José Luis Cuéllar De Dios

  / jueves 11 de abril de 2019

Pequeños gigantes y la frivolidad

Teorías y métodos científicos acerca de los principios, sistemas y procesos para la educación infantil cuya efectividad y certeza ya no están sometidas a discusión, sino que son las modernas herramientas con las que un buen numero de países -los asiáticos por ejemplo-han venido trabajando desde hace un par de décadas obteniendo cuasi milagrosos resultados cuyos beneficios se han venido constatando, primero en la calidad de vida de los asiáticos, segundo en el enorme desarrollo de aquellos países que los vienen utilizando para sorpresa y admiración de todo el mundo.

Las experiencias infantiles son imborrables y marcan rutas de vida, origen es destino se dice por ahí. Transcurren tiempos donde resulta indispensable vinculcar verdaderos valores que sirvan de equilibrio a las mil tentaciones materialistas: “modernidad” se dice, donde reina un hedonismo a ultranza por lo que resulta indispensable acompañar el conocimiento de valores éticos y morales que sirvan como puntos de equilibrio.

Resulta oportuno citar a Benjamín Franklin cuando dice: “De quien opina que el dinero puede hacerlo todo, cabe esperar que hará cualquier cosa por dinero”.

Para colaborar al desatino de lo que se puede calificar como peligrosa educación se trasmite los domingos en horario estelar, ese que una buena muy buena parte de la población mexicana ve con puntual deseo, un programa de dos horas -creo- titulado con el engañoso y alcahuete nombre de PEQUEÑOS GIGANTES en el que los principales protagonistas son niños, si niños de entre cinco y doce años, mismos que son reclutados aleccionados y preparados para ser los protagonistas estelares de un show a la manera de los grandes espectáculos que presentan los “artistas” consagrados; bailan, cantan, discursan, critican, en fin todos aquellos temas que previamente se sabe causaran risa dada la pregunta, dado el criterio infantil que se tiene de las cosas a los cinco años. Contestan preguntas capciosamente preparadas a fin de que las respuestas causen risas.

Los niños protagonistas se sentirán estrellas consagradas del espectáculo sin saber que dicho espectáculo esta cimentado en la mayor y absoluta frivolidad, sexo, dinero, fama, protagonismo y todo lo demás puesto prematura y peligrosamente al servicio del futuro de niños que enfrentaran la vida bajo la óptica de merecer todo porque son estrellas de la televisión.

Plagio -parcialmente- a Juan Ruiz, Arcipreste de Hita cuando afirma; “en resumen lo digo, entiendelo mejor: 'la fama' es del mundo una gran agitadora, hace señor al siervo y siervo al señor”.

La experiencia, con el carácter de una pesadilla, que de ahí obtengan los niños, deformara conceptos básicos para el desarrollo futuro de esos “pequeños gigantes”, las verdades de esas experiencias serán ficciones en el corto plazo, resulta peligroso que a tan temprana edad se refugien en la practica de la frivolidad, de la ficción. Se dice que la mayor traición es la promesa no cumplida, todos los niños a los que hacen creer que son “pequeños gigantes” sentirán, mas temprano que tarde un sentimiento de traición.

No sorprende este tipo de programas en televisión cuando desde hace años es la que educa, la “escuela” de niños y adultos. Como decía Napoleón: “Es mas fácil engañar que desengañar”.

Teorías y métodos científicos acerca de los principios, sistemas y procesos para la educación infantil cuya efectividad y certeza ya no están sometidas a discusión, sino que son las modernas herramientas con las que un buen numero de países -los asiáticos por ejemplo-han venido trabajando desde hace un par de décadas obteniendo cuasi milagrosos resultados cuyos beneficios se han venido constatando, primero en la calidad de vida de los asiáticos, segundo en el enorme desarrollo de aquellos países que los vienen utilizando para sorpresa y admiración de todo el mundo.

Las experiencias infantiles son imborrables y marcan rutas de vida, origen es destino se dice por ahí. Transcurren tiempos donde resulta indispensable vinculcar verdaderos valores que sirvan de equilibrio a las mil tentaciones materialistas: “modernidad” se dice, donde reina un hedonismo a ultranza por lo que resulta indispensable acompañar el conocimiento de valores éticos y morales que sirvan como puntos de equilibrio.

Resulta oportuno citar a Benjamín Franklin cuando dice: “De quien opina que el dinero puede hacerlo todo, cabe esperar que hará cualquier cosa por dinero”.

Para colaborar al desatino de lo que se puede calificar como peligrosa educación se trasmite los domingos en horario estelar, ese que una buena muy buena parte de la población mexicana ve con puntual deseo, un programa de dos horas -creo- titulado con el engañoso y alcahuete nombre de PEQUEÑOS GIGANTES en el que los principales protagonistas son niños, si niños de entre cinco y doce años, mismos que son reclutados aleccionados y preparados para ser los protagonistas estelares de un show a la manera de los grandes espectáculos que presentan los “artistas” consagrados; bailan, cantan, discursan, critican, en fin todos aquellos temas que previamente se sabe causaran risa dada la pregunta, dado el criterio infantil que se tiene de las cosas a los cinco años. Contestan preguntas capciosamente preparadas a fin de que las respuestas causen risas.

Los niños protagonistas se sentirán estrellas consagradas del espectáculo sin saber que dicho espectáculo esta cimentado en la mayor y absoluta frivolidad, sexo, dinero, fama, protagonismo y todo lo demás puesto prematura y peligrosamente al servicio del futuro de niños que enfrentaran la vida bajo la óptica de merecer todo porque son estrellas de la televisión.

Plagio -parcialmente- a Juan Ruiz, Arcipreste de Hita cuando afirma; “en resumen lo digo, entiendelo mejor: 'la fama' es del mundo una gran agitadora, hace señor al siervo y siervo al señor”.

La experiencia, con el carácter de una pesadilla, que de ahí obtengan los niños, deformara conceptos básicos para el desarrollo futuro de esos “pequeños gigantes”, las verdades de esas experiencias serán ficciones en el corto plazo, resulta peligroso que a tan temprana edad se refugien en la practica de la frivolidad, de la ficción. Se dice que la mayor traición es la promesa no cumplida, todos los niños a los que hacen creer que son “pequeños gigantes” sentirán, mas temprano que tarde un sentimiento de traición.

No sorprende este tipo de programas en televisión cuando desde hace años es la que educa, la “escuela” de niños y adultos. Como decía Napoleón: “Es mas fácil engañar que desengañar”.

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