Luis Sánchez

  / sábado 13 de abril de 2019

La oportunidad del periodismo


La primera víctima cuando llega la guerra es la verdad

Hiram Johnson


Esta semana, el Presidente tuvo la primera conferencia mañanera en donde abiertamente un periodista retó su narrativa. El periodista y el presidente compartieron, muy literalmente, escenario debatiendo acerca de las cifras de la violencia de los últimos meses en México, que con la tendencia existente se perfilan para que tengamos el año más violento de la historia moderna de México.

En el país, vivimos un doble conflicto: el armado, que cobra las vidas de mexicanos todos los días; y el otro, que es la narrativa dominante de que el Gobierno está haciendo las cosas bien. El otro conflicto o problema que tenemos entre manos es cómo pasamos de la confrontación, expresada en el encontronazo entre Jorge Ramos y López Obrador, en un diálogo de paz.

Reconocer los conflictos es uno de los pasos fundamentales para la pedagogía de paz. Es reconocer que hay un problema y quiénes son parte de él. En este momento, estamos en una etapa en donde el periodismo todavía va cuesta arriba para que el poder reconozca que, independiente de los partidos políticos que han gobernado, llevamos décadas con un problema de seguridad.

El poder rehuye al reconocimiento de su responsabilidad, la narrativa obradorista pide paciencia, no comprensión. Busca que como sociedad aceptemos una versión del conflicto. Se carece de algo fundamental, que es hacer un llamado amplio a la sociedad a aceptar y transformar el conflicto. La paz, como la democracia, requiere la participación activa de muchos mexicanos y eso nos incluye a usted lector y a mí.

La transformación de paz de lo que hablo implica reconocer todas las aristas del conflicto. AMLO con sus conferencias está consciente de una dimensión: la mediática. Aparte, está consciente de otra: la militar, por eso ha nombrado una defectuosa Guardia Nacional militar, por más que insista en su carácter civil. Sin embargo, poco ha hablado de cómo un mexicano que va a trabajar todos los días puede contribuir a este proceso. Mucho menos, un mexicano que no está de acuerdo al 100% con sus decisiones de gobierno.

Mucho ha mencionado el presidente en discursos con tono de reconciliación, incluso peligrosamente llamando a “no delinquir” a cambio de programas sociales. La paz no es eso. La paz son herramientas didácticas que posibiliten la defensa de un proyecto de humanidad que se haga consecuente con el principio del amor al mundo, de respeto, respuesta y cuidado a la vida de los demás. De eso hablaba Paulo Freire. Hay que rescatarlo para nuestro país.


* Secretario General PAN Guadalajara


La primera víctima cuando llega la guerra es la verdad

Hiram Johnson


Esta semana, el Presidente tuvo la primera conferencia mañanera en donde abiertamente un periodista retó su narrativa. El periodista y el presidente compartieron, muy literalmente, escenario debatiendo acerca de las cifras de la violencia de los últimos meses en México, que con la tendencia existente se perfilan para que tengamos el año más violento de la historia moderna de México.

En el país, vivimos un doble conflicto: el armado, que cobra las vidas de mexicanos todos los días; y el otro, que es la narrativa dominante de que el Gobierno está haciendo las cosas bien. El otro conflicto o problema que tenemos entre manos es cómo pasamos de la confrontación, expresada en el encontronazo entre Jorge Ramos y López Obrador, en un diálogo de paz.

Reconocer los conflictos es uno de los pasos fundamentales para la pedagogía de paz. Es reconocer que hay un problema y quiénes son parte de él. En este momento, estamos en una etapa en donde el periodismo todavía va cuesta arriba para que el poder reconozca que, independiente de los partidos políticos que han gobernado, llevamos décadas con un problema de seguridad.

El poder rehuye al reconocimiento de su responsabilidad, la narrativa obradorista pide paciencia, no comprensión. Busca que como sociedad aceptemos una versión del conflicto. Se carece de algo fundamental, que es hacer un llamado amplio a la sociedad a aceptar y transformar el conflicto. La paz, como la democracia, requiere la participación activa de muchos mexicanos y eso nos incluye a usted lector y a mí.

La transformación de paz de lo que hablo implica reconocer todas las aristas del conflicto. AMLO con sus conferencias está consciente de una dimensión: la mediática. Aparte, está consciente de otra: la militar, por eso ha nombrado una defectuosa Guardia Nacional militar, por más que insista en su carácter civil. Sin embargo, poco ha hablado de cómo un mexicano que va a trabajar todos los días puede contribuir a este proceso. Mucho menos, un mexicano que no está de acuerdo al 100% con sus decisiones de gobierno.

Mucho ha mencionado el presidente en discursos con tono de reconciliación, incluso peligrosamente llamando a “no delinquir” a cambio de programas sociales. La paz no es eso. La paz son herramientas didácticas que posibiliten la defensa de un proyecto de humanidad que se haga consecuente con el principio del amor al mundo, de respeto, respuesta y cuidado a la vida de los demás. De eso hablaba Paulo Freire. Hay que rescatarlo para nuestro país.


* Secretario General PAN Guadalajara

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