/ lunes 17 de junio de 2024

Por encima de la ley nadie. Al margen de la Ley nada

La Sala Especializada del Tribunal Electoral, consideró que los dichos del Primer Mandatario del País, en al menos once conferencias matutinas incurrieron en una violación a la ley electoral, concretamente violencia política de género, en agravio de la señora Xóchitl Gálvez. ¿y?

No existe posibilidad de sancionar al Primer Magistrado, dado el principio nullun penae sine lege - no hay pena sin ley que la establezca – lo que queda en el anecdotario y en una desafortunada muestra de impunidad, pero sí nos dejó algo útil como lo explicaré más adelante.

La Constitución Federal dice en su artículo sexto, que “la manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque a la moral, la vida privada o los derechos de terceros, provoque algún delito, o perturbe el orden público; el derecho de réplica será ejercido en los términos dispuestos por la ley”.

El Presidente López Obrador se escudó en este artículo para manifestar sus ideas como cualquier ciudadano de la República, pero incurrió en una transgresión a la moral, la vida Privada y los derechos de terceros; su constante intromisión en las campañas electorales y y el ejercer violencia política de género fue palmaria; pese a eso y a que incidió claramente en el proceso electoral, y a que recibió constantes amonestaciones y advertencias del órgano electoral, la respuesta presidencial fue siempre socarrona y sarcástica.

Por una cosa o por otra, en nuestro País, resulta que quienes de alguna manera violan la ley no reciben sanción por su conducta, incluido el Presidente y deja en la ciudadanía la idea de que aquí podemos hacer lo que se nos venga en gana sin que pase nada.

El Presidente de la República tiene, como cualquier ciudadano, el derecho de manifestar sus ideas, desde luego, pero ese derecho no es absoluto. Tiene limitantes, y el artículo sexto de la constitución las establece de manera muy clara: cuando se ataque a la vida privada o a los derechos de terceros como fue el caso de considerar a la señora Gálvez, ex candidata a la Presidencia de la República, como alguien manipulado por un grupo de hombres, para competir por la Presidencia de la República, lo que la denigró y ofendió al cosificarla. La señora merece respeto absoluto, nos guste o no su manera de ser o su ideología y más por ser la adversaria política del Presidente, cosa que a este no le interesó en lo mínimo.

Como la ley electoral no contempla sanción alguna por esa conducta al titular del Poder Ejecutivo, de que sirve esa resolución formalmente valida, debidamente fundada y motivada pero inejecutable con una sanción ad hoc por ser completamente inoperante e intrascendente.

Se quedará usted pensando amable lector, en la utilidad o provecho de esta sentencia del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. ¿Sirvió o servirá de algo?

Fíjese que sí. Si sirve y no como una sentencia de gran trascendencia en el derecho que sirva de precedente observable; sirvió para probar a los millones de crédulos que andan por ahí, que eso de que “por encima de la ley nadie y al margen de la ley nada” es puro cuento, pura pose y una retórica que integra cotidianamente un discurso hueco engaña bobos.

El Presidente lo hizo, se puso encima de la ley, actuó al margen de la ley y simplemente no pasó nada. Esa es la cruda realidad, no la del cuento de hadas de cada mañanera.

La Sala Especializada del Tribunal Electoral, consideró que los dichos del Primer Mandatario del País, en al menos once conferencias matutinas incurrieron en una violación a la ley electoral, concretamente violencia política de género, en agravio de la señora Xóchitl Gálvez. ¿y?

No existe posibilidad de sancionar al Primer Magistrado, dado el principio nullun penae sine lege - no hay pena sin ley que la establezca – lo que queda en el anecdotario y en una desafortunada muestra de impunidad, pero sí nos dejó algo útil como lo explicaré más adelante.

La Constitución Federal dice en su artículo sexto, que “la manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque a la moral, la vida privada o los derechos de terceros, provoque algún delito, o perturbe el orden público; el derecho de réplica será ejercido en los términos dispuestos por la ley”.

El Presidente López Obrador se escudó en este artículo para manifestar sus ideas como cualquier ciudadano de la República, pero incurrió en una transgresión a la moral, la vida Privada y los derechos de terceros; su constante intromisión en las campañas electorales y y el ejercer violencia política de género fue palmaria; pese a eso y a que incidió claramente en el proceso electoral, y a que recibió constantes amonestaciones y advertencias del órgano electoral, la respuesta presidencial fue siempre socarrona y sarcástica.

Por una cosa o por otra, en nuestro País, resulta que quienes de alguna manera violan la ley no reciben sanción por su conducta, incluido el Presidente y deja en la ciudadanía la idea de que aquí podemos hacer lo que se nos venga en gana sin que pase nada.

El Presidente de la República tiene, como cualquier ciudadano, el derecho de manifestar sus ideas, desde luego, pero ese derecho no es absoluto. Tiene limitantes, y el artículo sexto de la constitución las establece de manera muy clara: cuando se ataque a la vida privada o a los derechos de terceros como fue el caso de considerar a la señora Gálvez, ex candidata a la Presidencia de la República, como alguien manipulado por un grupo de hombres, para competir por la Presidencia de la República, lo que la denigró y ofendió al cosificarla. La señora merece respeto absoluto, nos guste o no su manera de ser o su ideología y más por ser la adversaria política del Presidente, cosa que a este no le interesó en lo mínimo.

Como la ley electoral no contempla sanción alguna por esa conducta al titular del Poder Ejecutivo, de que sirve esa resolución formalmente valida, debidamente fundada y motivada pero inejecutable con una sanción ad hoc por ser completamente inoperante e intrascendente.

Se quedará usted pensando amable lector, en la utilidad o provecho de esta sentencia del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. ¿Sirvió o servirá de algo?

Fíjese que sí. Si sirve y no como una sentencia de gran trascendencia en el derecho que sirva de precedente observable; sirvió para probar a los millones de crédulos que andan por ahí, que eso de que “por encima de la ley nadie y al margen de la ley nada” es puro cuento, pura pose y una retórica que integra cotidianamente un discurso hueco engaña bobos.

El Presidente lo hizo, se puso encima de la ley, actuó al margen de la ley y simplemente no pasó nada. Esa es la cruda realidad, no la del cuento de hadas de cada mañanera.