/ lunes 15 de febrero de 2021

La otra ciudad posible

Valeria Ávila

El domingo 14 de febrero Guadalajara cumplió 479 años de haberse fundado. Es por eso tal vez, que sea un buen momento para hacer un recorrido histórico que nos permita arrojar luz y entender mejor el presente.

La especie de diáspora que experimentó la ciudad antes de su cuarta, actual y definitiva sede en el Valle de Atemajac, puede explicarse debido a las dificultades propias del terreno como la escasez tanto de agua como de alimento o el clima poco favorable y también a la resistencia de los indígenas que en ese entonces habitaban la zona.

Es importante tomar en cuenta que Guadalajara fue originalmente un asentamiento pensado para la población llegada de Europa, por lo que ya existían algunas poblaciones indígenas anteriores a la fundación en Atemajac y algunas otras más se asentaron casi a la par. Este núcleo español circundaba con lo que se conoció como pueblos indios, sin embargo, existía una barrera física que los separaba: el río San Juan de Dios. Estos pueblos al correr de los años pasaron a convertirse en barrios que fueron incorporándose a Guadalajara ciudad y con ello, también dando forma a la traza urbana.

Si bien con el paso de los años, ocurrió un proceso de sincretismo y nuestra ciudad se volvió pluriétnica, las reminiscencias de una fundación y estructuración de la vida social marcada por el racismo siguen haciéndose presentes en expresiones actuales como la bien conocida “de La Calzada para allá y para acá” pero también en la inversión pública y privada, en la infraestructura y valoración del sitio.

La importancia de construir una ciudad habitable para todas y todos, radica en la experiencia, en la cotidianidad, en la vivencia del espacio público. Mucha de la vida diaria se articula precisa en relación al espacio público, en cómo se socializa y dónde, en quiénes están allí, por qué y qué hacen. Las políticas públicas urbanas que adoptemos serán en gran medida las que nos permitan regular el uso del suelo, regular el aprovechamiento de recursos, mantener la infraestructura existente, construir y expandir redes de servicios sociales como escuelas, hospitales y centros de recreación.

Los aniversarios son sin duda una oportunidad de celebrar pero también de reflexionar. Por eso hemos de pensar en la ciudad que queremos: más justa, de reivindicación, con mayores oportunidades, de recuperación de espacios, de prácticas más responsables, más plural. Y no solo es posible construirla sino que es necesario, porque la ciudad además de ser una forma de reflexionar lo público es donde se juega la calidad y forma en la que se teje nuestra existencia pública.


* Vicepresidenta de Hagamos

Valeria Ávila

El domingo 14 de febrero Guadalajara cumplió 479 años de haberse fundado. Es por eso tal vez, que sea un buen momento para hacer un recorrido histórico que nos permita arrojar luz y entender mejor el presente.

La especie de diáspora que experimentó la ciudad antes de su cuarta, actual y definitiva sede en el Valle de Atemajac, puede explicarse debido a las dificultades propias del terreno como la escasez tanto de agua como de alimento o el clima poco favorable y también a la resistencia de los indígenas que en ese entonces habitaban la zona.

Es importante tomar en cuenta que Guadalajara fue originalmente un asentamiento pensado para la población llegada de Europa, por lo que ya existían algunas poblaciones indígenas anteriores a la fundación en Atemajac y algunas otras más se asentaron casi a la par. Este núcleo español circundaba con lo que se conoció como pueblos indios, sin embargo, existía una barrera física que los separaba: el río San Juan de Dios. Estos pueblos al correr de los años pasaron a convertirse en barrios que fueron incorporándose a Guadalajara ciudad y con ello, también dando forma a la traza urbana.

Si bien con el paso de los años, ocurrió un proceso de sincretismo y nuestra ciudad se volvió pluriétnica, las reminiscencias de una fundación y estructuración de la vida social marcada por el racismo siguen haciéndose presentes en expresiones actuales como la bien conocida “de La Calzada para allá y para acá” pero también en la inversión pública y privada, en la infraestructura y valoración del sitio.

La importancia de construir una ciudad habitable para todas y todos, radica en la experiencia, en la cotidianidad, en la vivencia del espacio público. Mucha de la vida diaria se articula precisa en relación al espacio público, en cómo se socializa y dónde, en quiénes están allí, por qué y qué hacen. Las políticas públicas urbanas que adoptemos serán en gran medida las que nos permitan regular el uso del suelo, regular el aprovechamiento de recursos, mantener la infraestructura existente, construir y expandir redes de servicios sociales como escuelas, hospitales y centros de recreación.

Los aniversarios son sin duda una oportunidad de celebrar pero también de reflexionar. Por eso hemos de pensar en la ciudad que queremos: más justa, de reivindicación, con mayores oportunidades, de recuperación de espacios, de prácticas más responsables, más plural. Y no solo es posible construirla sino que es necesario, porque la ciudad además de ser una forma de reflexionar lo público es donde se juega la calidad y forma en la que se teje nuestra existencia pública.


* Vicepresidenta de Hagamos