/ miércoles 13 de noviembre de 2019

Principio de Peter

A mediados de los años setentas leí el libro El Principio de Peter del pedagogo Laurence Peter y Raymond Hull. El texto salió a la luz en 1969. En síntesis señala el límite de la capacidad de una persona. Es decir: alguien podrá ser buen reportero pero no podría ser jefe de información u otro cargo. Hay límite de capacidades pero los deseos no tienen fronteras.

La editorial Plaza Janes Editores, que trabajó el “Principio de Peter” y Wikipedia dicen, en la descripción del producto que “El ser humano tiende a ascender hasta llegar al nivel de su incompetencia. El resultado de tan irracional escalada está a la vista: guerras, deterioro ambiental, injusticias sociales, carreras a ninguna parte…Si el hombre quiere rescatarse a sí mismo de una futura existencia intolerable debe, en primer lugar, ver qué punto de no retorno le conduce su insensata escala”.

Este es el concepto principal de esa obra del canadiense Peter cuya obra fue rechazada por 14 editoriales. Y como dice la frase, “Cualquier parecido es mera coincidencia” cada quien, amable lector aplicará su criterio que, a fin de cuentas, es respetable.

La teoría de Laurence Peter ha sido revisada en diferentes ópticas. Surgen las preguntas y las opiniones. Por ejemplo: ¿por qué un excelente trabajador no siempre es el mejor gerente? Un artículo de Analía Llorente, en BBC News Mundo fechado el pasado agosto publica una conclusión a la que llegó un grupo de investigadores que estudió a más de 130 empresas estadounidenses, en las cuales, los empleados que mejor desempeño tuvieron en su rol, fueron promovidos a cargos de gerente. Cuando sucedió el ascenso, “esos jefes no fueron competentes en un rol de liderazgo”.

Es condición humana la búsqueda de mejores puestos laborales o de mayor riqueza, etc., pero también es parte del ser humano la envidia, la ambición y otras conductas insanas que, a fin de cuentas, perjudican cualquier proyecto.

La teoría choca con la praxis, lo cual se comprueba desde la persona hasta la colectividad cuando ejerce y se enfrenta a las variantes como la ideología, la religión, la política. La mayoría de las ocasiones gana la utopía, sobre todo, por la incapacidad personal para sobreponerse y ascender con inteligencia, capacidad y cordura cuando hay un ascenso y con ello mayores responsabilidades.

Dice la conseja popular y lo comprueba la realidad, que “el poder desgasta”. También señala que “no es lo mismo ser candidato a determinado cargo y luego ocuparlo”. También se dice que “hay políticos y personas que una vez o cuando algún cargo, sufran “el mareo del ladrillo”. ¡¡Imaginemos que sucederá a una persona, o a la sociedad o a un país cuando sus dirigentes sean presas del “Principio de Peter”!! Cualquier parecido es mera coincidencia! Y…qué pasa?

A mediados de los años setentas leí el libro El Principio de Peter del pedagogo Laurence Peter y Raymond Hull. El texto salió a la luz en 1969. En síntesis señala el límite de la capacidad de una persona. Es decir: alguien podrá ser buen reportero pero no podría ser jefe de información u otro cargo. Hay límite de capacidades pero los deseos no tienen fronteras.

La editorial Plaza Janes Editores, que trabajó el “Principio de Peter” y Wikipedia dicen, en la descripción del producto que “El ser humano tiende a ascender hasta llegar al nivel de su incompetencia. El resultado de tan irracional escalada está a la vista: guerras, deterioro ambiental, injusticias sociales, carreras a ninguna parte…Si el hombre quiere rescatarse a sí mismo de una futura existencia intolerable debe, en primer lugar, ver qué punto de no retorno le conduce su insensata escala”.

Este es el concepto principal de esa obra del canadiense Peter cuya obra fue rechazada por 14 editoriales. Y como dice la frase, “Cualquier parecido es mera coincidencia” cada quien, amable lector aplicará su criterio que, a fin de cuentas, es respetable.

La teoría de Laurence Peter ha sido revisada en diferentes ópticas. Surgen las preguntas y las opiniones. Por ejemplo: ¿por qué un excelente trabajador no siempre es el mejor gerente? Un artículo de Analía Llorente, en BBC News Mundo fechado el pasado agosto publica una conclusión a la que llegó un grupo de investigadores que estudió a más de 130 empresas estadounidenses, en las cuales, los empleados que mejor desempeño tuvieron en su rol, fueron promovidos a cargos de gerente. Cuando sucedió el ascenso, “esos jefes no fueron competentes en un rol de liderazgo”.

Es condición humana la búsqueda de mejores puestos laborales o de mayor riqueza, etc., pero también es parte del ser humano la envidia, la ambición y otras conductas insanas que, a fin de cuentas, perjudican cualquier proyecto.

La teoría choca con la praxis, lo cual se comprueba desde la persona hasta la colectividad cuando ejerce y se enfrenta a las variantes como la ideología, la religión, la política. La mayoría de las ocasiones gana la utopía, sobre todo, por la incapacidad personal para sobreponerse y ascender con inteligencia, capacidad y cordura cuando hay un ascenso y con ello mayores responsabilidades.

Dice la conseja popular y lo comprueba la realidad, que “el poder desgasta”. También señala que “no es lo mismo ser candidato a determinado cargo y luego ocuparlo”. También se dice que “hay políticos y personas que una vez o cuando algún cargo, sufran “el mareo del ladrillo”. ¡¡Imaginemos que sucederá a una persona, o a la sociedad o a un país cuando sus dirigentes sean presas del “Principio de Peter”!! Cualquier parecido es mera coincidencia! Y…qué pasa?

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