Luis Sánchez

  / sábado 6 de abril de 2019

Migración y cultura de paz

“En griego antiguo la palabra que se usa para designar al huésped, al invitado, y la palabra que se usa para designar al extranjero, son el mismo término: xénos”

George Steiner


México es un puente entre Norteamérica y América Latina. Somos un cruce de culturas, modos de ser e historia compartida con Estados Unidos que nos ha dado privilegios y problemas: nuestro país ha sido dependiente en gran medida de la economía de nuestro vecino del norte, pero ha podido crear una de las zonas más dinámicas cultural, social y económicamente de todo el mundo. El México del norte y el Estados Unidos del sur ya no se entienden separados uno del otro y esto es bueno. Es un ejemplo cultural que debemos de dar y abrazar de manera valiente ante las amenazas de cierre de la frontera.

El presidente de Estados Unidos es un producto de un tiempo con gran ansiedad de los trabajadores estadounidenses ante la desaparición de empleos de manufactura. Mientras aquí crecían las maquiladoras, allá cerraban fábricas de todo tipo. Sin embargo, también hay algo más profundo. Quienes tenemos familiares en EE.UU. también sabemos de primera mano del miedo a la diferencia, de idiomas. Detrás de ese miedo justificado también hay una cultura populista y política del miedo al extraño, al otro. Si supieran que el trabajador mexicano comparte con el estadounidense experiencias de vida, habría puentes de paz y hermanamiento.

Sin embargo, esos puentes y la cultura de paz nos corresponden a todos. La cultura de paz y de la migración debe de estar enraizada en todos nosotros. Las acciones más notorias, que han provocado más alarma entre el empresariado de ambos lados del Río Bravo, son el cierre de la frontera y el cierre comercial de facto que esto implica. Sin embargo, más allá del dinero y el comercio, tenemos que ser inteligentes para percibir que un discurso similar, de conservadores y liberales, se está instalando en nuestro país.

Entre el silencio “estratégico” de Marcelo Ebrard ante las declaraciones de Trump y un presidente AMLO empeñado en partir al país en dos, poco espacio hay para emprender las acciones necesarias para una cultura de paz y migración. Hay muchas tareas pendientes, como lo son tratar a todos los mexicanos con dignidad, pacificar el país e instalar una cultura de convivencia pacífica, no una de “pueblo contra fifís”.

Pocas cosas deberían unirnos tanto como un presidente externo y que ataca injustificadamente a nuestro país. Sin embargo, el llamado a la unidad nacional no va a venir del presidente, empeñado en ganar todo siempre a costa de todos. Ese llamado lo vamos a tener que emprender todos, con una cultura de paz que ponga el ejemplo y demuestre que con acciones de tolerancia, convivencia y respeto a la dignidad humana, podemos hacer más, crear más y atraer la paz que tanto falta en México y Estados Unidos.


* Secretario General PAN Guadalajara

“En griego antiguo la palabra que se usa para designar al huésped, al invitado, y la palabra que se usa para designar al extranjero, son el mismo término: xénos”

George Steiner


México es un puente entre Norteamérica y América Latina. Somos un cruce de culturas, modos de ser e historia compartida con Estados Unidos que nos ha dado privilegios y problemas: nuestro país ha sido dependiente en gran medida de la economía de nuestro vecino del norte, pero ha podido crear una de las zonas más dinámicas cultural, social y económicamente de todo el mundo. El México del norte y el Estados Unidos del sur ya no se entienden separados uno del otro y esto es bueno. Es un ejemplo cultural que debemos de dar y abrazar de manera valiente ante las amenazas de cierre de la frontera.

El presidente de Estados Unidos es un producto de un tiempo con gran ansiedad de los trabajadores estadounidenses ante la desaparición de empleos de manufactura. Mientras aquí crecían las maquiladoras, allá cerraban fábricas de todo tipo. Sin embargo, también hay algo más profundo. Quienes tenemos familiares en EE.UU. también sabemos de primera mano del miedo a la diferencia, de idiomas. Detrás de ese miedo justificado también hay una cultura populista y política del miedo al extraño, al otro. Si supieran que el trabajador mexicano comparte con el estadounidense experiencias de vida, habría puentes de paz y hermanamiento.

Sin embargo, esos puentes y la cultura de paz nos corresponden a todos. La cultura de paz y de la migración debe de estar enraizada en todos nosotros. Las acciones más notorias, que han provocado más alarma entre el empresariado de ambos lados del Río Bravo, son el cierre de la frontera y el cierre comercial de facto que esto implica. Sin embargo, más allá del dinero y el comercio, tenemos que ser inteligentes para percibir que un discurso similar, de conservadores y liberales, se está instalando en nuestro país.

Entre el silencio “estratégico” de Marcelo Ebrard ante las declaraciones de Trump y un presidente AMLO empeñado en partir al país en dos, poco espacio hay para emprender las acciones necesarias para una cultura de paz y migración. Hay muchas tareas pendientes, como lo son tratar a todos los mexicanos con dignidad, pacificar el país e instalar una cultura de convivencia pacífica, no una de “pueblo contra fifís”.

Pocas cosas deberían unirnos tanto como un presidente externo y que ataca injustificadamente a nuestro país. Sin embargo, el llamado a la unidad nacional no va a venir del presidente, empeñado en ganar todo siempre a costa de todos. Ese llamado lo vamos a tener que emprender todos, con una cultura de paz que ponga el ejemplo y demuestre que con acciones de tolerancia, convivencia y respeto a la dignidad humana, podemos hacer más, crear más y atraer la paz que tanto falta en México y Estados Unidos.


* Secretario General PAN Guadalajara

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