/ miércoles 20 de mayo de 2020

Ombudsman - Tribunus Plebis


Abel Campirano Marín


Quod natura non dat, Salamantica non praestat. Lo que la naturaleza no da, Salamanca no presta. Proverbio latino que nos enseña que la Universidad no le puede dar a nadie las cualidades de las que adolece.

Las Comisiones de Derechos Humanos, vigilantes del cumplimiento de la ley, herederas del Tribunus Plebis romano, tienen una enorme deuda con la sociedad.

Al paso del tiempo, la naturaleza de esta institución cuyo origen no se remonta al año 1948 cuando se suscribió la Carta de San Francisco que dio paso a la Organización de las Naciones Unidas ni al año 1789 con la Revolución Francesa y su Liberté, Egalité, Fraternité.

Tampoco la Justicia de Aragón en el siglo XII, o el Procurador en el Consejo de Indias en el siglo XVI ni la época de la Constitución Sueca que en 1809 estableció la figura del Defensor del Pueblo, su antecedente es romano concretamente del siglo V antes de Cristo el Tribunus Plebis, institución que surgió recién iniciada la República al término de la Monarquía, poseedora del ius intercessionis para proteger a los plebeyos de los abusos de los patricios y de los cónsules.

Desde entonces ha existido la necesidad de un órgano vigilante de la exacta aplicación del derecho y la protección de los gobernados frente a los abusos y vacíos de poder.

El vocablo ombudsman es una voz sueca que significa defensor del pueblo.

Las Comisiones de los Derechos Humanos han perdido esa función; son cautivas de la serpiente constrictora de la política; este ofidio que las mantiene avasalladas e inoperantes, reducidas a simples opinadoras que me traen a la memoria el pensamiento de Francisco Bulnes, que decía "en un sistema donde la justicia está subordinada a la política y al dinero, solo los fuertes tienen posibilidades de sobrevivir" y hoy día el Ombudsman luce débil, sin fuerza, inoperante. incompetente, ineficaz.

La cuestión de los derechos humanos es un sendero estrecho y lleno de espinas. Quien acepta ese privilegiado encargo debe tener aptitud y actitud. Una profunda sensibilidad para entender el significado de su responsabilidad como defensor del pueblo.

En un reciente artículo publicado en esta misma casa Editorial, EL OCCIDENTAL, el Director del Observatorio de Seguridad y Justicia de la Universidad de Guadalajara, el Doctor Luis Octavio Cotero Bernal en su colaboración del pasado domingo ha ejercido una dura crítica en contra del presidente de la CEDHJ por su conducta "omisiva, distraida o complaciente" en el proceso de la Convoctoria del Congreso de Jalisco para elegir tres consejeros que vayan a formar parte del Consejo de la Judicatura.

El catedrático universitario pone el dedo justo en la llaga; las Comisiones de derechos humanos necesitan volver al origen, defensores del pueblo, sin omisiones, sin desatenciones, sin silencios complacientes.

A nivel nacional, la señora María del Rosario Ibarra Piedra titular de la Comisión, ha permanecido vergonzosa e irresponsablemente en silencio, ante el pésimo desempeño de la autoridad el tema de los feminicidios, la violencia de género, el manejo inadecuado de crisis sanitaria y el pisoteo que se hace a la Constitución Federal con reformas siniestras y claramente violatorias de nuestro orden jurídico.

Cual es la razón de que existan las Comisiones? simple: la protección de los derechos humanos mediante la vigilancia irrestricta del cumplimiento de la ley, el evitar el abuso del poder o la omisión perversa de la autoridad en aplicarla. No son simples mironas ni opinadoras, ni vigilantes de que las detenciones se ajusten a la ley.

Aristóteles el clásico filósofo griego decía que la dignidad no consiste en poseer honores sino en merecerlos. Las Comisiones deben reivindicar la función para la cual fueron creadas, igual que los Tribunus Plebis.


Abel Campirano Marín


Quod natura non dat, Salamantica non praestat. Lo que la naturaleza no da, Salamanca no presta. Proverbio latino que nos enseña que la Universidad no le puede dar a nadie las cualidades de las que adolece.

Las Comisiones de Derechos Humanos, vigilantes del cumplimiento de la ley, herederas del Tribunus Plebis romano, tienen una enorme deuda con la sociedad.

Al paso del tiempo, la naturaleza de esta institución cuyo origen no se remonta al año 1948 cuando se suscribió la Carta de San Francisco que dio paso a la Organización de las Naciones Unidas ni al año 1789 con la Revolución Francesa y su Liberté, Egalité, Fraternité.

Tampoco la Justicia de Aragón en el siglo XII, o el Procurador en el Consejo de Indias en el siglo XVI ni la época de la Constitución Sueca que en 1809 estableció la figura del Defensor del Pueblo, su antecedente es romano concretamente del siglo V antes de Cristo el Tribunus Plebis, institución que surgió recién iniciada la República al término de la Monarquía, poseedora del ius intercessionis para proteger a los plebeyos de los abusos de los patricios y de los cónsules.

Desde entonces ha existido la necesidad de un órgano vigilante de la exacta aplicación del derecho y la protección de los gobernados frente a los abusos y vacíos de poder.

El vocablo ombudsman es una voz sueca que significa defensor del pueblo.

Las Comisiones de los Derechos Humanos han perdido esa función; son cautivas de la serpiente constrictora de la política; este ofidio que las mantiene avasalladas e inoperantes, reducidas a simples opinadoras que me traen a la memoria el pensamiento de Francisco Bulnes, que decía "en un sistema donde la justicia está subordinada a la política y al dinero, solo los fuertes tienen posibilidades de sobrevivir" y hoy día el Ombudsman luce débil, sin fuerza, inoperante. incompetente, ineficaz.

La cuestión de los derechos humanos es un sendero estrecho y lleno de espinas. Quien acepta ese privilegiado encargo debe tener aptitud y actitud. Una profunda sensibilidad para entender el significado de su responsabilidad como defensor del pueblo.

En un reciente artículo publicado en esta misma casa Editorial, EL OCCIDENTAL, el Director del Observatorio de Seguridad y Justicia de la Universidad de Guadalajara, el Doctor Luis Octavio Cotero Bernal en su colaboración del pasado domingo ha ejercido una dura crítica en contra del presidente de la CEDHJ por su conducta "omisiva, distraida o complaciente" en el proceso de la Convoctoria del Congreso de Jalisco para elegir tres consejeros que vayan a formar parte del Consejo de la Judicatura.

El catedrático universitario pone el dedo justo en la llaga; las Comisiones de derechos humanos necesitan volver al origen, defensores del pueblo, sin omisiones, sin desatenciones, sin silencios complacientes.

A nivel nacional, la señora María del Rosario Ibarra Piedra titular de la Comisión, ha permanecido vergonzosa e irresponsablemente en silencio, ante el pésimo desempeño de la autoridad el tema de los feminicidios, la violencia de género, el manejo inadecuado de crisis sanitaria y el pisoteo que se hace a la Constitución Federal con reformas siniestras y claramente violatorias de nuestro orden jurídico.

Cual es la razón de que existan las Comisiones? simple: la protección de los derechos humanos mediante la vigilancia irrestricta del cumplimiento de la ley, el evitar el abuso del poder o la omisión perversa de la autoridad en aplicarla. No son simples mironas ni opinadoras, ni vigilantes de que las detenciones se ajusten a la ley.

Aristóteles el clásico filósofo griego decía que la dignidad no consiste en poseer honores sino en merecerlos. Las Comisiones deben reivindicar la función para la cual fueron creadas, igual que los Tribunus Plebis.

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