/ martes 26 de marzo de 2019

¡No debe aceptarse!

“Por severo que sea un padre juzgando a su hijo, nunca es tan severo como un hijo juzgando a su padre”

-Enrique Jardiel Poncela. Escritor y dramaturgo español.


Dice un apotegma egipcio que los hijos se parecen más a su tiempo que a sus padres, esto resume todas las complejidades que tiene esa relación fundamental entre un padre con sus hijos. Cuando se es padre, hay un momento en la vida de los hijos que es difícil sortear en virtud de que los momentos en que viven esos profundos cambios físicos, psicológicos, sexuales y sociales, desde la infancia y la edad adulta, son diferentes al que vivieron los padres.

Partiendo de este concepto, en la mayoría de las familias se puede determinar que la relación con la madre, puede, a veces, ser conflictiva y difícil, pero en la mayoría de los casos hay un amor incondicional a ella y que bien, ya que es natural, porque nacimos de las entrañas de su cuerpo.

En ocasiones, la relación con el padre resulta ser diferente porque a lo largo de la vida se viven una serie de contradicciones ya que puede entenderse o interpretarse de dos maneras distintas y totalmente opuestas porque se toma como un protector, y a su vez, como una amenaza cuando no se aceptan tales o cuales cosas malhechas por los hijos y estos, los hijos, se sienten agredidos ya que el padre suele ser la voz que dice la última palabra y el que pone los límites.

Así, al paso del tiempo, en las nuevas formas de familia el padre puede ser conceptuado solamente como aquel ser que brilla por su ausencia, o el eterno rival de la madre, de las diferentes formas de relación del padre con la madre surgen también diversos tipos de conflictos entre los hijos y este, puede quedar grabado en el hijo hasta llegar a considerarlo su enemigo ya que el padre termina convirtiéndose solamente en una figura disciplinaria.

En aislados casos el hombre es padre y madre a la vez, sin olvidar las tristes realidades en las que el padre es fuente de abuso por parte de sus hijos en sus múltiples formas. Un padre que es responsable y quiere lo mejor para sus hijos, pone límites aquí y allá, como una especie de juez, si la madre se une en esta difícil tarea y actúa de manera consecuente, no hay confusión porque los dos van por el mismo objetivo, formar a los hijos como seres de bien. Por el contrario, si la madre actúa de forma opuesta, las cosas se complican, ella termina siendo permisiva para no tener problemas con los hijos y aparentar abnegación, mientras que el padre termina siendo considerado como un tirano o anulándose a sí mismo para evitar conflictos, recogiendo el coraje y maltrato físico, indiferente o verbal por los renombrados hijos. Terrible cualquier forma.

Cuando el resentimiento y la ira se apoderan de la relación con el padre, las personas van por la vida con fuertes frustraciones sobre donde están los límites de sus actuaciones, tendrán dificultades para recoger el propio valor y temores a vencer, antes de alcanzar cualquier logro porque aquel sentimiento de coraje no los deja desarrollar todo el potencial que tienen.

Cuando sientes que tu padre es tu enemigo, seguramente es el resultado de que nunca te ha permitido ni ha aprobado las cosas que no has hecho bien, de tal manera que los padres se caracterizan por sentimientos y actitudes positivas que tienen hacía los hijos, que es su mayor constancia divina por la que se está en este mundo.

Finalmente, en cualquier caso, siempre es saludable aprender a aceptar a ese padre real y olvidar el ideal que mantenemos en nuestro pensamiento de cómo debería ser nuestro padre, ya que con todo y sus errores nos ha dado el mayor don de todos. “la vida”. Ello lo entenderás cuando seas padre de familia y mejor lo entiendes si ya lo eres. Proponte no trasladar a tus hijos esa frustración.

Apreciable lector gracias por leerme, agradezco sus comentarios, seguro estoy que estamos de acuerdo que hay cosas que no deben aceptarse, el mal comportamiento de los hijos hacia los padres.


Rector General del Centro Universitario UTEG

joseroque@uteg.edu.mx

“Por severo que sea un padre juzgando a su hijo, nunca es tan severo como un hijo juzgando a su padre”

-Enrique Jardiel Poncela. Escritor y dramaturgo español.


Dice un apotegma egipcio que los hijos se parecen más a su tiempo que a sus padres, esto resume todas las complejidades que tiene esa relación fundamental entre un padre con sus hijos. Cuando se es padre, hay un momento en la vida de los hijos que es difícil sortear en virtud de que los momentos en que viven esos profundos cambios físicos, psicológicos, sexuales y sociales, desde la infancia y la edad adulta, son diferentes al que vivieron los padres.

Partiendo de este concepto, en la mayoría de las familias se puede determinar que la relación con la madre, puede, a veces, ser conflictiva y difícil, pero en la mayoría de los casos hay un amor incondicional a ella y que bien, ya que es natural, porque nacimos de las entrañas de su cuerpo.

En ocasiones, la relación con el padre resulta ser diferente porque a lo largo de la vida se viven una serie de contradicciones ya que puede entenderse o interpretarse de dos maneras distintas y totalmente opuestas porque se toma como un protector, y a su vez, como una amenaza cuando no se aceptan tales o cuales cosas malhechas por los hijos y estos, los hijos, se sienten agredidos ya que el padre suele ser la voz que dice la última palabra y el que pone los límites.

Así, al paso del tiempo, en las nuevas formas de familia el padre puede ser conceptuado solamente como aquel ser que brilla por su ausencia, o el eterno rival de la madre, de las diferentes formas de relación del padre con la madre surgen también diversos tipos de conflictos entre los hijos y este, puede quedar grabado en el hijo hasta llegar a considerarlo su enemigo ya que el padre termina convirtiéndose solamente en una figura disciplinaria.

En aislados casos el hombre es padre y madre a la vez, sin olvidar las tristes realidades en las que el padre es fuente de abuso por parte de sus hijos en sus múltiples formas. Un padre que es responsable y quiere lo mejor para sus hijos, pone límites aquí y allá, como una especie de juez, si la madre se une en esta difícil tarea y actúa de manera consecuente, no hay confusión porque los dos van por el mismo objetivo, formar a los hijos como seres de bien. Por el contrario, si la madre actúa de forma opuesta, las cosas se complican, ella termina siendo permisiva para no tener problemas con los hijos y aparentar abnegación, mientras que el padre termina siendo considerado como un tirano o anulándose a sí mismo para evitar conflictos, recogiendo el coraje y maltrato físico, indiferente o verbal por los renombrados hijos. Terrible cualquier forma.

Cuando el resentimiento y la ira se apoderan de la relación con el padre, las personas van por la vida con fuertes frustraciones sobre donde están los límites de sus actuaciones, tendrán dificultades para recoger el propio valor y temores a vencer, antes de alcanzar cualquier logro porque aquel sentimiento de coraje no los deja desarrollar todo el potencial que tienen.

Cuando sientes que tu padre es tu enemigo, seguramente es el resultado de que nunca te ha permitido ni ha aprobado las cosas que no has hecho bien, de tal manera que los padres se caracterizan por sentimientos y actitudes positivas que tienen hacía los hijos, que es su mayor constancia divina por la que se está en este mundo.

Finalmente, en cualquier caso, siempre es saludable aprender a aceptar a ese padre real y olvidar el ideal que mantenemos en nuestro pensamiento de cómo debería ser nuestro padre, ya que con todo y sus errores nos ha dado el mayor don de todos. “la vida”. Ello lo entenderás cuando seas padre de familia y mejor lo entiendes si ya lo eres. Proponte no trasladar a tus hijos esa frustración.

Apreciable lector gracias por leerme, agradezco sus comentarios, seguro estoy que estamos de acuerdo que hay cosas que no deben aceptarse, el mal comportamiento de los hijos hacia los padres.


Rector General del Centro Universitario UTEG

joseroque@uteg.edu.mx

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