eficazmente en nuestras vidas?

Al respecto señala la OMS que, ciertamente, declarar la soledad como una enfermedad es moverse en terreno pantanoso. La soledad puede ser extendida como un sentimiento, como un estado elegido, etc., pero aún es extraño definirla como una enfermedad.

Para la psicología existen varios tipos de soledad, la más delicada es la emocional ya que puede ser devastadora con resultados graves, tomando en consideración que la persona puede estar acompañada y sentirse profundamente sola, no siente aprecio ni atención a su persona perdiendo toda conectividad con el núcleo que lo rodea. Es sabido que todos necesitamos y requerimos de ese apoyo honesto y significativo con el que nos sentimos identificados y ser parte de algo o de alguien a quien queremos, sea familiar o amigo.

Se determina que no hay nada que se compare con el dolor emocional en virtud de ser un fenómeno en el que poco a poco quien lo experimenta se siente invisible para los demás, aunque no sea verídico, tomando en consideración que no existe una soledad absoluta porque siempre tenemos alguna persona con quien mantenemos cierto lazo ya sea afectivo, físico o emocional, de aquí no debemos olvidar que la soledad, en diversos momentos, hay quienes la consideran como necesaria a efecto de descansar o concentrarse. Por ejemplo, los monjes tibetanos.

Así, la soledad emocional genera angustia y sufrimiento psicológico ya que se siente un vacío, aunque se tenga a la familia o amigos aunque se puede percibir que no hay apoyo, ni validación a la toma de decisiones, ello puede tomar otro sesgo, sentirse deprimidos y dejar a la familia buscando otro rumbo para llenar aquel hueco imaginable. Más de las diferencias personales, la soledad durante periodos extendidos se considera como algo que causa dolor e insatisfacción, por eso, la gente tiende a buscar el contacto social.

En otro orden de ideas, una persona que está sola es aquella que no tiene ningún plan especial para las fiestas de navidad o el día de su cumpleaños, no tiene planes futuros porque ha perdido la esperanza en su presente.

Tener una probada de lo que significa sentir soledad, es como un trago amargo para el alma, quien la ha llegado a experimentar sabe que no es fácil de vivirla y más sin la ayuda de alguien, el que la vive, necesita de una mano amiga que lo ayude a ver la luz escondida en toda esa oscuridad que lo rodea y que vive una vida tormentosa.

Es oportuno señalar que la soledad, también es utilizada como un medio de separación social, por ejemplo: en el ámbito penal, cuando un recluso muestra actitudes peligrosas para los demás, se le confina en celdas de alta seguridad para evitar algún acto inadecuado en perjuicio de los demás; de igual forma lo podemos ver en los hospitales psiquiátricos en el que se separa a aquellos pacientes violentos y pasan periodos en total soledad.

Finalmente, la soledad, cuando se enquista en el corazón, es un mal que va minando la capacidad de ser feliz de quien sufre por no tener a nadie con quien compartir su vida. La persona en soledad, se siente menos ante los ojos de los demás, llega a creer que no le importa a nadie y que no es importante.

Estimado lector, si usted se da cuenta de que hay alguien en su entorno que pasa mucho tiempo solo, dese el tiempo de visitarlo con más regularidad ya que, para quien recibe su visita, aunque sea breve, la alegría entra por la puerta de casa es inmensa y no tiene valor, aporta compañía para aquellos que están en soledad.


Rector General del Centro Universitario UTEG*

joseroque@uteg.edu.mx


El vocablo soledad, proviene del latín “solitas”, significa la carencia de compañía y que esta, la soledad, puede ser voluntaria cuando la persona decide estar sola o involuntaria, cuando la persona se encuentra sola por diversas circunstancias de la vida, de ahí que el escritor británico Julian Barnes, explica en su libro “Niveles de Vida”, que pocas cosas pueden ser más dolorosas que la soledad no elegida.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), una pandemia es «una nueva enfermedad que tiene propagación mundial». Con esta idea es propicio preguntarse si acaso de forma silenciosa y casi imperceptible ¿la soledad es una de esas nuevas enfermedades pandémicas que se está adentrando en forma silenciosa pero eficazmente en nuestras vidas?

Al respecto señala la OMS que, ciertamente, declarar la soledad como una enfermedad es moverse en terreno pantanoso. La soledad puede ser extendida como un sentimiento, como un estado elegido, etc., pero aún es extraño definirla como una enfermedad.

Para la psicología existen varios tipos de soledad, la más delicada es la emocional ya que puede ser devastadora con resultados graves, tomando en consideración que la persona puede estar acompañada y sentirse profundamente sola, no siente aprecio ni atención a su persona perdiendo toda conectividad con el núcleo que lo rodea. Es sabido que todos necesitamos y requerimos de ese apoyo honesto y significativo con el que nos sentimos identificados y ser parte de algo o de alguien a quien queremos, sea familiar o amigo.

Se determina que no hay nada que se compare con el dolor emocional en virtud de ser un fenómeno en el que poco a poco quien lo experimenta se siente invisible para los demás, aunque no sea verídico, tomando en consideración que no existe una soledad absoluta porque siempre tenemos alguna persona con quien mantenemos cierto lazo ya sea afectivo, físico o emocional, de aquí no debemos olvidar que la soledad, en diversos momentos, hay quienes la consideran como necesaria a efecto de descansar o concentrarse. Por ejemplo, los monjes tibetanos.

Así, la soledad emocional genera angustia y sufrimiento psicológico ya que se siente un vacío, aunque se tenga a la familia o amigos aunque se puede percibir que no hay apoyo, ni validación a la toma de decisiones, ello puede tomar otro sesgo, sentirse deprimidos y dejar a la familia buscando otro rumbo para llenar aquel hueco imaginable. Más de las diferencias personales, la soledad durante periodos extendidos se considera como algo que causa dolor e insatisfacción, por eso, la gente tiende a buscar el contacto social.

En otro orden de ideas, una persona que está sola es aquella que no tiene ningún plan especial para las fiestas de navidad o el día de su cumpleaños, no tiene planes futuros porque ha perdido la esperanza en su presente.

Tener una probada de lo que significa sentir soledad, es como un trago amargo para el alma, quien la ha llegado a experimentar sabe que no es fácil de vivirla y más sin la ayuda de alguien, el que la vive, necesita de una mano amiga que lo ayude a ver la luz escondida en toda esa oscuridad que lo rodea y que vive una vida tormentosa.

Es oportuno señalar que la soledad, también es utilizada como un medio de separación social, por ejemplo: en el ámbito penal, cuando un recluso muestra actitudes peligrosas para los demás, se le confina en celdas de alta seguridad para evitar algún acto inadecuado en perjuicio de los demás; de igual forma lo podemos ver en los hospitales psiquiátricos en el que se separa a aquellos pacientes violentos y pasan periodos en total soledad.

Finalmente, la soledad, cuando se enquista en el corazón, es un mal que va minando la capacidad de ser feliz de quien sufre por no tener a nadie con quien compartir su vida. La persona en soledad, se siente menos ante los ojos de los demás, llega a creer que no le importa a nadie y que no es importante.

Estimado lector, si usted se da cuenta de que hay alguien en su entorno que pasa mucho tiempo solo, dese el tiempo de visitarlo con más regularidad ya que, para quien recibe su visita, aunque sea breve, la alegría entra por la puerta de casa es inmensa y no tiene valor, aporta compañía para aquellos que están en soledad.


Rector General del Centro Universitario UTEG*

joseroque@uteg.edu.mx

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