/ jueves 9 de septiembre de 2021

Liberalismo y conservadurismo

El Liberalismo surgió en Europa en el siglo XVIII durante el período de la ilustración en Francia, Alemania e Inglaterra y que fuera la fuente de inspiración de un fenómeno de transformación cultural, social, política, económica y jurídica cuya influencia permanece hasta nuestros días.

Ese siglo XVIII, el Siglo de las Luces, nos dejó una herencia de pensamiento extraordinaria; D`Alembert, Diderot, Montesquieu, Rousseau, Voltaire, sembraron las semillas para que se produjeran la independencia de Estados Unidos, La Revolución Francesa, el capitalismo, el nacimiento del socialismo y revisaron a fondo las teorías y principios de la sociología y la filosofía del siglo XVII, específicamente el racionalismo de Descartes, Liebnitz y Pascal, el Empirismo de Francis Bacon, David Hume y John Locke el forjador del sistema tripartita del poder y el idealismo de Berkeley y Emanuel Kant.

Frente al liberalismo, en la psicología social se encuentra su némesis que es el Conservadurismo. Su ideología se enfoca hacia el mantenimiento y la permanencia de las instituciones dentro de su propio contexto sociocultural, busca defender las tradiciones y en lo que muchos consideran una especie de ala radical del conservadurismo, hay una corriente de pensamiento empeñada en la recuperación de los valores tradicionales, la verdad, la bondad, la integridad, el respeto.

El mundo griego daba una particular importancia a la virtud como un camino para conocer el bien como lo decía Sócrates. Si leemos a Aristóteles en su Ética a Nicómaco o la teología Sistemática de la Orden de los Predicadores encabezada por el Doctor de la Iglesia Católica Santo Tomás de Aquino, encontraremos también que la virtud es un camino de perfección de las potencias del ser humano en la búsqueda del bien como valor supremo.

Las disquisiciones sobre el conservadurismo y el liberalismo pueden ser alusivas a los ámbitos territoriales del conocimiento de los conceptos; la sociología, la política, la economía, sin embargo, existen rasgos primigenios que permiten dilucidar una controversia respecto a la posición que se debe observar para ser objeto de un encasillamiento personal sobre ser conservador o liberal.

Conservar las Instituciones debe ser propósito fundamental que nos garantice la convivencia armónica, con un sistema de libertades condicionadas por el respeto a la ley; La armonía entre lo conservador y lo liberal puede darse; no es preciso alimentar una brecha que separe los conceptos que no tienen porqué ser opuestos sino complementarios.

Antes de meternos en discusiones bizantinas que solo alimentan la división social entre conservadores y liberales, mejor sería analizar los puntos de convergencia, los factores de coincidencia para tener un campo más favorable a la unión.

La división, la rivalidad, la polarización, el rencor a nada bueno conducen.

* Doctor en Derecho

El Liberalismo surgió en Europa en el siglo XVIII durante el período de la ilustración en Francia, Alemania e Inglaterra y que fuera la fuente de inspiración de un fenómeno de transformación cultural, social, política, económica y jurídica cuya influencia permanece hasta nuestros días.

Ese siglo XVIII, el Siglo de las Luces, nos dejó una herencia de pensamiento extraordinaria; D`Alembert, Diderot, Montesquieu, Rousseau, Voltaire, sembraron las semillas para que se produjeran la independencia de Estados Unidos, La Revolución Francesa, el capitalismo, el nacimiento del socialismo y revisaron a fondo las teorías y principios de la sociología y la filosofía del siglo XVII, específicamente el racionalismo de Descartes, Liebnitz y Pascal, el Empirismo de Francis Bacon, David Hume y John Locke el forjador del sistema tripartita del poder y el idealismo de Berkeley y Emanuel Kant.

Frente al liberalismo, en la psicología social se encuentra su némesis que es el Conservadurismo. Su ideología se enfoca hacia el mantenimiento y la permanencia de las instituciones dentro de su propio contexto sociocultural, busca defender las tradiciones y en lo que muchos consideran una especie de ala radical del conservadurismo, hay una corriente de pensamiento empeñada en la recuperación de los valores tradicionales, la verdad, la bondad, la integridad, el respeto.

El mundo griego daba una particular importancia a la virtud como un camino para conocer el bien como lo decía Sócrates. Si leemos a Aristóteles en su Ética a Nicómaco o la teología Sistemática de la Orden de los Predicadores encabezada por el Doctor de la Iglesia Católica Santo Tomás de Aquino, encontraremos también que la virtud es un camino de perfección de las potencias del ser humano en la búsqueda del bien como valor supremo.

Las disquisiciones sobre el conservadurismo y el liberalismo pueden ser alusivas a los ámbitos territoriales del conocimiento de los conceptos; la sociología, la política, la economía, sin embargo, existen rasgos primigenios que permiten dilucidar una controversia respecto a la posición que se debe observar para ser objeto de un encasillamiento personal sobre ser conservador o liberal.

Conservar las Instituciones debe ser propósito fundamental que nos garantice la convivencia armónica, con un sistema de libertades condicionadas por el respeto a la ley; La armonía entre lo conservador y lo liberal puede darse; no es preciso alimentar una brecha que separe los conceptos que no tienen porqué ser opuestos sino complementarios.

Antes de meternos en discusiones bizantinas que solo alimentan la división social entre conservadores y liberales, mejor sería analizar los puntos de convergencia, los factores de coincidencia para tener un campo más favorable a la unión.

La división, la rivalidad, la polarización, el rencor a nada bueno conducen.

* Doctor en Derecho

ÚLTIMASCOLUMNAS