Luis Sánchez

  / domingo 12 de mayo de 2019

Las contradicciones de hablar demasiado

"¿Y qué sucede si el lenguaje cultivado está hecho de elementos venenosos o se ha hecho portador de venenos? Las palabras pueden ser como pequeñas dosis de arsénico: se tragan inadvertidas, parecen no tener ningún efecto, y luego de un tiempo, la reacción tóxica comienza"._


Victor Klemperer



De los políticos se espera mucho: temple, sabiduría, reflexión y decisiones. ¿Cómo sabe un ciudadano si esto se está cumpliendo o no? Una de las pocas maneras que tienen los gobernados de saberlo es mediante la comunicación. Por eso, la comunicación es una parte tan importante de la actividad política. Comunicar es fundamental para que el resto de la sociedad pueda tomar acciones, planear, organizarse.

AMLO siempre ha comunicado mucho. Suele concentrar toda la atención mediática y esto no es raro, casi siempre los presidentes son un gran imán mediático y sus silencios, como hemos visto en el pasado, pueden comunicar más y de peor manera que sus conferencias de prensa. Sin embargo, cuando la propia comunicación toma una importancia mayor que las acciones o programas de gobierno, aparte de caer en un uso propagandístico se aumenta mucho el potencial de error y contradicción.

El mexicano promedio, a menos de que se dedique a leer las columnas que a veces describen la dinámica interna del gobierno de Obrador, solo tiene las famosas conferencias mañaneras para enterarse de qué se plantea de parte del presidente y gobierno federal. Muchas veces, por como funciona el ciclo de noticias, el ciudadano promedio se ha enterado de grandes cambios propuestos por este gobierno: que hubo o no corrupción en el NAIM, que si no hay dinero para la Guardia Nacional, que si habrá fracking o regresará el cobro de la tenencia.

En todas esas ocasiones, el presidente ha salido a contradecir directamente o corregirle la plana a sus secretarios. ¿Qué puede esperar la gente entonces de este gobierno? Muy poco, porque hay que esperar a que el presidente declare algo para saber cuál de todas las versiones es la oficial. Este juego perverso devalúa toda la información: ya no vale la pena enterarse de nada porque la información puede cambiar rápidamente. Ya no vale la pena estar enterado y formar una opinión porque pronto, después de la conferencia mañanera en turno, todo dará una vuelta de 180 grados.

La comunicación política debe de dar confianza para que la sociedad esté al pendiente de lo que sucede. Esta confianza se construye mediante un acuerdo entre gobernante y sociedad, que más o menos va así: “cuando yo diga algo, será verdad la mayoría de las veces” del lado del gobernante y del lado del ciudadano “te tomaré en serio cuando tú digas algo”. En este gobierno, por las frecuentes contradicciones entre secretarios y presidente, no podemos creer que algo será verdadero la mayoría de las veces, sino que nos vemos inclinados a no tomar en serio lo que desde el podio oficial se nos dice. Cuando la realidad se transforma en capricho, perdemos todos. Ojalá que por el bien de México, la comunicación política busque primero trabajar en equipo dentro del gobierno y luego salir a comunicar esas decisiones, en vez de regirse por el gobierno de la ocurrencia y la declaración ingeniosa ante la prensa.

"¿Y qué sucede si el lenguaje cultivado está hecho de elementos venenosos o se ha hecho portador de venenos? Las palabras pueden ser como pequeñas dosis de arsénico: se tragan inadvertidas, parecen no tener ningún efecto, y luego de un tiempo, la reacción tóxica comienza"._


Victor Klemperer



De los políticos se espera mucho: temple, sabiduría, reflexión y decisiones. ¿Cómo sabe un ciudadano si esto se está cumpliendo o no? Una de las pocas maneras que tienen los gobernados de saberlo es mediante la comunicación. Por eso, la comunicación es una parte tan importante de la actividad política. Comunicar es fundamental para que el resto de la sociedad pueda tomar acciones, planear, organizarse.

AMLO siempre ha comunicado mucho. Suele concentrar toda la atención mediática y esto no es raro, casi siempre los presidentes son un gran imán mediático y sus silencios, como hemos visto en el pasado, pueden comunicar más y de peor manera que sus conferencias de prensa. Sin embargo, cuando la propia comunicación toma una importancia mayor que las acciones o programas de gobierno, aparte de caer en un uso propagandístico se aumenta mucho el potencial de error y contradicción.

El mexicano promedio, a menos de que se dedique a leer las columnas que a veces describen la dinámica interna del gobierno de Obrador, solo tiene las famosas conferencias mañaneras para enterarse de qué se plantea de parte del presidente y gobierno federal. Muchas veces, por como funciona el ciclo de noticias, el ciudadano promedio se ha enterado de grandes cambios propuestos por este gobierno: que hubo o no corrupción en el NAIM, que si no hay dinero para la Guardia Nacional, que si habrá fracking o regresará el cobro de la tenencia.

En todas esas ocasiones, el presidente ha salido a contradecir directamente o corregirle la plana a sus secretarios. ¿Qué puede esperar la gente entonces de este gobierno? Muy poco, porque hay que esperar a que el presidente declare algo para saber cuál de todas las versiones es la oficial. Este juego perverso devalúa toda la información: ya no vale la pena enterarse de nada porque la información puede cambiar rápidamente. Ya no vale la pena estar enterado y formar una opinión porque pronto, después de la conferencia mañanera en turno, todo dará una vuelta de 180 grados.

La comunicación política debe de dar confianza para que la sociedad esté al pendiente de lo que sucede. Esta confianza se construye mediante un acuerdo entre gobernante y sociedad, que más o menos va así: “cuando yo diga algo, será verdad la mayoría de las veces” del lado del gobernante y del lado del ciudadano “te tomaré en serio cuando tú digas algo”. En este gobierno, por las frecuentes contradicciones entre secretarios y presidente, no podemos creer que algo será verdadero la mayoría de las veces, sino que nos vemos inclinados a no tomar en serio lo que desde el podio oficial se nos dice. Cuando la realidad se transforma en capricho, perdemos todos. Ojalá que por el bien de México, la comunicación política busque primero trabajar en equipo dentro del gobierno y luego salir a comunicar esas decisiones, en vez de regirse por el gobierno de la ocurrencia y la declaración ingeniosa ante la prensa.

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