Editorial Editorial

  / domingo 1 de septiembre de 2019

La Villa: ¿Pablo vs Enrique?

ÓSCAR ÁBREGO

Cuando se pensaba que ya habíamos visto demasiado con el mega negocio del programa denominado “A toda máquina”, desde el drenaje profundo del poder, explotó un nuevo escándalo que devela, sin duda alguna, que hay quienes en el gobierno se empeñan en vincular la función pública con jugosos contratos. Y es que el caso de la compraventa de las Villas Panamericanas, confirma que en el epicentro de muchos proyectos impulsados por la actual administración, únicamente se aloja el interés económico.

Se trata de una transacción que se bordó en las tinieblas. Al igual que otros asuntos que debieron abrirse a la consulta de especialistas, este tema también se quiso ocultar para evitar fuertes cuestionamientos, cosa que para su mala suerte, no ocurrió. Hoy, gracias a otra investigación periodística, un buen porcentaje de la población se enteró de que la llamada Refundación se encuentra nuevamente bajo sospecha.

Pero bien, como en realidad ya hay muy poco que agregar sobre el estatus de dicho enredo, es pertinente explorar las consecuencias al interior del movimiento anaranjado tras la estridente reacción del alcalde de Zapopan, Pablo Lemus, quien en la ecuación del alfarismo, es una de las variables más importantes.

Antes que todo, hay que recordar que cuando Lemus Navarro fue presidente de la Coparmex Jalisco, no sólo avaló la construcción (ilegal a todas luces) de las Villas Panamericanas, sino que además fue elemento clave para ello, pues fungió como vicepresidente de la Comisión de Infraestructura del citado conglomerado. De acuerdo con la evidencia que existe, Pablo apoyó la idea de que al concluir los Juegos Panamericanos, los espacios se ampliarían para crear 700 viviendas que serían puestas a la venta, a fin de que el inversionista -y quién sabe si alguien más- hiciera negocio en la zona conocida como El Bajío.

Al paso del tiempo, sucedieron dos cosas: una, que el plan se trabó por la resistencia de ambientalistas y los juicios emprendidos por diversas organizaciones ciudadanas; y dos, que Pablo Lemus es ahora presidente municipal de Zapopan y aspira a ser un actor protagónico de cara a las elecciones del 2021.

Como ya se sabe, Pablo externó su oposición para que el Instituto de Pensiones del Gobierno del Estado concrete la venta del inmueble si primero no se establecen ciertas condiciones, entre las que destacan medidas de mitigación y que se publique un decreto de protección del área. Incluso, fue más allá, y afirmó que ni él ni nadie de la administración que encabeza, sabía que una transacción de tal naturaleza estaba en marcha, por lo cual aseguró que el ayuntamiento no otorgará ninguna licencia para beneficio de lo que sería un desarrollo inmobiliario masivo.

De lo anterior, hay quien pone en duda la posición de Lemus; no son pocos los que advierten que presenciamos un juego perverso y apócrifo entre el gobernador y él, con el único objetivo de levantar una cortina de humo que facilite el avance y conclusión del negociazo.

En lo personal, admito que me cuesta creer que a estas alturas de su aspiración electoral, Pablo asuma un riesgo así, porque la verdad como la mentira siempre sale a flote, y sólo es cuestión de tiempo para que conozcamos quiénes integran dicha cadena de complicidades.

En distintas ocasiones he sostenido que a Lemus Navarro le incomoda en extremo el estilo de su patrón. Considera que también le está haciendo daño a la imagen de los munícipes metropolitanos. Esta molestia se la ha confiado a sus más cercanos colaboradores desde el comienzo del sexenio.

Por eso, si es auténtica su postura con respecto a las Villas Panamericanas, entonces es muy probable que en los próximos días veamos un rompimiento, casi definitivo, entre Pablo y Enrique.


ÓSCAR ÁBREGO

Cuando se pensaba que ya habíamos visto demasiado con el mega negocio del programa denominado “A toda máquina”, desde el drenaje profundo del poder, explotó un nuevo escándalo que devela, sin duda alguna, que hay quienes en el gobierno se empeñan en vincular la función pública con jugosos contratos. Y es que el caso de la compraventa de las Villas Panamericanas, confirma que en el epicentro de muchos proyectos impulsados por la actual administración, únicamente se aloja el interés económico.

Se trata de una transacción que se bordó en las tinieblas. Al igual que otros asuntos que debieron abrirse a la consulta de especialistas, este tema también se quiso ocultar para evitar fuertes cuestionamientos, cosa que para su mala suerte, no ocurrió. Hoy, gracias a otra investigación periodística, un buen porcentaje de la población se enteró de que la llamada Refundación se encuentra nuevamente bajo sospecha.

Pero bien, como en realidad ya hay muy poco que agregar sobre el estatus de dicho enredo, es pertinente explorar las consecuencias al interior del movimiento anaranjado tras la estridente reacción del alcalde de Zapopan, Pablo Lemus, quien en la ecuación del alfarismo, es una de las variables más importantes.

Antes que todo, hay que recordar que cuando Lemus Navarro fue presidente de la Coparmex Jalisco, no sólo avaló la construcción (ilegal a todas luces) de las Villas Panamericanas, sino que además fue elemento clave para ello, pues fungió como vicepresidente de la Comisión de Infraestructura del citado conglomerado. De acuerdo con la evidencia que existe, Pablo apoyó la idea de que al concluir los Juegos Panamericanos, los espacios se ampliarían para crear 700 viviendas que serían puestas a la venta, a fin de que el inversionista -y quién sabe si alguien más- hiciera negocio en la zona conocida como El Bajío.

Al paso del tiempo, sucedieron dos cosas: una, que el plan se trabó por la resistencia de ambientalistas y los juicios emprendidos por diversas organizaciones ciudadanas; y dos, que Pablo Lemus es ahora presidente municipal de Zapopan y aspira a ser un actor protagónico de cara a las elecciones del 2021.

Como ya se sabe, Pablo externó su oposición para que el Instituto de Pensiones del Gobierno del Estado concrete la venta del inmueble si primero no se establecen ciertas condiciones, entre las que destacan medidas de mitigación y que se publique un decreto de protección del área. Incluso, fue más allá, y afirmó que ni él ni nadie de la administración que encabeza, sabía que una transacción de tal naturaleza estaba en marcha, por lo cual aseguró que el ayuntamiento no otorgará ninguna licencia para beneficio de lo que sería un desarrollo inmobiliario masivo.

De lo anterior, hay quien pone en duda la posición de Lemus; no son pocos los que advierten que presenciamos un juego perverso y apócrifo entre el gobernador y él, con el único objetivo de levantar una cortina de humo que facilite el avance y conclusión del negociazo.

En lo personal, admito que me cuesta creer que a estas alturas de su aspiración electoral, Pablo asuma un riesgo así, porque la verdad como la mentira siempre sale a flote, y sólo es cuestión de tiempo para que conozcamos quiénes integran dicha cadena de complicidades.

En distintas ocasiones he sostenido que a Lemus Navarro le incomoda en extremo el estilo de su patrón. Considera que también le está haciendo daño a la imagen de los munícipes metropolitanos. Esta molestia se la ha confiado a sus más cercanos colaboradores desde el comienzo del sexenio.

Por eso, si es auténtica su postura con respecto a las Villas Panamericanas, entonces es muy probable que en los próximos días veamos un rompimiento, casi definitivo, entre Pablo y Enrique.


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