Francisco García Pimentel

  / miércoles 6 de junio de 2018

La peor parte de las campañas no son las campañas

Hoy me escribió una madre y ciudadana preocupada. Está preocupada porque ya no sabe quién va en primero, segundo y tercero; y no está segura sobre por quién votar.

¡Cómo nos gusta atacar a los políticos, sus promesas y a sus mentiras! Nos quejamos de las campañas y de su incesante chirrido.

Pero lo prometo: la peor parte de las campañas no son las campañas.

Nos quejamos de los spots, de los jingles, de los debates, de los mítines y de los ataques. Los mercados responden, suben y bajan; el dólar se hace débil y fuerte según el día de la semana en medio de las campañas.

Pero lo aseguro: la peor parte de las campañas no son las campañas.

En este año 2018 me atrevo a afirmar que la peor parte de las campañas han sido los medios; y más concretamente la vulgarización de las encuestas.

Las encuestas. Medios grandes y chicos; periodistas de todos tipos y afiliaciones se han servido con la cuchara grande haciendo y publicando encuestas a diestra y siniestra. Encuestas mal hechas, mal planteadas, que pretenden corregir con la letra chiquita el mal que hacen con la letra grande.

Las han usado para mentir y para empujar su agenda… pero sobre todo las han usado para vender periódicos, propiciar tráfico, inflar su rating y hacerse de una relevancia sintética y falsa.

Las encuestas son la zanahoria; nosotros los burros. Y así nos traen, de un lado para otro.

Hace seis o doce años, los propios partidos tenían “sus propias encuestas” que siempre los favorecían. Eso es bajo, pero entendible viniendo de quien venía. Ahora son los propios medios de comunicación quienes han echado el sentido de la ética periodística por la ventana con el fin de poner en primera plana “la última encuesta”.

En un día cualquiera (si sales un poco de tu propia burbuja digital) verás encuestas que dan por ganador a Anaya, a Meade y a López Obrador. A veces Anaya va de segundo; a veces Meade; a veces Andrés Manuel va tercero. No reportan claramente las encuestas negadas, ni los indecisos; ni explican parámetros o muestras. Si lo hacen, lo hacen en letras microscópicas ¿qué importa? Lo que importa es que los convencidos las divulguen como palabra santa en favor de sus propios candidatos.

Nunca he sido fanático de las encuestas, pero 2018 marca un nuevo punto bajo en donde se han vuelto inservibles por completo. En un país confuso, indeciso o que busca dar un voto de castigo a favor de quien esté en segundo… los medios de comunicación han de verse al espejo, porque el daño que están causando al país es mayúsculo.

Aquellas pocas encuestas que parecen realizarse con un mínimo de honestidad se ven opacadas por las miles que inundan los medios y las redes.

Conozco a muchos –muchísimos- que le quieren ganar al sistema y votar según cómo vayan las encuestas, pero esto, a estas alturas, es un tiro de ruleta rusa. Estaremos recibiendo encuestas hasta el último día antes de las elecciones (y el día de las elecciones mismas).

Pero escucha: un hombre con un reloj sabe qué hora es. Un hombre con dos relojes, nunca está seguro.

La única jugada segura en estas alturas es votar por quien quieras votar; por quien crees que debe ser el presidente de México. Con un 25% a 35% de indecisos (depende qué encuesta veas…) la balanza está lejos de estar clara.

Las encuestas no nos están ayudando; los medios están abusando de su poder, generando rating y promoviendo confusión. En el momento histórico en que estamos, es una lástima que hayan perdido la oportunidad de destacarse como grandes, para venderse como merolicos.

Hoy me escribió una madre y ciudadana preocupada. Está preocupada porque ya no sabe quién va en primero, segundo y tercero; y no está segura sobre por quién votar.

Primero: si eres periodista, activista o simple ciudadano en redes, párale a la encuestitis. Haces más daño que bien.

Segundo: vota por quien creas que es el mejor. Por aquél a quien contratarías en tu empresa, o pondrías al cuidado de tus hijos. Vota por quien tu conciencia dicte. ¿Las encuestas? Seguirán llegando. ¿Lo más importante? Votar.

Sí: votar.

@franciscogpr

Hoy me escribió una madre y ciudadana preocupada. Está preocupada porque ya no sabe quién va en primero, segundo y tercero; y no está segura sobre por quién votar.

¡Cómo nos gusta atacar a los políticos, sus promesas y a sus mentiras! Nos quejamos de las campañas y de su incesante chirrido.

Pero lo prometo: la peor parte de las campañas no son las campañas.

Nos quejamos de los spots, de los jingles, de los debates, de los mítines y de los ataques. Los mercados responden, suben y bajan; el dólar se hace débil y fuerte según el día de la semana en medio de las campañas.

Pero lo aseguro: la peor parte de las campañas no son las campañas.

En este año 2018 me atrevo a afirmar que la peor parte de las campañas han sido los medios; y más concretamente la vulgarización de las encuestas.

Las encuestas. Medios grandes y chicos; periodistas de todos tipos y afiliaciones se han servido con la cuchara grande haciendo y publicando encuestas a diestra y siniestra. Encuestas mal hechas, mal planteadas, que pretenden corregir con la letra chiquita el mal que hacen con la letra grande.

Las han usado para mentir y para empujar su agenda… pero sobre todo las han usado para vender periódicos, propiciar tráfico, inflar su rating y hacerse de una relevancia sintética y falsa.

Las encuestas son la zanahoria; nosotros los burros. Y así nos traen, de un lado para otro.

Hace seis o doce años, los propios partidos tenían “sus propias encuestas” que siempre los favorecían. Eso es bajo, pero entendible viniendo de quien venía. Ahora son los propios medios de comunicación quienes han echado el sentido de la ética periodística por la ventana con el fin de poner en primera plana “la última encuesta”.

En un día cualquiera (si sales un poco de tu propia burbuja digital) verás encuestas que dan por ganador a Anaya, a Meade y a López Obrador. A veces Anaya va de segundo; a veces Meade; a veces Andrés Manuel va tercero. No reportan claramente las encuestas negadas, ni los indecisos; ni explican parámetros o muestras. Si lo hacen, lo hacen en letras microscópicas ¿qué importa? Lo que importa es que los convencidos las divulguen como palabra santa en favor de sus propios candidatos.

Nunca he sido fanático de las encuestas, pero 2018 marca un nuevo punto bajo en donde se han vuelto inservibles por completo. En un país confuso, indeciso o que busca dar un voto de castigo a favor de quien esté en segundo… los medios de comunicación han de verse al espejo, porque el daño que están causando al país es mayúsculo.

Aquellas pocas encuestas que parecen realizarse con un mínimo de honestidad se ven opacadas por las miles que inundan los medios y las redes.

Conozco a muchos –muchísimos- que le quieren ganar al sistema y votar según cómo vayan las encuestas, pero esto, a estas alturas, es un tiro de ruleta rusa. Estaremos recibiendo encuestas hasta el último día antes de las elecciones (y el día de las elecciones mismas).

Pero escucha: un hombre con un reloj sabe qué hora es. Un hombre con dos relojes, nunca está seguro.

La única jugada segura en estas alturas es votar por quien quieras votar; por quien crees que debe ser el presidente de México. Con un 25% a 35% de indecisos (depende qué encuesta veas…) la balanza está lejos de estar clara.

Las encuestas no nos están ayudando; los medios están abusando de su poder, generando rating y promoviendo confusión. En el momento histórico en que estamos, es una lástima que hayan perdido la oportunidad de destacarse como grandes, para venderse como merolicos.

Hoy me escribió una madre y ciudadana preocupada. Está preocupada porque ya no sabe quién va en primero, segundo y tercero; y no está segura sobre por quién votar.

Primero: si eres periodista, activista o simple ciudadano en redes, párale a la encuestitis. Haces más daño que bien.

Segundo: vota por quien creas que es el mejor. Por aquél a quien contratarías en tu empresa, o pondrías al cuidado de tus hijos. Vota por quien tu conciencia dicte. ¿Las encuestas? Seguirán llegando. ¿Lo más importante? Votar.

Sí: votar.

@franciscogpr

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