Armando Maya Castro

  / martes 2 de julio de 2019

Migración y Derechos Humanos

Un migrante salvadoreño y su bebé murieron ahogados tras ser arrastrados por la corriente del Río Bravo, esto en su malogrado intento de cruzar a Estados Unidos en busca de ese sueño americano que para algunos resulta inalcanzable y de enorme sufrimiento al tratar de cruzar la frontera hacia el vecino país del norte.

Me refiero a Óscar Alberto Martínez Ramírez, de 25 años, y a la bebé Valeria de casi dos años, para quien su padre quería un mejor futuro. Los cuerpos del progenitor y de su pequeña permanecían abrazados boca abajo en el agua al momento en que Julia Le Duc, del periódico La Jornada, captó dicha escena con su cámara el pasado 24 de junio, a un kilómetro del Puente Internacional que conecta Matamoros, Tamaulipas (México) con Brownsville, Texas (Estados Unidos).

La imagen captada por Le Duc, que se volvió viral y puso rostro a la tragedia de miles de migrantes centroamericanos, le ha dado la vuelta al mundo y ha generado diversos tipos de reacciones. El propio presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se ha expresado sobre la fotografía: “la odio”, dijo, para enseguida responsabilizar a la oposición demócrata de la muerte de migrantes por su negativa a respaldar su política migratoria, calificada por muchos como contraria a los derechos humanos.

Medios internacionales como The Washington Post y The New York Times se han pronunciado sobre la fotografía. Este último medio dijo que “la imagen representa una conmovedora muestra del peligroso recorrido que los migrantes enfrentan en su paso rumbo al norte hacia Estados Unidos, y de las trágicas consecuencias que a menudo transcurren de manera invisible en el escandaloso y ácido debate sobre la política fronteriza”.

Por su parte, el periódico fundado en 1877 por Stilson Hutchins, señaló en el texto periodístico publicado bajo el título “The father and daughter who drowned at the border dove into the river in desperation“: “Viajaron más de mil millas. Una vez en los Estados Unidos, planeaban solicitar asilo para refugiarse de la violencia que lleva a muchos migrantes centroamericanos a partir de sus países de origen todos los días. Pero lo más lejos que llegó la familia fue un puente internacional en Matamoros, México. El domingo, les dijeron que el puente estaba cerrado y que deberían intentar cruzarlo al día siguiente”.

Más allá de las culpas que republicanos y demócratas estadounidenses se lanzan entre sí, lo cierto es que las muertes de migrantes y los ataques contra éstos están vinculados a graves violaciones a los derechos humanos, así como con las causas que llevan a millones de personas a tomar la decisión de emigrar de sus países de origen.

En los países de América Latina, los principales factores del desplazamiento de millones de personas hacia Estados Unidos son: la falta de empleo bien remunerado, la inseguridad que resulta de la incontenible violencia, los problemas socioeconómicos, la búsqueda de oportunidades de empleo y una mejor calidad de vida.

En lo que respecta a los migrantes de África y Asia, que ponen sus ojos en algunos países de Europa para alcanzar mejores condiciones de vida, las causas son: crisis económicas, conflictos armados, hambrunas, miseria, dictaduras, catástrofes naturales, entre otros factores.

El pasado 20 de junio, en el Día Mundial del Refugiado, EL Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), publicó cifras que detallan la alarmante situación de la migración en el mundo. Se dijo entonces que los países con mayor flujo de migrantes hacia varios países de Europa son: Siria, Afganistán, Sudán del Sur, Myanmar y Somalia.

En el caso específico de Siria, la guerra civil que ha provocado 400 mil muertos y millones de refugiados ha sido la principal causa de que millones de sirios hayan emigrado a Europa en busca de refugio. Lamentablemente, los gobernantes y muchos de los gobernados de estos países europeos han sido insensibles e indiferentes a las necesidades de los refugiados que buscan ponerse a salvo de la brutal guerra.

El mencionado informe de ACNUR, que en junio de 2016 lanzó la campaña #ConLosRefugiados para solicitar a los gobiernos del mundo su colaboración y cumplimiento con su deber en relación con las personas que precisan ser acogidas, incluye tres naciones latinoamericanas entre las diez con más solicitudes de asilo en todo el mundo. Estas naciones son: Venezuela, El Salvador y Honduras, países que, como todos sabemos, viven situaciones que afectan a la población de distinta manera.

Considero que los gobiernos de todo el mundo tienen ante sí un importante desafío: crear instituciones que garanticen migraciones ordenadas y que impidan la repetición de tragedias como la de Óscar Alberto y su bebé. Para evitar casos así, la comunidad internacional debe trabajar más y mejor en la protección de los derechos fundamentales de los migrantes.


Un migrante salvadoreño y su bebé murieron ahogados tras ser arrastrados por la corriente del Río Bravo, esto en su malogrado intento de cruzar a Estados Unidos en busca de ese sueño americano que para algunos resulta inalcanzable y de enorme sufrimiento al tratar de cruzar la frontera hacia el vecino país del norte.

Me refiero a Óscar Alberto Martínez Ramírez, de 25 años, y a la bebé Valeria de casi dos años, para quien su padre quería un mejor futuro. Los cuerpos del progenitor y de su pequeña permanecían abrazados boca abajo en el agua al momento en que Julia Le Duc, del periódico La Jornada, captó dicha escena con su cámara el pasado 24 de junio, a un kilómetro del Puente Internacional que conecta Matamoros, Tamaulipas (México) con Brownsville, Texas (Estados Unidos).

La imagen captada por Le Duc, que se volvió viral y puso rostro a la tragedia de miles de migrantes centroamericanos, le ha dado la vuelta al mundo y ha generado diversos tipos de reacciones. El propio presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se ha expresado sobre la fotografía: “la odio”, dijo, para enseguida responsabilizar a la oposición demócrata de la muerte de migrantes por su negativa a respaldar su política migratoria, calificada por muchos como contraria a los derechos humanos.

Medios internacionales como The Washington Post y The New York Times se han pronunciado sobre la fotografía. Este último medio dijo que “la imagen representa una conmovedora muestra del peligroso recorrido que los migrantes enfrentan en su paso rumbo al norte hacia Estados Unidos, y de las trágicas consecuencias que a menudo transcurren de manera invisible en el escandaloso y ácido debate sobre la política fronteriza”.

Por su parte, el periódico fundado en 1877 por Stilson Hutchins, señaló en el texto periodístico publicado bajo el título “The father and daughter who drowned at the border dove into the river in desperation“: “Viajaron más de mil millas. Una vez en los Estados Unidos, planeaban solicitar asilo para refugiarse de la violencia que lleva a muchos migrantes centroamericanos a partir de sus países de origen todos los días. Pero lo más lejos que llegó la familia fue un puente internacional en Matamoros, México. El domingo, les dijeron que el puente estaba cerrado y que deberían intentar cruzarlo al día siguiente”.

Más allá de las culpas que republicanos y demócratas estadounidenses se lanzan entre sí, lo cierto es que las muertes de migrantes y los ataques contra éstos están vinculados a graves violaciones a los derechos humanos, así como con las causas que llevan a millones de personas a tomar la decisión de emigrar de sus países de origen.

En los países de América Latina, los principales factores del desplazamiento de millones de personas hacia Estados Unidos son: la falta de empleo bien remunerado, la inseguridad que resulta de la incontenible violencia, los problemas socioeconómicos, la búsqueda de oportunidades de empleo y una mejor calidad de vida.

En lo que respecta a los migrantes de África y Asia, que ponen sus ojos en algunos países de Europa para alcanzar mejores condiciones de vida, las causas son: crisis económicas, conflictos armados, hambrunas, miseria, dictaduras, catástrofes naturales, entre otros factores.

El pasado 20 de junio, en el Día Mundial del Refugiado, EL Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), publicó cifras que detallan la alarmante situación de la migración en el mundo. Se dijo entonces que los países con mayor flujo de migrantes hacia varios países de Europa son: Siria, Afganistán, Sudán del Sur, Myanmar y Somalia.

En el caso específico de Siria, la guerra civil que ha provocado 400 mil muertos y millones de refugiados ha sido la principal causa de que millones de sirios hayan emigrado a Europa en busca de refugio. Lamentablemente, los gobernantes y muchos de los gobernados de estos países europeos han sido insensibles e indiferentes a las necesidades de los refugiados que buscan ponerse a salvo de la brutal guerra.

El mencionado informe de ACNUR, que en junio de 2016 lanzó la campaña #ConLosRefugiados para solicitar a los gobiernos del mundo su colaboración y cumplimiento con su deber en relación con las personas que precisan ser acogidas, incluye tres naciones latinoamericanas entre las diez con más solicitudes de asilo en todo el mundo. Estas naciones son: Venezuela, El Salvador y Honduras, países que, como todos sabemos, viven situaciones que afectan a la población de distinta manera.

Considero que los gobiernos de todo el mundo tienen ante sí un importante desafío: crear instituciones que garanticen migraciones ordenadas y que impidan la repetición de tragedias como la de Óscar Alberto y su bebé. Para evitar casos así, la comunidad internacional debe trabajar más y mejor en la protección de los derechos fundamentales de los migrantes.


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