/ miércoles 19 de febrero de 2020

LM triunfa contra viento y marea

Señalar a una persona como responsable de haber cometido determinada falta o delito es fácil, lo difícil es probarlo ante las instancias responsables de la procuración, administración e impartición de justicia. No olvidemos que la carga de la prueba corresponde a los acusadores, y que toda acusación debe ser probada más allá de toda duda razonable.

Si lo que se busca es justicia, la supuesta víctima debe presentar su acusación y las pruebas de sus señalamientos ante un tribunal competente del Estado. Esto es lo que se establece en el ámbito del derecho.

Si la pretensión es dañar la imagen de una persona o institución, la ruta a seguir por el demandante será la mediática, recurriendo a los medios de comunicación que, sin ética alguna, se prestan al sensacionalismo y a las campañas de desprestigio contra las personas e instituciones.

Aclaro, antes de seguir adelante: no me estoy refiriendo a los medios de comunicación en general, sino aquellos que no han podido ser ejemplo de ética en el ámbito periodístico, esas empresas mediáticas que han incorporado a su labor informativa a periodistas sin la capacidad de contrastar la información y la fiabilidad de sus fuentes informativas. Sé perfectamente bien que, aparte de los medios de comunicación antes mencionados, existen muchos otros que no son dados a replicar comunicados y notas de prensa, sino que investigan a profundidad sus temas, consultando diversas fuentes para contrastar la información.

La demanda contra algunas autoridades de la Iglesia La Luz del Mundo, presentada en Los Ángeles, California el pasado 13 de febrero por la señora Sochil Martin, es de carácter civil, un hecho que demuestra que el interés de la denunciante es eminentemente económico, pero no el único.

Aprovecho la ocasión para dejar en claro que no se trata de nuevas acusaciones contra el presidente internacional de la Iglesia La Luz del Mundo. Tampoco hay nuevas supuestas víctimas, como algunos medios tendenciosos han dicho faltando a la verdad. Son exactamente los mismos señalamientos, hechos por las mismas personas. Lo único que ha cambiado es la vía, esta vez, pensando tener un beneficio económico, han optado por la vía civil, demostrando con ello su interés.

Tenemos que admitir que la demanda tenía también otro interés: el de afectar la Santa Cena, la festividad más importante y solemne de la Iglesia La Luz del Mundo, que del 12 al 14 de febrero se celebró en seis sedes de Estados Unidos: San Diego y Los Ángeles en el estado de California, así como en las ciudades de Phoenix, Arizona; Dallas, Texas; Chicago, Illinois; y Washington, D. C.

Estoy convencido de lo anterior porque esta persona pudo haber presentado su denuncia en cualquier otro momento, antes o después de la Santa Cena, pero lo hizo un día antes de la festividad, con el claro propósito de perjudicar.

Afortunadamente sus acciones no lograron afectar el desarrollo de la festividad ni alterar las actividades programadas.

Lo que sí logró la demanda es que resurgiera con fuerza el linchamiento mediático contra la persona del apóstol de Jesucristo Naasón Joaquín García, pasando por alto el derecho humano conocido como presunción de inocencia, instituido expresamente en distintas normas internacionales. Como usted bien sabe, este principio jurídico establece que toda persona se presume inocente y debe ser tratada como tal hasta que una sentencia judicial, firme e irrevocable, declare su culpabilidad.

La Iglesia La Luz del Mundo es una institución seria, respetable y respetada, que se ha ganado el respeto y reconocimiento de varios gobiernos del mundo. Me ha tocado trabajar en ella por más de cuarenta años, y a lo largo de este tiempo he sido testigo de que los trabajos técnicos y administrativos que las personas realizan en beneficio de la institución han sido debidamente remunerados. Por ello me atrevo a asegurar que mienten quienes afirman que La Luz del Mundo explota a sus miembros laboralmente.

Hoy, como en sus 93 años de historia en su etapa de restauración, la Iglesia La Luz del Mundo se conduce con respeto a la legalidad, a las instituciones y a los derechos humanos. Esta norma de conducta y su obediencia a las leyes divinas le han permitido salir triunfante, a pesar de ir contra viento y marea.

Twitter: @armayacastro

Señalar a una persona como responsable de haber cometido determinada falta o delito es fácil, lo difícil es probarlo ante las instancias responsables de la procuración, administración e impartición de justicia. No olvidemos que la carga de la prueba corresponde a los acusadores, y que toda acusación debe ser probada más allá de toda duda razonable.

Si lo que se busca es justicia, la supuesta víctima debe presentar su acusación y las pruebas de sus señalamientos ante un tribunal competente del Estado. Esto es lo que se establece en el ámbito del derecho.

Si la pretensión es dañar la imagen de una persona o institución, la ruta a seguir por el demandante será la mediática, recurriendo a los medios de comunicación que, sin ética alguna, se prestan al sensacionalismo y a las campañas de desprestigio contra las personas e instituciones.

Aclaro, antes de seguir adelante: no me estoy refiriendo a los medios de comunicación en general, sino aquellos que no han podido ser ejemplo de ética en el ámbito periodístico, esas empresas mediáticas que han incorporado a su labor informativa a periodistas sin la capacidad de contrastar la información y la fiabilidad de sus fuentes informativas. Sé perfectamente bien que, aparte de los medios de comunicación antes mencionados, existen muchos otros que no son dados a replicar comunicados y notas de prensa, sino que investigan a profundidad sus temas, consultando diversas fuentes para contrastar la información.

La demanda contra algunas autoridades de la Iglesia La Luz del Mundo, presentada en Los Ángeles, California el pasado 13 de febrero por la señora Sochil Martin, es de carácter civil, un hecho que demuestra que el interés de la denunciante es eminentemente económico, pero no el único.

Aprovecho la ocasión para dejar en claro que no se trata de nuevas acusaciones contra el presidente internacional de la Iglesia La Luz del Mundo. Tampoco hay nuevas supuestas víctimas, como algunos medios tendenciosos han dicho faltando a la verdad. Son exactamente los mismos señalamientos, hechos por las mismas personas. Lo único que ha cambiado es la vía, esta vez, pensando tener un beneficio económico, han optado por la vía civil, demostrando con ello su interés.

Tenemos que admitir que la demanda tenía también otro interés: el de afectar la Santa Cena, la festividad más importante y solemne de la Iglesia La Luz del Mundo, que del 12 al 14 de febrero se celebró en seis sedes de Estados Unidos: San Diego y Los Ángeles en el estado de California, así como en las ciudades de Phoenix, Arizona; Dallas, Texas; Chicago, Illinois; y Washington, D. C.

Estoy convencido de lo anterior porque esta persona pudo haber presentado su denuncia en cualquier otro momento, antes o después de la Santa Cena, pero lo hizo un día antes de la festividad, con el claro propósito de perjudicar.

Afortunadamente sus acciones no lograron afectar el desarrollo de la festividad ni alterar las actividades programadas.

Lo que sí logró la demanda es que resurgiera con fuerza el linchamiento mediático contra la persona del apóstol de Jesucristo Naasón Joaquín García, pasando por alto el derecho humano conocido como presunción de inocencia, instituido expresamente en distintas normas internacionales. Como usted bien sabe, este principio jurídico establece que toda persona se presume inocente y debe ser tratada como tal hasta que una sentencia judicial, firme e irrevocable, declare su culpabilidad.

La Iglesia La Luz del Mundo es una institución seria, respetable y respetada, que se ha ganado el respeto y reconocimiento de varios gobiernos del mundo. Me ha tocado trabajar en ella por más de cuarenta años, y a lo largo de este tiempo he sido testigo de que los trabajos técnicos y administrativos que las personas realizan en beneficio de la institución han sido debidamente remunerados. Por ello me atrevo a asegurar que mienten quienes afirman que La Luz del Mundo explota a sus miembros laboralmente.

Hoy, como en sus 93 años de historia en su etapa de restauración, la Iglesia La Luz del Mundo se conduce con respeto a la legalidad, a las instituciones y a los derechos humanos. Esta norma de conducta y su obediencia a las leyes divinas le han permitido salir triunfante, a pesar de ir contra viento y marea.

Twitter: @armayacastro

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